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¿Cómo puede explicarse la terca posición de Londres de negar la concesión del salvoconducto que se requiere para que un asilado político en la embajada de Ecuador en Gran Bretaña pueda salir de allí para viajar al país que le está dando protección?

Bastaba que el gobierno de Ecuador estimara aplicable, según las normas del derecho internacional, el pedido de protección solicitado por Julian Assange, australiano fundador de Wikileaks, y que así lo comunicara a la cancillería del Reino Unido a fin de que a éste le fuera expedido el salvoconducto para viajar a Ecuador.

El derecho internacional aplicable a este caso es diáfano:
Ecuador es la Parte a la que corresponde valorar y soberanamente decidir si el asilo es justificado por el peligro que se cierne sobre la vida y la integridad física del reclamante de protección.

Pero el Reino Unido amenazó por escrito a la Embajada de Ecuador con recurrir a una ley británica de 1987 que le permitiría entrar en sus locales por la fuerza para arrestar a Assange.

Posteriormente, el ministro de Exteriores británico descartó la intensión de entrar por la fuerza en la embajada, pero se rehusó a pedir excusas y retirar la amenaza mediante un escrito oficial.

El gobierno británico, actuando obviamente en función de las exigencias de Washington, argumentó que Estocolmo reclama la extradición a Suecia (también actuando como cómplice de EE.UU.) y que Londres ha decidido priorizar ese pedido.

Gran Bretaña y Suecia se niegan a aceptar que Assange sea interrogado en Londres sobre las acusaciones de delitos eróticos que se le imputan.

Habría que considerar también la oportunidad y el carácter dudable de las acusaciones por el pretendido delito sexual – se alega que consistió en forzar al coito desprotegido- y los historiales de las denunciantes, identificadas como probables coagentes de la CIA estadounidense por antecedentes de su participación en acciones contra Cuba de esa agencia de inteligencia.

Assange niega las imputaciones, y sostiene que las relaciones sexuales que mantuvo con las mujeres que le acusan fueron consentidas.

Al valorar los peligros que enfrenta Assange hay que tomar en cuenta los precedentes de actuaciones en casos comparables en el sistema judicial de Estados Unidos en el trato de asuntos ligados a su política exterior.

“El trato brutal e ilegal dado a Bradley Manning y la histeria generalizada del gobierno y los medios sobre Assange”, ha opinado el prestigioso lingüista y filósofo norteamericano, Naom Chomsky, es prueba de cuan justificado es el asilo político que Ecuador le ha otorgado.

Sarah Palin, la ex candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos, sostiene que es un agente antiestadunidense con las manos manchadas de sangre a quien habría que perseguir con la misma saña que lo han sido Al Qaeda y los líderes del talibán. El demócrata Bob Beckel (director de la campaña de Walter Mondale en 1984) declaró en la cadena Fox que “Un muerto no puede andar filtrando cosas… sólo hay una forma de impedirlo: meterle un plomazo ilegalmente a ese hijo de puta”. La republicana Mary Matalin afirma: “Es un sicópata, un sociópata… un terrorista”. El representante Peter A. King califica a Wikileaks de organización terrorista que existe para aterrorizar a los belicosos y mentirosos que han llevado a la ruina a nuestra nación y a otras”. Altos representantes de ambos partidos lo definen como “terrorista de alta tecnología (high-tech terrorist)”.

Inicialmente Estados Unidos pretendió presentar el asunto como un problema que debe resolverse entre los gobiernos de Gran Bretaña, Ecuador y Suecia. Pero tan pronto se hizo evidente que Ecuador ejercería sus plenos derechos soberanos en el caso, apareció un editorial en el Washington Post advirtiendo que la concesión de asilo al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, “podría tener desastrosas consecuencias económicas para Ecuador” dado que el Congreso de Estados Unidos podría decidir, como respuesta a esa acción, una disminución de las preferencias comerciales otorgadas a ese país. El editorial del Post pregunta “¿Vale realmente Assange la pena?”.

Es sabido que Gran Bretaña presume de ser el más fuerte aliado de Estados Unidos. Lo demuestran ambos acompañándose en muchas fechorías bélicas y pillajes. Pero debe ser triste para los británicos ver a su nación, que fue reina de los mares del mundo, actuando como perrito faldero de la superpotencia estadounidense. Y cuánto ello contrasta con la actitud del presidente Correa que muestra al mundo que su país, y América Latina toda, son ya naciones soberanas a las que hay que respetar.

Agosto de 2012.

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