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“Cuba enfrenta una difícil situación económica pese a las reformas emprendidas por el Presidente Raúl Castro sin saber qué camino tomar: el chino o el vietnamita”. Tal es la orientación principal actual de la propaganda de Washington contra Cuba y su proyecto revolucionario.

La referencia a los procesos que han tenido lugar en China y en Vietnam no es muestra de reconocimiento de los logros de estos países bajo la conducción de sus respectivos partidos comunistas.

Por el contrario, los medios corporativos capitalistas, jamás reflejan las ventajas que han aportado estas dos naciones asiáticas de orientación socialista a los éxitos de sus economías mediante la subordinación de los mecanismos de mercado que utilizan en la actual etapa de su desarrollo post capitalista, a instancias centrales de control para aprovechar sus ventajas y atenuar los efectos negativos propios del orden mercantil en la sociedad.

China, Vietnam y Cuba tienen en común una cruenta historia de luchas revolucionarias libradas simultáneamente contra el subdesarrollo y el imperialismo. La experiencia de cada una puede ser aprovechada por las otras siempre que se tomen en cuenta las características y circunstancias distintas.

Comparar un proyecto revolucionario con otros procesos sociopolíticos de izquierda para promover la desunión y la desconfianza entre las fuerzas progresistas ha sido una línea de trabajo permanente de la reacción en el campo de las ideas.

El proyecto socialista chino pudo sacar al enorme país asiático de la miseria en que lo sumió el capitalismo y lo ha colocado en un cimero lugar mundial por su sostenido ritmo de desarrollo económico, tecnológico y científico.

El mérito por este salto corresponde por entero a su pueblo y a sus dirigentes comunistas que, con más aciertos que errores en su lucha contra el atraso feudal y las incoherencias del orden burgués, han sido capaces de convertir a China en el motor del desarrollo global actual, según reconoce la mayoría de los economistas.

China ha implantado la “economía de mercado socialista” y se sirve de los resortes del mercado y mecanismos característicos del capitalismo incipiente con mucha mayor amplitud que Cuba, entre muchas otras razones, porque las peculiaridades del desarrollo de la sociedad burguesa en uno y otro país eran bien diferentes al momento de iniciarse los cambios revolucionarios.

En la isla, la presencia de empresas norteamericanas había introducido elementos de socialización de la producción, el comercio y los servicios que eran propios del capitalismo más avanzado de la época, lo que permitió obviar, no sin dificultades e insuficiencias, etapas del desarrollo de las relaciones de producción propias del capitalismo elemental hacia las pre-socialistas.

China, por su gran extensión y potencialidades, así como por la prioridad que concedió a su desarrollo macroeconómico dado su carácter de gran potencia retrasada económica y tecnológicamente, encaró de manera distinta el asunto y optó por aprovechar las relaciones mercantiles, a nivel de base, de forma más amplia.

Vietnam, donde el capitalismo coexistió brevemente con una sociedad de economía muy primitiva afectada en su desarrollo por continuas agresiones contra su independencia nacional, debió enfrentar la descomunal tarea de reconstruir su país con su recurso más importante: la laboriosidad de un pueblo extraordinario.

Tras vencer en cruenta guerra a la potencia más poderosa y agresiva que la humanidad haya conocido, sin recursos financieros propios para cualquier otra opción, Vietnam ha desarrollado, desde 1986, un proceso de renovación que incluye una economía de mercado bajo orientación socialista.

Hoy Vietnam, que se ganó a base de heroísmo el derecho al desarrollo, es un país unificado, próspero, estable e integrado con grandes potencialidades en la vida internacional, cuyo objetivo es la construcción perspectiva del socialismo.

Cuba no ha podido desplegar aún todas sus potencialidades a causa de la guerra económica que le ha impuesto desde hace más de 50 años el gobierno estadounidense.

Pero, a partir de su experiencia propia y el aprovechamiento de la de otros países, ha decidido acudir a la ampliación de ciertos estímulos mercantiles bajo control estatal, como parte de su autóctono modelo de desarrollo.

Con dominio de la empresa pública, crecerá el papel de otras formas de propiedad y gestión –cooperativas, comunitarias, comunales, asociativas y privadas- cuando estas últimas aventajen a la estatal en términos de eficiencia de la gestión, no obstante su menor escala económica.

El pueblo cubano espera no tener que volver a regar sangre para salvaguardar la independencia; apuesta por su propio modelo de desarrollo, y confía en que, más temprano que tarde, el pueblo estadounidense forzará a la superpotencia a la sensatez.

Agosto de 2012.

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