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El hecho de que una agencia de noticias que no responde a los intereses corporativos de la “gran prensa globalizada” haya existido y siga pujante al cabo de sus primeros cincuenta años de vida es tan sobresaliente como la supervivencia de la revolución cubana en un escenario de hegemonía imperialista que, medio siglo antes, hacía inimaginable algo semejante.

No fue Prensa Latina el primer proyecto liberador de los medios en la región, solo que los anteriores (como los intentos en Argentina y Brasil durante los gobiernos de Juan Domingo Perón y Janio Quadros, respectivamente) no resistieron mucho tiempo la fiereza de los grandes corporaciones del primer mundo en la defensa de sus monopolios.

Pero en Cuba había llegado al poder mediante un proceso de lucha armada popular, único camino viable entonces, un proyecto independentista y latinoamericanista propicio para la fecundación de grandes ideas revolucionarias que no solo permitió sino que exigió de una construcción tan ambiciosa como era la de Prensa Latina.

Tras el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista en enero de 1959, contra la revolución cubana, cuya orientación anti-imperialista era evidente, se desató una violenta campaña en los medios de prensa de todo el mundo, sin que Cuba dispusiera de recursos mínimos para hacer conocer al mundo la verdad acerca de todo aquello que estaba siendo tergiversado por los enemigos de su revolución, agrupados y apoyados, antes y después del primero de enero de 1959, por la Casa Blanca.

Con la misma espontaneidad con que Estados Unidos se lanzó al ataque contra el proyecto revolucionario cubano, los pueblos latinoamericanos desataron su solidaridad. Intuían que en Cuba se discutía mucho más que la independencia de uno de las naciones miembros de la comunidad latinoamericana. Percibían que algo nuevo, que tocaba a todos, estaba por ocurrir.

Los pueblos reclamaban noticias, querían conocer de las ideas y proyecciones de los líderes del proceso revolucionario y percibían manipulaciones malsanas en lo que decían los medios de prensa de todo el mundo, abastecidos fundamentalmente por un reducido grupo de agencias de prensa de países altamente industrializados, con orientaciones dictadas desde Washington.

De ese reclamo nació la idea de convocar en La Habana un encuentro de periodistas, que con la participación de más de 400 informadores de distintos países y variadas orientaciones políticas e ideologías, se celebró en el hotel Habana Riviera los días 21 y 22 de enero de 1959. Se le bautizó como “Operación Verdad”.

De esta magna asamblea de comunicadores honestos emanó la recomendación de dotar a las naciones del Río Bravo a la Patagonia de un vehículo noticioso propio capaz de reflejar las realidades de los pueblos y sus luchas, sistemáticamente tergiversadas o silenciadas por las agencias de los países altamente desarrollados.

Con más audacia que recursos materiales suficientes, en junio de 1959, tan solo seis meses después de la toma del poder por la insurrección victoriosa contra la tiranía, la revolución cubana fue capaz de patrocinar la creación de Prensa Latina, cuya dirección fue encomendada a Jorge Ricardo Masetti, un joven periodista argentino que en el mes de abril de 1958 había subido a la Sierra Maestra –donde permaneció tres meses- para entrevistar a Fidel Castro, su coterráneo Ernesto Che Guevara y a otros dirigentes del Ejercito Rebelde a fin de informar al mundo de la lucha que se libraba en Cuba, silenciada por los grandes medios de prensa.

En el mes de septiembre de ese año, en Argentina, Masetti publicó una recopilación de las crónicas sobre su primer contacto con Cuba en el libro “Los que luchan y los que lloran”, que rompió el mutismo en torno a la guerra revolucionaria en la isla, al tiempo que mostró la plena identificación con la gesta independentista cubana de quien sería el fundador de Prensa Latina.

Desde su creación, Prensa Latina ha contado con el apoyo de un buen número de excelentes periodistas solidarios de América Latina que, a su vez, han contribuido a elevar la calificación profesional y técnica de cientos de jóvenes periodistas cubanos.

Como la propia revolución cubana que la creó, la agencia ha tenido que enfrentar un sinnúmero de agresiones: expulsiones de corresponsales; allanamientos policiales; clausura de sus oficinas; presiones groseras contra publicaciones clientes; asesinatos, amenazas y exclusiones de sus colaboradores.

No obstante, la agencia ha sido capaz de desempeñar un papel singular, cubriendo espacios vacios provocados por la pretendida incomunicación y el aislamiento diplomático de Cuba. A lo largo del medio siglo transcurrido, ella ha sido, cuando ha sido necesario, puente de amistad entre los pueblos de Cuba y el resto de América.

Prensa Latina es precursora del accionar independiente de la mayoría de los gobiernos del continente en tribunas internacionales o regionales, sin excluir la que fuera el “ministerio de colonias yanqui”: la OEA. Expresiones unitarias como la Alternativa Bolivariana para las América, TeleSur y las muchas otras que resultan de los esfuerzos integracionistas latinoamericanos, se inspiran en las mismas ideas que hace 50 años dieron lugar al surgimiento de Prensa Latina.

Junio de 2009.

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