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Barack Obama asumió la presidencia de los Estados Unidos a partir de promesas.

A base de promesas de cambio recibió el apoyo de la mayoría de los norteamericanos menos beneficiados, agobiados por su aciaga situación actual en el país más poderoso y rico que haya conocido la humanidad.

Los sectores más opulentos y mejor representados en la élite del poder lo refrendaron a base de sus promesas de sacar al sistema del atolladero en que se halla sumido por la crítica situación económica, política, ética y moral, de la manera que lo logró Franklin Delano Roosevelt tras la Gran Depresión.

Sus primeros nueve meses en la Casa Blanca no han permitido al joven mandatario materializar, con resultados palpables, sus promesas de cambio más importantes a favor de las mayorías ni tampoco sacar al país de la profunda crisis múltiple por la que atraviesa la superpotencia. Pero es indudable que el mundo respira mejor que con sus predecesores, pese a que en muchos asuntos proyecta la imagen de un presidente maniatado, tanto por sus adversarios como por muchos de sus correligionarios.

El viernes 9 de octubre, el Comité Nobel Noruego anuncio que, a partir de una cifra récord de 205 nominaciones, había otorgado el Premio Nobel de la Paz 2009 a Barack Obama “por sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos, y dar esperanza al suyo de un mejor futuro”. El comité dijo haber dado especial importancia a su visión de un mundo sin armas nucleares y al hecho de propiciar, como presidente, un clima internacional nuevo, con una diplomacia multilateral que ha recuperado una posición central, con énfasis en el papel de las Naciones Unidas y otras instituciones internacionales.

Barack Obama es el cuarto presidente de Estados Unidos en recibirlo tras Theodore Roosevelt, en 1906; Woodrow Wilson, en 1919, y el ex presidente Jimmy Carter en el 2002, mientras que el ex vicepresidente Al Gore lo compartió en el 2007 con el grupo de trabajo de la ONU sobre cambio climático.

La repercusión mundial por la atribución del Nobel de la Paz a Obama ha sido grande y muy diversa.

El portavoz de los talibanes afganos, Zabihullah Mujahid, dijo a la AFP que “no percibimos ningún cambio de estrategia para la paz, no ha hecho nada por la paz en Afganistán”.

Un consejero del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad dijo a la propia AFP que el premio “debe incitarle a ayudar a poner fin a la injusticia en el mundo. () No nos oponemos y esperamos que, al recibir este premio (Obama) comience a realizar gestiones concretas de paz”.

El ex presidente sudafricano y premio Nobel de Paz Nelson Mandela, expresó la esperanza de que “este galardón fortalezca el compromiso (de Obama) de seguir propagando, como jefe de Estado de la nación más poderosa del mundo, la paz y la erradicación de la pobreza”.

“Felicitamos al presidente Obama y esperamos que sea capaz de conseguir la paz en Oriente Próximo, devolver a Israel a las fronteras del 67 y crear un Estado palestino con capital en Jerusalén”, afirmó Saeb Erekat, el jefe negociador palestino. En cambio, Khaled Al-Batsh, líder de la Yihad Islámica en Gaza, dijo que la decisión “muestra que estos premios son de carácter político, no se rigen por principios de credibilidad, valores y moral”.

El ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak, aseguró que “nuestro interés supremo es llegar a un acuerdo de paz con nuestros vecinos. Yo confío y creo que el Premio Nobel aumentará la capacidad del presidente Obama para contribuir a la paz regional y a un acuerdo entre Israel y los palestinos que incluya seguridad y prosperidad para todos los pueblos”.

Geir Lundestad, secretario del Comité Nobel, rechazó la idea de que esa distinción sea prematura y consideró que ya Obama “ha aportado avances en materia de multilateralismo, desarme y la lucha contra el cambio climático”.

Por su parte, el presidente del Comité Noruego del Nobel, Thorbjorn Jagland, puntualizó que “el Comité espera que esto ayude un poco en lo que Obama está tratando de hacer”.

El director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), el-Baradei, ganador del premio en 2005, dijo que “en menos de un año en el cargo, Obama ha transformado la forma en que nos miramos nosotros mismos y al mundo. Da renovada esperanza en un mundo de paz”.

El cineasta Michael Moore, en mensaje a Obama que tituló “Felicidades por el Premio Nobel de la Paz… ahora, por favor, gáneselo”, le recomienda traer las tropas de vuelta a casa y dejar a los afganos resolver libremente sus problemas. “Eso es lo que haría un verdadero hombre de paz. () No hay nada malo en tratar de hacer lo que su predecesor no pudo: capturar al o a los responsables del asesinato masivo de 3 mil personas el 11-S. Pero eso no se puede hacer con tanques y tropas. Usted persigue a un criminal, no a un ejército. No se utiliza dinamita para acabar con un ratón. () El talibán es otro asunto. Es un problema que el pueblo de Afganistán debe resolver, tal como nosotros hicimos en 1776, los franceses en 1789, los cubanos en 1959, los nicaragüenses en 1979 y los berlineses en 1989”.

Para Fidel Castro el premio a Barack Obama fue una medida positiva. El líder revolucionario cubano ha visto en la decisión, “más que un premio al Presidente de Estados Unidos, una crítica a la política genocida que han seguido no pocos presidentes de ese país que condujeron el mundo a la encrucijada donde hoy se encuentra; es una exhortación a la paz y a la búsqueda de soluciones que conduzcan a la supervivencia de la especie”.

El otorgamiento del premio Nobel a Obama parece ser una apuesta por la Paz. La Humanidad necesita que sea una apuesta ganadora.

Octubre de 2009.

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