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Me sorprendió recibir a mediados del mes de enero de 2010, de uno amigo mío estadounidense, un ejemplar del periódico The New York Times fechado el 4 de julio de 2008.

Aquel diario tan desfasado de la actualidad me llegó sin alguna explicación y estuve a punto de ponerlo, junto a otros periódicos viejos que en mi casa usamos para envolver los desechos. Preferí, sin embargo, hojearlo antes, por si contenía algún trabajo especial que mi amigo norteamericano me recomendaba leer.

Enseguida advertí que se trataba de un ejemplar apócrifo de la citada publicación neoyorquina dedicado a mofarse satíricamente de las esperanzas frustradas que había generado la elección Barack Obama como Presidente de los Estados Unidos.

Cada una de las noticias, cada comentario, las secciones tradicionales, los anuncios comerciales; las cartas de lectores y las respuestas del editor, todo se presentaba con el formato y la factura habituales del NYT.

La primera de las 14 páginas de este número excepcional del NYT exhibe el titular principal “IRAQ WAR ENDS” (Finaliza la guerra de Irak) con el subtítulo “Troops to return Immediately” (Las tropas regresarán inmediatamente). En el cuerpo de esta información principal, fechada en Washington, se dice que las operaciones “Irak Libertad” y “Libertad duradera” habían llegado a su fin hoy, sin ceremonias y solo con un tranquilo anuncio del Departamento de Defensa de que las tropas estarán de vuelta en casa en cuestión de semanas.

Otra información de primera plana afirma que la ex Secretaria de Estado pidió perdón por haber asustado al mundo diciendo que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. Decía que la ex Secretaria Condoleeza Rice había asegurado ante un grupo de militares convalecientes de heridas sufridas en la guerra de Irak que Washington sabía que la nación árabe no tenía armas de este tipo y que, si no hubiera tenido tal certeza, no hubiera enviado a tantos cientos de miles de soldados a aquel país.

Otros títulos de las “informaciones” de primera plana señalan que “la Nación se propone construir una economía sana”, con un sistema que establezca un cálculo de costos verdadero para los impuestos, salarios máximos por los que tanto han abogado los sindicatos y grupos progresistas, y que el gobierno se hará más sensible a las demandas populares.

También se atestigua que las protestas contra la continuidad del centro de torturas de Guantánamo realizadas por estos días en Washington ante la Casa Blanca han sensibilizado al gobierno en favor de su cierre.

En su sección internacional, este ejemplar imaginario de NYT recoge informaciones acerca de la adopción unánime por los 192 Estados miembros en la Asamblea de Naciones Unidas, de una resolución que dispone un desarme general y completo de alcance mundial.

También se recoge una información acerca de la repercusión positiva que estos acontecimientos habrían tenido en todos los demás focos de guerra y tensión en el mundo, que se han sentido estimulados a solucionar sus propios conflictos pacíficamente.

Se incluye una información acerca de sendos monumentos que se construirán en honor del último estadounidense y el último iraquí caído en la guerra. Se señala que dada la desproporción numérica entre las bajas de las dos partes habrá una muy notable diferencia en el tamaño de ambos monumentos (1.233,657 iraquíes, mayormente civiles, por 4,314 norteamericanos).

Se informa, así mismo, que el ex-presidente George W. Bush ha sido instruido de cargo por alta traición y que el ex mandatario ensaya una estrategia consistente en declararse culpable para que solo pueda ser condenado a tres cadenas perpetuas. También busca ser juzgado por un tribunal internacional que no contemple la pena de muerte como sanción para sus delitos.

El periódico imaginario afirma que una encuesta realizada por el NYT y la CBS reveló que el 65% de la población espera cadena perpetua para G.W.B., en tanto el 31% preferiría la pena de muerte y el 3% se conformaría una pena menor. El 2% lo excluiría de cargos.

Como es habitual en las páginas del NYT y de todas las grandes publicaciones de cualquier matiz político que controla el poder real, este ejemplar imaginario incluye grandes, medianos y pequeños anuncios publicitarios. Solo que en esta ocasión, a tono con el momento imaginado, tanto los gigantescos consorcios como los demás empresarios aparecen felicitándose por el fin de la guerra y el advenimiento de un mundo de paz y progreso para todos.

Tras esta simpática sátira trasunta la dramática frustración que afecta hoy a los estadounidenses, cautivos de deshumanizados intereses imperiales que, una vez más, han humillado a su nación manipulando despiadadamente valores y tradiciones democráticas de ese noble pueblo.

Enero de 2010.

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