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En entrevista con Osama bin Laden realizada por el periódico Ummat, de Karachi, Paquistán, y publicada el 28 de septiembre de 2001, 17 días después del supuesto ataque de al Qaeda contra las torres gemelas del World Trade Center y el Pentágono, el hipotético “cerebro” del 11 de septiembre declaró que él y al Qaeda no tenían nada que ver con aquel ataque.

“No estoy implicado en los atentados del 11 de septiembre en los Estados Unidos… Yo no tenía conocimiento de estos ataques, ni considero que la muerte de otros seres humanos, niños y mujeres inocentes, sea un acto apreciable… el gobierno de Estados Unidos debe encontrar a los atacantes dentro del país… hay una gran posibilidad de que participaran organismos de inteligencia de Estados Unidos… hay otro gobierno dentro del Gobierno de Estados Unidos”, expresó bin Laden entre otras cosas.

La BBC Mundo hizo pública la entrevista, traducida al inglés, el 29 de septiembre de 2001. Pero el sensacional desmentido de bin Laden no fue reportado por los medios impresos ni televisivos de Estados Unidos. No hubo investigación por parte del ejecutivo y a nadie en el Congreso llamó la atención que bin Laden negara su responsabilidad en la mayor humillación que haya jamás sufrido una superpotencia.

Si bin Laden hubiera reconocido que había burlado cuatro veces en una misma mañana a la NSA, la CIA, la DIA, al NORAD, el FBI, así como a todas las demás agencias estadounidenses de inteligencia, a todos los organismos de inteligencia de los países de la OTAN, a la Mossad de Israel, y además al Consejo de Seguridad Nacional, el control del tráfico aéreo y la Seguridad Aeroportuaria de EEUU, aquello habría constituido la mayor proeza en la historia del mundo, una hazaña que habría hecho de al Qaeda la organización antimperialista más exitosa en la historia de la humanidad, una extraordinaria victoria sobre “Satanás” que habría convocado a millones de nuevos reclutas a sus filas. Pero el presunto “cerebro” negaba toda responsabilidad en tales hechos.

Lo anterior es observado en un trabajo publicado en su página web por Paul Craig Roberts, el destacado analista político que fuera Secretario Asistente de Hacienda, editor asociado del Wall Street Journal y columnista de Business Week, actualmente domiciliado en Europa.

Son pocos los estadounidenses que conocieron de la entrevista del 28 de septiembre de 2001, pero son muchos los que vieron videos en los que una persona que afirmaba ser bin Laden asumía el crédito por los ataques. Fueron videos difundidos todos con posterioridad a que, en diciembre de 2001, el Observador de Pakistán, la prensa egipcia y Fox News reportaran el fallecimiento de Osama bin Laden a causa de una enfermedad pulmonar.

Bin Laden también sufría de una enfermedad renal por la que fue hospitalizado para un tratamiento de diálisis en el hospital militar paquistaní de Rawalpindi el 10 de septiembre de 2001, un día antes de 9/11. Así lo reconoció la cadena CBS de 28 de enero de 2002.

Un hombre que sufría una enfermedad terminal pulmonar y otra renal no habría podido sobrevivir una década hasta ser asesinado por los SEALs de la marina estadounidense que supuestamente lo mataron en Abbottabad.

Un vecino del condominio donde se afirma que residía y fue asesinado bin Laden en 2011 había denunciado, en una entrevista que le hizo la televisión paquistaní, la falsedad de la versión oficial sobre aquel asesinato. Solo la prensa alternativa reportó en Estados Unidos esta entrevista con el único testigo presencial de lo ocurrido.

Poco después del presunto asesinato, los 30 miembros de la unidad de SEALs ejecutora murieron en misterioso accidente en Afganistán y ni uno solo de los miles de marineros a bordo del portaviones Carl Vinson presenció el supuesto lanzamiento al mar del cadáver de bin Laden desde ese navío.

Aparentemente no resultó extraño a los medios ni al público que el gobierno estadounidense haya capturado y asesinado al cerebro del terror sin interrogarlo y sin conservar alguna evidencia o presentar testigos para apoyar la información oficial.

Un omnisciente bin Laden, aquejado de enfermedades terminales en el lejano Afganistán, derrotó al aparato de seguridad nacional de Estados Unidos y llevó a cabo un ataque contra el Pentágono, requiriéndose para la defensa de la superpotencia de una “guerra contra el terror” que ha destruido las libertades civiles de Estados Unidos y arruinado económicamente al país, con el fin de evitar el triunfo de quien en realidad había muerto por causas naturales en diciembre de 2001, considera Paul Craig Roberts.

Diciembre de 2012.