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Mientras la prensa corporativa desvía la atención de los actos de rebeldía y de represión que tienen lugar en Wisconsin y Puerto Rico, los propios medios estadounidenses y transnacionales magnifican los acontecimientos en Libia.

Con inusual urgencia, aunque con la prepotencia y la soberbia habituales, la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, hubo de confirmar virtualmente la denuncia formulada pocas horas antes por el líder de la revolución cubana y ex presidente de su país, Fidel Castro, de que la OTAN planea la ocupación de Libia.

“A Estados Unidos se le acaba la paciencia. Hay que detener inmediatamente este inaceptable derramamiento de sangre”, afirmó amenazadoramente la jefa de la diplomacia estadounidense refiriéndose a las protestas sociales en Libia cual si se tratara de acontecimientos en su propio país, donde precisamente por estos días tienen lugar protestas obreras y estudiantiles que están siendo reprimidas severamente.

“El Gobierno de Libia tiene la responsabilidad de respetar los derechos universales del pueblo, incluidos los derechos de libertad de expresión y reunión. Estamos trabajando con urgencia con amigos y socios en todo el mundo para transmitir este mensaje al Gobierno libio”, agregó la Clinton.

“Lo que para mí es absolutamente evidente es que al Gobierno de Estados Unidos no le preocupa en absoluto la paz en Libia, y no vacilará en dar a la OTAN la orden de invadir ese rico país, tal vez en cuestión de horas o muy breves días”, había advertido el líder revolucionario cubano poco antes de que la Clinton virtualmente confirmara las intenciones agresivas de Washington en la coyuntura actual de Libia.

“Una persona honesta estará siempre contra cualquier injusticia que se cometa con cualquier pueblo del mundo, y la peor de ellas, en este instante, sería guardar silencio ante el crimen que la OTAN se prepara a cometer contra el pueblo libio”, sentenció Fidel Castro.

Las noticias acerca de supuestas o reales masacres y otras cruentas acciones represivas del gobierno de Libia han invadido ya al mundo en las alas del gigantesco monopolio mediático que sirve habitualmente a las campañas de Estados Unidos. Nadie podría saber lo que hay de cierto en algunas informaciones o si todas son tan falsas como la de que el primer ministro Muammar al-Gaddafi había dejado el país para asilarse en Venezuela, falacia que fuera oportunamente desmentida, tanto por el gobierno de Libia como por Caracas.

La diplomacia estadounidense se ha estado moviendo con una inusitada vehemencia y gran agilidad promoviendo la condena del gobierno libio de una manera que no se hubo de manifestar ante los acontecimientos similares de levantamientos populares en Túnez, Egipto, Marruecos, Yemen, Jordania, Bahréin (donde está la base de la V Flota de la Armada estadounidense) y otras naciones del Medio Oriente… y mucho menos en los actuales casos de Wisconsin y Puerto Rico, por supuesto.

El secretario general de la ONU, el secretario general de la OTAN, la Unión Europea (UE), el presidente de Francia, el primer ministro italiano yla ministra española de Exteriores han formulado públicas condenas por la represión de los manifestantes y exigido que Gadafi deje el poder.

Los acontecimientos en Libia, como todos los que tienen lugar hoy en el Medio Oriente, conforman un escenario de dramáticas situaciones que resultan de la conjunción de la fabulosa riqueza petrolera de su subsuelo con el afán del capitalismo internacional por controlar ese tesoro, impidiendo así que sirva al bienestar de sus pueblos y, por el contrario, ampare indignantes desigualdades y las más injustas exclusiones.

Con la misma presteza con que el gobierno de los Estados Unidos trató infructuosamente de defender la permanencia de Hosni Mubarack al frente de Egipto, justificando u ocultando el abultado expediente de delitos de corrupción y arbitrariedades de su principal aliado en el mundo árabe, la diplomacia estadounidense manipula la valoración acerca del acontecer en Libia para crear condiciones para una eventual o inmediata intervención militar en ese país.

Pero habrá que seguir al tanto de la situación en la región del Medio Oriente donde todavía quedan muchas fichas en juego, entre ellas las de Israel.

Se asegura que actualmente Hillary Clinton es la pieza principal de lobby sionista (también conocido como lobby de presión pro israelí) en la Casa Blanca, pese a que ciertos antecedentes indican que fue en un momento relativamente reciente de su carrera política que trocó inesperadamente su rumbo y asumió esta orientación.

De ahí que resulte importante vigilar las posiciones que asuma la jefa de la diplomacia estadounidense para vaticinar o descubrir las de Israel en el complicado tablero medio oriental.

Febrero de 2011.

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