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El libro de Pascual Serrano titulado “Desinformación: Cómo los medios ocultan al mundo” (Ediciones Península, Barcelona, 2010), que ya he comentado, dedica un capítulo a la invisibilización de que es objeto la América Latina.

Esta obra recibió mención honorífica en la edición más reciente del Premio Libertador al Pensamiento Crítico que otorga el Ministerio venezolano del Poder Popular para la Cultura a través de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.

Serrano comienza señalando que, tras la desaparición de las dictaduras y luego de un período neoliberal y privatizador en los noventa, Latinoamérica entró en el siglo XXI con un giro hacia la izquierda sin parangón en el resto del mundo.

Afirma que América Latina es la región en donde el panorama informativo diferencia de forma más clara entre gobernantes buenos y malos. Es también la región en la que los gobiernos de derecha o de izquierda moderada, que respetan los criterios y planteamientos de las líneas dominantes del mercado internacional sin enfrentarse a las multinacionales y grandes potencias, son los que gozan de cobertura informativa más respetuosa. A medida que sus líderes se muestran más irreverentes con el pensamiento económico neoliberal, la cobertura informativa se amplía y se vuelve más tenazmente hostil. Cuanto más se alejan del neoliberalismo los gobiernos, más se les somete a la crítica y la tergiversación.

El avance de gobiernos progresistas en América Latina ha determinado la calificación de “populistas” para referirse a ellos, con el propósito de desprestigiarlos ante la opinión pública mundial mediante un concepto al que se la ha dado connotación negativa a lo largo de muchos años, aunque nadie sepa realmente lo qué significa esa calificación.

Un silenciamiento flagrante es el que aplican a la cooperación no basada en el comercio, así como a los negocios ente los países de la región. Califican la situación económica de un país según sean sus relaciones con las grandes empresas multinacionales y con los países ricos.

Serrano advierte que, si se observa con detalle las crisis políticas y escándalos que originan críticas o burlas al gobierno de Hugo Chávez en los medios de comunicación de occidente, casi siempre se trata de cuestiones y asuntos cotidianos y comunes que en otras naciones pasarían inadvertidas: temas como la formación del Partido Socialista Unido de Venezuela, que mentirosamente se presenta como “creación de un partido único”; la reelección presidencial, que la atacan como “proyecto de convertir a Chávez en presidente vitalicio; la compra de armas, presentada como noticia alarmante cuando Venezuela es uno de los países suramericanos que menos gasta proporcionalmente en defensa; la expiración de la licencia de la cadena de televisión privada RCTV, que se desarrolló con arreglo absoluto a la ley y constituye una medida legítima que frecuentemente se aplica en otros países, incluyendo Estados Unidos y la Unión Europea.

El libro ofrece datos acerca de cómo se instrumenta la conjura contra Cuba, el acoso mediático contra Venezuela, y el cómplice consentimiento que se aplica al gobierno oligárquico de Colombia, especialmente al más reciente de Álvaro Uribe, cuando ese país, que representaba el panorama más avanzado de despotismo y terrorismo de Estado en Latinoamérica se presentaba como un modelo de democracia.

Mientras los grandes medios corporativos hacían creer que en Venezuela había una dictadura y en Colombia una democracia, 200,000 desplazados colombianos buscaban refugio en Venezuela. ¡Sería el primer caso en el que los ciudadanos huyen de una democracia para protegerse en una dictadura!, exclama Serrano.

Probablemente el caso venezolano es el que más elementos de intencionalidad informativa haya acumulado en los medios de comunicación. Serrano relata varias manipulaciones noticiosas de las que ha sido víctima el proceso revolucionario venezolano mediante mentiras simples y llanas, trucajes fotográficos, falsas encuestas, declaraciones tergiversadas y otros recursos de la desinformación que se conjugan con el silenciamiento de noticias y opiniones que jamás logran difusión porque no están en línea con la intención desinformante.

Para analizar la diferencia entre la realidad cubana y lo que difunden los medios de comunicación, el libro dedica epígrafes que tratan por separado líneas difamatorias sobre el sistema electoral cubano; la pretendida imagen de crisis e inestabilidad; imaginarias violaciones de los derechos humanos; inexistentes penas capitales; manipulaciones acerca de supuestas limitaciones a Internet por el gobierno cubano; la magnificación de las deserciones, la disidencia, la emigración política y la discriminación de homosexuales.

Citando testimonios de prestigiosos periodistas, el libro señala que, con todo lo desinformante que son las informaciones falsas o tergiversadas, lo primero y más importante no es lo que dicen de la realidad cubana los grandes medios, sino lo que ocultan: los logros sociales; los valores de su sociedad, humanista fraternal y solidaria; el nivel cultural de la población; la obra internacionalista de Cuba; la paz social y la seguridad que desprenden sus calles; el elevado nivel de participación popular en la vida política.

Marzo de 2011.

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