Etiquetas

, , , , , , ,

En 1960. a raíz del desastre que había sido la organización del recibimiento de un alto dirigente europeo, se orientó a la Dirección de Protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores que elaborara un procedimiento típico para las ceremonias de acogida oficial a invitados extranjeros de primer nivel en el aeropuerto José Martí de La Habana.

Tras múltiples consultas a personas y textos, teníamos esbozado el proyecto inicial cuando se nos instruyó ponerlo en práctica, a modo de ensayo, en ocasión del recibimiento que se brindaría al Presidente Osvaldo Dorticós a su regreso de Nueva York, luego de haber participado en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Con mucho entusiasmo trabajó todo el personal de la Dirección de Protocolo en los preparativos de la ceremonia.

Se dibujaron en la pista rayas de diversos colores que indicaban los lugares que respectivamente debían ocupar el cuerpo diplomático, los miembros del Gobierno, la prensa, la guardia de honor y la banda de música, así como para indicar el recorrido del homenajeado.

Todos eran informados del lugar que debían ocupar según iban llegando y aquello parecía que marcharía sin dificultad, aunque algunos ministros ya habían manifestado sorpresa por lo que consideraban una excesiva rigidez de las medidas organizativas.

Sin embargo, cuando realmente se puso feo el asunto, fue cuando llegó a la pista el Ché.

Ya se sabía que el Comandante Guevara era un consecuente defensor de los procedimientos organizativos protocolares y, por ello, muchos suponían que pudiera haber sido él quien instruyera las medidas que se habían tomado.

Muy por el contrario, apenas llegó, el Ché manifestó su desacuerdo en forma de burla jocosa: – Mira cuando viene a organizarse el protocolo en el aeropuerto. Hace unos días tuvimos un desorden colosal en el recibimiento de un dirigente extranjero y ahora nos quieren encerrar en jaulas para recibir a un compañero nuestro – bromeó.

Naturalmente, desde aquel momento nadie respetó más los trazos en el piso ni las indicaciones de los compañeros de la Dirección de Protocolo.

Hasta los diplomáticos, y mucho más los periodistas extranjeros y cubanos, se adhirieron a una especie de huelga contra la ceremonia. Ya el avión que conducía al Presidente Dorticós había tocado pista y comenzaban a oírse los motores del aparato cuando arribó al lugar el automóvil que conducía al Primer Ministro, Fidel Castro.

Le expliqué el inconveniente que se nos había presentado para poner en práctica las medidas organizativas que debíamos ensayar y el Jefe de la Revolución pareció no dar mucha importancia al asunto.

Se dirigió con sus largos pasos característicos a un niño, de unos 10 años, que estaba en el área reservada al público y le preguntó:

– ¿Eres pionero?

– Sí, Fidel.

– ¿Sabes poner en orden una fila?

– Sí, Fidel.

– Bueno, ve a poner en orden a esos ministros que no se están portando bien.

Lo llevó de la mano hasta el lugar donde estaban los miembros del gobierno y allí ordenó sonriente: – Háganle caso a este niño que los va a ayudar a ser disciplinados.

A partir del primer grito de ¡ateeención! del pequeño, la ceremonia se desarrolló tal como se había previsto.

· Este escrito es el segundo de varios del mismo autor incluidos en el libro del periodista cubano Luis Báez “Así es Fidel”, de la Casa Editora Abril, La Habana, en diciembre de 2008.

Anuncios