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En la Plaza de la Revolución de La Habana, donde los cubanos se han reunido tantas veces con el líder de todas sus proezas en el último medio siglo, Fidel Castro, y ante la efigie del Che Guevara, tuvo lugar un concierto sin precedentes, no tanto por la multitud que congregó, sino por la sorprendente ausencia de pronunciamientos políticos.

La iniciativa fue de Juanes, un popular cantante colombiano residente en los Estados Unidos -ganador de 12 premios Grammy Latino-, apoyado por otros artistas de renombre en Latinoamérica y en la población hispana de Norteamérica que nunca antes habían actuado en Cuba. El propósito era promover el entendimiento humano entre el segmento de cubanos residentes en Norteamérica que manifiesta hostilidad contra el proyecto político cubano y la población de la isla, reflejo del sempiterno enfrentamiento entre Washington y La Habana nacido de la voluntad independentista de los cubanos.

Antecedente único de este concierto era la primera edición de “Paz sin fronteras”, que tuvo lugar el 16 de marzo de 2008 en las proximidades del puente internacional “Simón Bolívar” que une a Colombia con Venezuela.

Algunos de los más renombrados artistas en la isla acogieron con calor la propuesta de Juanes y el Ministerio de Cultura y varias instituciones culturales y organizaciones sociales cubanas dieron el más amplio respaldo al laudable proyecto.

El Partido Comunista, la Unión de Jóvenes Comunistas, los Comités de Defensa de la Revolución y todas las organizaciones estudiantiles contribuyeron activamente a la movilización de la juventud cubana para participar como espectadores en el concierto.

El resultado fue maravilloso. Por mi nieta de 11 años y sus amigos pude saber que aquella enorme multitud de jóvenes daba por bien empleadas las muchas horas que dedicaron a caminar largas distancias y soportar el ardiente sol y la elevadísima temperatura.

Las organizaciones promotoras de la movilización pidieron a los espectadores que se abstuvieran de formular consignas, atendiendo a un pedido de los organizadores extranjeros en el sentido de que no hubiera en el concierto “mensajes políticos de ninguna índole”.

Es motivo de orgullo para los cubanos haber logrado hacer posible que más de un millón de ciudadanos, reunidos en el escenario a donde tantas veces han acudido a incriminar a los enemigos de su revolución, se hayan abstenido, al calor de una consigna de paz, de denunciar a los golpistas de Honduras; de demandar la libertad de los cinco patriotas cubanos luchadores antiterroristas que guardan prisión injusta en Estados Unidos hace más de una década; de protestar por la protección que brinda EEUU a Posada Carriles y otros criminales terroristas, e incluso de condenar la persistencia, por más de medio siglo, del bloqueo económico y comercial contra su patria.

La derecha contrarrevolucionaria de la comunidad cubana en la Florida maniobró fuertemente contra la celebración del concierto y acudió, con la fuerza de los muchos medios de que dispone o controla en Miami, a amenazas, insultos y presiones contra los organizadores y todos aquellos que manifestaron apoyo al proyecto.

Al término del concierto continuaron con su absurdo proceder, solo que ahora han encontrado, en la propia ciudad de Miami, la enérgica protesta de muchos inmigrantes nacidos en Cuba o hijos de cubanos nacidos en los Estados Unidos que van perdiendo el miedo y no están dispuestos a apoyar por más tiempo una pugna contra la nación de la que se sienten parte, porque se dan cuenta que no corresponde a sus intereses sino a los de los sectores más obstinados del imperio.

A diferencia de lo que seguramente habría ocurrido con George W. Bush o cualquier predecesor suyo en la Casa Blanca durante los últimos cincuenta años, el Presidente de los Estados Unidos no se pronunció, al menos públicamente, contra el esfuerzo de paz.

El presidente Obama, se limitó a declarar a una televisora estadounidense de habla hispana que “El gobierno estadounidense no es un promotor de conciertos. No creo que se trate de que le demos nuestra bendición o no. Tengo entendido que él (Juanes) es un gran músico y que presenta un gran concierto”.

Algunos estudiosos estadounidenses, como Louis Head, director del grupo de Investigación y Análisis sobre Cuba (Cuba Research & Analysis Group), en Albuquerque, y miembro de la directiva del Latin America Working Group de Washington, DC., han extraído conclusiones más concretas. “Inspirémonos en el Concierto por la Paz para dar nuestros propios pasos hacia el fin de nuestro propio aislamiento de nuestra vecina isla”, propuso Head.

La extrema derecha de los cubanos radicados en los EEUU, hija de la extrema derecha conservadora estadounidense, podría haberse evitado esta vergonzosa derrota con solo abstenerse de politizar en función de su guerra contra Cuba, este “inofensivo” concierto que, por ese motivo, tiene ahora una connotación política incuestionable que podría crecer en la medida que persistan en su obstinación.

Septiembre de 2009.

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