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Dice un viejo adagio que nunca la noche es más oscura que cuando está próximo el amanecer.

Algo así ha sucedido en Colombia donde, para sorpresa de muchos y confusión de otros, se dio a conocer que entre la guerrilla revolucionaria antimperialista y el gobierno de la nación que ha disfrutado de la relación más privilegiada del continente con la superpotencia norteña, se ha llegado a un acuerdo para celebrar conversaciones exploratorias en busca de un diálogo de paz.

Ciertamente, la guerra interna de Colombia, fundamentalmente de origen clasista, se fue complicando cada día más a lo largo del medio siglo que ya lleva de existencia, con el desarrollo corruptor y criminal del narcotráfico, así como por las acciones terroristas de las bandas paramilitares.

Gracias al narcotráfico, Colombia ha recibido muchos miles de millones de dólares estadounidenses a través del llamado Plan Colombia, convirtiéndose en el tercer país receptor de ayuda extranjera en el mundo, después de Israel y Egipto (sin contar las guerras de Irak y Afganistán).

Se conoce que la CIA mantiene relaciones con el ejército colombiano y con fuerzas de seguridad de Colombia que cooperan con grupos paramilitares que a su vez están muy vinculados con el narcotráfico.

Washington y Bogotá firmaron el pasado año un acuerdo militar para instalar, con el supuesto fin de operar contra el narcotráfico, siete bases militares estadounidenses en territorio colombiano que constituyen una amenaza para la estabilidad y la soberanía de la región. Estas bases militares estadounidenses tienen como eje a la base aérea de Palanquero, en el centro de Colombia.

Por alarmante complicidad con el crimen organizado de altos círculos políticos, policíacos, militares y empresariales de la nación sudamericana, así como de las mismísimas agencias de Estados Unidos supuestamente a cargo de verificar el debido uso de la ayuda destinada a combatir el narcotráfico, Colombia ha sido considerada un narco estado penetrado en muchas de sus estructuras de gobierno por poderosos grupos de la delincuencia organizada.

Con patrocinio de funcionarios públicos, grandes terratenientes, hombres de negocios y oficiales militares corruptos se estructuraron formaciones paramilitares que aterrorizaban a los campesinos para garantizar impunidad para los negocios de los narcotraficantes, en supuesta campaña contra la guerrilla revolucionaria colombiana.

El Presidente Juan Manuel Santos ofreció en días recientes detalles desde la Casa de Nariño acerca de las conversaciones exploratorias para propiciar un diálogo de paz entre su gobierno y las FARC, y anunció el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto en Colombia.

“Este acuerdo no es ya la paz, ni se trata de un acuerdo final. Es una hoja de ruta que define con precisión los términos de discusión para llegar a ese acuerdo final”, dijo el Presidente.

Por su parte, el Jefe máximo de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, conocido como Timochenko, aseveró que “llegaba a la mesa de diálogos sin rencores ni arrogancia”.

Un vocero de las FARC consideró que nada va a ser fácil en el proceso pero “no hay nada que no se pueda discutir y a lo que no se le pueda hallar una solución en la mesa y llegar a un acuerdo”.

Los Diálogos de Paz comenzarán el próximo 8 de octubre en Oslo, Noruega, y posteriormente se trasladarán a La Habana, Cuba.

Los rebeldes aclararon que las FARC “nunca ha sido un aparato militar” y desde su origen “ha sido una guerrilla con amplio respaldo popular.

Desde todos los rincones del mundo llegaron inmediatamente muestras de satisfacción por el promisorio Acuerdo General para la Terminación del Conflicto, con las marcadas –aunque esperadas–excepciones del expresidente colombiano Álvaro Uribe y de Ileana Ros-Lehtinen, jefa de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, habitual vocero de la ultraderecha cubana de Miami en el Congreso estadounidense.

El Presidente Santos agradeció a los gobiernos de Cuba y Noruega por el apoyo brindado al desarrollo de los preparativos de esta negociación e informó que estos dos países seguirán actuando como anfitriones y garantes en la segunda fase.

También agradeció la permanente disposición del gobierno de Venezuela a brindar su ayuda al buen desarrollo de los trabajos previos, y al gobierno de Chile por haber aceptado dar su apoyo en la siguiente fase, en la que Venezuela y Chile serán acompañantes.

Ciertamente, se trata de una muestra fehaciente de la fortaleza que deriva para los países de America Latina de la incipiente unidad bolivariana que comienza a vislumbrarse como coronación de los anhelos de sus pueblos.

Septiembre de 2012.

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