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Las ventajas y los peligros de que Cuba se abra a visitantes de Estados Unidos han comenzado a valorarse desde los más diversos ángulos e intereses, tanto en los Estados Unidos y Cuba como en otros contextos.

Al norte del estrecho de la Florida -dejan ver las encuestas-, la ciudadanía favorece el levantamiento de la prohibición de los viajes a Cuba, pese a la campaña difamatoria contra el proceso político cubano que se desarrolla en aquel país desde hace medio siglo.

Fuentes informadas calculan que unos cuarenta mil ciudadanos de los Estados Unidos entran cada año a Cuba a través de México o Canadá para disfrutar de vacaciones, a riesgo de ser sancionados como transgresores de las leyes migratorias de su país, pero con pleno conocimiento de las autoridades migratorias cubanas. La cifra aunque insignificante en el gran total de 2,3 millones de visitantes recibidos en 2008, es reveladora, considerando las severas condenas a que se exponen estos vacacionistas furtivos.

La posición invariable del gobierno cubano al respecto ha sido la de no obstaculizar la visita de estadounidenses a Cuba, como parte de su política de combate al aislamiento.

En recientes declaraciones, el Presidente de la Asociación de turoperadores de los EEUU, Bob Withley, sostuvo que existe una mística con relación a Cuba, precisamente porque mucha gente quiere ver “aquello que nos ha sido negado como un derecho.”

Hace algún tiempo, en pleno mandato de George W. Bush, el Congreso estadounidense -sin la mayoría demócrata que hoy tiene- aprobó resoluciones contra la travel ban (prohibición de los viajes), que no avanzaron por la amenaza del veto presidencial.

En días recientes se supo que un grupo senatorial bipartidista en Washington movía un nuevo proyecto legislativo que levantaría la prohibición de viajar a Cuba que pesa sobre los ciudadanos de los Estados Unidos. Se indicaba que la iniciativa representaría para los empresarios estadounidenses ingresos de entre 1 200 y 1 600 millones de dólares anuales y crearía en aquel país alrededor de 23 mil empleos.

El seis de mayo, el ex presidente James Carter declaró al diario Folha de São Paulo, de Brasil, que las iniciativas adoptadas hasta ahora por Obama para flexibilizar las restricciones dictadas contra la isla han sido menos osadas que lo que sería deseable y no tan buenas como las de las dos Cámaras del Congreso, que hoy está un paso por delante del presidente con respecto a Cuba.

En opinión de Carter, el próximo paso debería ser la remoción inmediata de todas las restricciones de viaje a la isla… El fin del embargo vendrá enseguida”.

Este último razonamiento es claro. Si se calcula que no menos de 3 millones de ciudadanos estadounidenses se beneficiarían cada año del levantamiento de la prohibición de viajar a Cuba, es lógico que el empresariado de ese país exigiría participar en el reparto de los beneficios económicos que generaría ese turismo en vez de cederlo graciosamente a sus homólogos de otros países que ya están integrados en la industria turística cubana.

Contra la medida de reconocer el derecho constitucional de los ciudadanos estadounidenses de viajar al único país que les está vedado por ley, sobresalen en el ámbito legislativo los congresistas de origen cubano conocidos como “los batistianos” (por sus raíces en la tiranía de Batista, derrotada por la revolución), promovidos por cuatro sucesivas administraciones de orientación neoconservadora, desde Ronald Reagan hasta Bush junior, incluida la de Bill Clinton.

También en el Caribe se sigue atentamente la posibilidad de que Estados Unidos levante la prohibición de viajar a Cuba que pesa sobre sus ciudadanos porque el destino Cuba constituye una competencia muy seria en el mercado de turistas estadounidenses.

Pero los empresarios antillanos de la industria de los viajes y el ocio, entre quienes se esperaba que cundiera el pánico, están hablando, más que de los peligros, de los beneficios que aportaría la nueva situación si ésta deviniera incentivo para toda la región.

En Cuba, hay un crecido número de partidarios de que el turismo estadounidense vuelva a ocupar el lugar preponderante que tuvo antes de la revolución, hace 50 años, considerando que es evidente la complementariedad económica en el sector.

La afluencia masiva de turistas del opulento país vecino es vista como una forma que tendrían los ciudadanos de aquella nación de resarcir a los cubanos tantos sufrimientos y privaciones que, a lo largo de 50 años, les han impuesto los gobiernos de Estados Unidos.

Otros, desde posiciones que se definen como menos ingenuas, consideran que el arribo en gran escala de visitantes del país líder del capitalismo mundial serviría a los propósitos intervencionistas que han guiado siempre la política de Estados Unidos respecto a Cuba, enderezados al debilitamiento del apoyo popular al proyecto revolucionario cubano.

El turismo estadounidense puede ser de beneficio para ambas naciones y pueblos si parte de relaciones respetuosas entre iguales.

Mayo de 2009

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