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Evidentemente, la diplomacia estadounidense no conoce el pudor. Lo demuestra constantemente.

En días recientes, el Departamento de Estado, en Washington, hizo público su décimo informe anual sobre trata de personas, con su ya habitual selección de gobiernos virtuosos y canallas, según acaten o no los dictados de Washington en la materia.

La única sorpresa fue que, en esta ocasión, el “juez” decidió incluirse entre los 177 evaluados y resultó escogido como máximo cumplidor, en la primera categoría,… ¡el gobierno de Estados Unidos!

El gobierno “ejemplar” fue escoltado en la premiación por casi todos los de Europa junto a los de Colombia, Corea del Sur, Australia y Canadá, porque “cumplen totalmente con el Acta de Protección de las Víctimas del Tráfico Humano”.

Hay una segunda categoría de países “bajo vigilancia” que, si bien no cumplen con las normas mínimas de la ley estadounidense de protección a las víctimas de la trata de personas (TVPA, por sus siglas en inglés), están haciendo “esfuerzos significativos” para combatir la trata de personas. Allí están, junto a la mayoría de los países del tercer mundo, países en desarrollo con grandes economías, como China, India y Rusia, así como los sometidos a ocupación militar (Irak y Afganistán). A estos países se les supone convocados a tratar de lograr, en la próxima evaluación, el premio de la zanahoria , alternativo del garrote.

En una tercera categoría o “lista negra”, aparecen 13 países “malvados” que abarca a los “enemigos” de Estados Unidos y los “sancionados”, permanentes o circunstanciales, que no respetan las directivas que formula Estados Unidos sobre trata de personas.

Cuba, como es habitual, está incluida en esta “lista negra”. Los demás son Irán, Corea del Norte, Zimbabue, Congo, Sudán, Eritrea, Mauritania, Papúa Nueva Guinea, Myanmar, Arabia Saudita, Kuwait y República Dominicana.

Los argumentos para la inclusión de Cuba en la lista negra han sido siempre los que estén en boga de la sempiterna campaña mediática y diplomática de difamación contra la isla que sirve a la superpotencia de justificación para el bloqueo económico que mantiene hace más de medio siglo contra Cuba y que cada año recibe una casi unánime condena de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Pero, esta vez, el odio que refleja el Departamento de Estado en sus ataques fue demasiado lejos en su ceguera.

En esta ocasión, tuvo la osadía de acusar a Cuba de ser “fuente de niños sujetos del tráfico de personas, sobre todo para su explotación sexual comercial dentro del país”. Y esto lo manifiestan justamente cuando el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) acababa de reconocer que “los resultados positivos en importantes indicadores referentes a la protección de la infancia en los últimos años alcanzados por Cuba, la convierten en el país de América Latina con mejor calidad de vida para los niños.”,

Tampoco contribuyó a esta grosera ofensa al pueblo cubano la casi simultanea divulgación por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de una información que indica que hay en la actualidad unos 293 000 jóvenes norteamericanos que son victimas potenciales de las redes de prostitución en Estados Unidos y que la gran mayoría de ellos son niños en fuga o echados de su casa por los propios padres y que viven en la calle.

El texto oficial revela que entre los niños y adolescentes que viven en la calle en Estados Unidos “el involucramiento en la actividad sexual comercial es un problema de proporción endémica”.

Según el Departamento de Justicia, aproximadamente el 55% de las muchachas de la calle en Norteamérica se dedican en la prostitución formal y de ellas, el 75% trabaja con un proxeneta en servicios de “escoltas” y de masajes, en clubes privados, congresos y viajes de turismo.

El promedio de edad de las muchachas víctimas de la prostitución es de 12 a 14 años mientras los muchachos son de 11 a 13, señala el informe del Departamento de Justicia de EE.UU.

El país que se auto elige paladín de las víctimas de la trata de personas en todo el mundo acoge cada año millares de mujeres y varones jóvenes de cualquier parte del mundo para alimentar su próspera industria pornográfica y sus burdeles “on line”.

Mientras tanto, reprime con crueldad la inmigración económica estimulada por el intercambio desigual y la explotación capitalista, a veces calzados con tratados de integración asimétrica impuestos a países subdesarrollados en beneficio de las grandes corporaciones.

Cuba rechazó categóricamente las calumnias del informe sobre trata de personas del Departamento de Estado y señaló que tales falacias ofenden profundamente al pueblo cubano. “En Cuba no existe la trata sexual de menores, sino un desempeño ejemplar en la protección de la niñez, la juventud y la mujer. Cuba no califica ni como país de origen, ni de tránsito, ni de destino de este flagelo. La legislación y las medidas adoptadas en esta esfera nos colocan entre los países de la región con normas y mecanismos más avanzados en la prevención y combate a la trata de personas”.

Junio de 2010.

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