Etiquetas

, , , , , , ,

Cuba vive, quién lo duda, tiempos de importantes cambios. Pero no son involutivos sino propios de una revolución que no ha dejado de serlo. Están dirigidos a perfeccionar y reajustar a las condiciones actuales el modelo económico socialista que en la Isla se ha venido desarrollando a lo largo de buena parte del medio siglo transcurrido desde el primero de enero de 1959 en que se inicio una etapa sin precedentes de gobierno para el pueblo.

Esta victoria popular marcó el inicio de ese proceso de cambios encaminado a construir una república independiente, democrática y comunitaria según un modelo que se ha ido armando a partir de las experiencias propias. Un diseño orientado a crear una nación libre, con justicia social plena y organizada para la defensa de los intereses comunes de las mayorías, en reemplazo del orden que garantizaba el control de los asuntos públicos por el capital privado y la capacidad del dinero de regirlo todo.

Las condiciones internacionales en las que Cuba ha tenido que avanzar su proyecto revolucionario hostigada por Estados Unidos, ha obligado a maniobras tácticas, experimentos y ocultaciones que dificultan – cuando no impiden- la implantación de los métodos más democráticos que deben caracterizar a una sociedad orientada hacia el socialismo.

De hecho, esa ha sido la estrategia global imperialista contra todas las revoluciones populares a lo largo de la historia, con el fin de dividir al pueblo y a éste de su dirigencia revolucionaria: obligar al país en revolución a priorizar la defensa del poder revolucionario en perjuicio de la aspiración de las masas a una democracia plena, creando focos de descontento que abran espacios a los enemigos del proceso interesados en revertir los logros populares.

La esencia democrática del proceso revolucionario cubano se evidencia, con todas sus virtudes y defectos, en los trabajos del Sexto Congreso del Partido Comunista que culminará a mediados de abril del entrante año 2011, pero que está ya en pleno desarrollo.

Como es habitual en la sociedad cubana, toda la ciudadanía conoce y aporta sus criterios acerca de las cuestiones de mayor trascendencia pública que abordan el Partido o el Gobierno.

De ahí que, en estos días, la población se halle estudiando privadamente y opinando en asambleas públicas el Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social que la dirección del Partido ha elaborado como plataforma para que los delegados que sean electos para la etapa conclusiva del congreso dispongan de la información mas fiel y precisa posible acerca de las opiniones que motivan en la ciudadanía las medidas y soluciones propuestas.

Para materializar este propósito los cubanos cuentan con vasta experiencia en el ejercicio de una democracia participativa real que, desde otras realidades, no es fácil comprender. Tampoco es fácil que los cubanos comprendan como es posible que ciudadanos de otras naciones acepten una democracia cuyo ejercicio se limita a votar en elecciones cada cierto número de años entre candidatos que no han sido elegidos previamente por ellos mismos.

Es prácticamente imposible que un solo ciudadano cubano permanezca ajeno al proceso de discusión, salvo que esa sea su voluntad. Y son muchos los que participan en varios debates para reforzar sus propuestas.

Los cubanos distinguen claramente las declaraciones de políticos extranjeros y los trabajos periodísticos sobre aspectos de la situación política en la isla que son serios y honestos, de los sesgados por la campaña de difamación que promueve y paga el gobierno estadounidense contra Cuba. Les resulta obviamente más difícil discernir entre ingenuidad y malignidad al evaluar aquellos trabajos y discursos de quienes se presentan como izquierdistas o independientes al censurar políticas o proyectos cubanos.

Estos ataques desde posiciones progresistas suelen censurar, de soslayo, a otros procesos revolucionarios, como los de China, Vietnam y Corea del Norte, así como a los latinoamericanos de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, y a menospreciar aportes de los dirigentes progresistas de Brasil, Argentina y Uruguay, entre otros del continente, al momento independentista que vive América.

Trasluce el propósito de promover desconfianza y desunión, tanto a escala continental como global, al comparar al proyecto socialista cubano con otros procesos sociopolíticos de izquierda.

Es difícil comprender los propósitos de quienes proclamándose teóricos marxistas expertos en revoluciones sin jamás haber vivido una, juzgan y sentencian cada acto y propósito de los dirigentes revolucionarios de Cuba con total ignorancia de realidades y potencialidades concretas que solo se conocen experimentándolas.

La campaña global del imperio contra Cuba sostiene que la isla se ve obligada a recurrir a soluciones de mercado para corregir su desastrosa economía, sin reconocer el mérito gigantesco que significa que tal economía, con aciertos y errores pero siempre orientada a satisfacer las necesidades del pueblo como primera función, haya sido capaz de derrotar la estrategia diseñada por la superpotencia que gobierna al mundo para doblegarla mediante el más extenso y tenaz bloqueo económico, comercial y financiero de la historia, apoyado por intensas presiones diplomáticas y terroristas de alcance global.

Diciembre de 2010.