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Un buen número de los prejuicios anticomunistas sembrados en el continente durante la guerra fría, han prevalecido hasta hoy, adaptados a los propósitos contrarrevolucionarios de la propaganda imperialista actual, dirigida a contrarrestar las corrientes socialistas e independentistas, así como a sentar o consolidar las bases ideológicas que sirven a sus propósitos de dominación global.

Estados Unidos está en condiciones óptimas para ejercer el control de los medios de comunicación allí donde rijan economías de mercado que abarquen los medios de prensa y entretenimiento susceptibles de penetración o posesión por el capital.

De ahí su insistencia en la total privatización de éstos en aras de la “libertad de prensa” y su rechazo de cualquier intervención gubernamental. Se obvia el hecho de que, en última instancia, la regulación estatal de los medios masivos de comunicación en cualquier país donde funcione un sistema político mínimamente representativo, asegura a la prensa un carácter mucho más democrático que la propiedad oligárquica (o imperialista) sobre estos medios.

El capitalismo ha logrado acuñar la idea de que la libertad de prensa y la libertad de poseer los medios y/o condicionar sus contenidos mediante la propaganda comercial, son una y la misma cosa. Para los dueños del dinero, lo importante no es la que la información y la accesibilidad a los medios alcancen a toda la población y a todas las corrientes de opinión por igual, sino que ello sea proporcional a la solvencia económica de las personas.

Obviamente no basta con que el Estado desempeñe el papel principal para la salvaguarda de una verdadera libertad de prensa. Como debe ser respecto a todos los demás aspectos de una real democracia, a la ciudadanía debe corresponder ejercer su vigilancia para que este papel se cumpla a cabalidad por las autoridades electas llamadas a ejercerlo, de modo que las aspiraciones e intereses de todos los sectores de la población se vean reflejados en la prensa sin que la posesión del dinero signifique privilegio alguno como ocurre cuando los medios están al servicio del capital.

En el capitalismo, la publicidad es la fuente de ingresos que permite subsistir a una publicación. La prensa funciona como si fuera una democracia ponderada en la que cada quien ejerce poder según sea el monto de sus aportes. Los anunciantes imponen su ideología exigiendo o excluyendo lo que se informa según convenga o no a sus intereses. Esto es valido tanto en lo interno como con respecto a la información internacional.

Las publicaciones impresas y programas radiales o televisivos son vallas anunciadoras que atraen a sus lectores y audiencias hacia los anuncios, directos o indirectos, con información que sea atractiva y conveniente a los intereses de los patrocinadores.

Los grupos de poder empresarial, fundaciones económicas y lobbies tienen capacidad organizativa, financiera y política suficiente para organizar boicots y otras campañas de presión contra aquellos medios o periodistas que se salgan de la línea que ellos trazan y la mayoría de los medios optan por el acatamiento de esas normas para poder subsistir, porque enfrentarse a ellos significa quebrar.

Los medios que sobreviven en el capitalismo con verdadera independencia y honestidad deben superar obstáculos de enorme magnitud, empezando por las dificultades que confrontan para obtener anunciantes dispuestos a desmarcarse de los grupos empresariales opuestos a una prensa insobornable.

La función del periodismo y del periodista hoy en Cuba no es distinta de la de sus similares en cualquier otro país del mundo aunque sean muchas las circunstancias de todo tipo que definen maneras distintas de lograr el común propósito teórico de informar con objetividad a la población en general.

Una característica tiene el periodismo en Cuba que lo distingue ventajosamente de otros países: no se permite la propiedad privada sobre los medios de prensa ni la propaganda comercial como manera de sustentarse las publicaciones, que son las dos formas esenciales con que los capitalistas locales y los poderes hegemónicos extranjeros controlan los medios. Ello sitúa a Cuba más cerca que cualquier otra nación del continente de garantizar una verdadera libertad de prensa.

No obstante, no debe pensarse que Cuba, habiendo logrado que los medios no puedan ser controlados por el capital, ha logrado garantizar a todos los sectores y corrientes de opinión de la sociedad el acceso a los medios en igualdad de condiciones, algo que debe ser la meta en una sociedad regida por la solidaridad.

Las condiciones de la guerra desigual y el criminal bloqueo económico que lleva a cabo contra la Isla el gobierno de Estados Unidos, junto a su proclamado objetivo de derrocar a la revolución, excluyen toda concesión respecto a la utilización de mecanismos de mercado en la prensa pero también impiden otras soluciones para perfeccionar la proyección democrática y socialista de los medios.

Además, son muchos obstáculos de origen subjetivo que lastran el camino (inédito) hacia una prensa socialista dinámica y atractiva.

La revolución cubana habrá completado su obra en lo tocante al periodismo cuando le sea dable, en condiciones que no pongan en riesgo su seguridad, situar plenamente a la prensa bajo control social y comunitario, con sus dirigentes electos por la ciudadanía.

Octubre de 2010.

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