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La compleja controversia acerca de la cuestión migratoria que domina y fragmenta a la sociedad estadounidense ha incorporado un nuevo elemento al demostrar los resultados en el estado de la Florida de las recientes elecciones presidenciales que no es cierto que las presiones políticas del exilio cubano sean lo que obligue a la hostilidad hacia Cuba, siempre anunciada en las campañas de los candidatos y luego practicada por los gobiernos estadounidenses desde 1959.

¿Por qué la pequeña isla vecina juega con reglas diferentes a las de las demás naciones del tercer mundo en la política exterior de Estados Unidos?

¿Por qué motivo los cubanos tienen la singular ventaja de ser admitidos como futuros ciudadanos de los Estados Unidos -en ocasiones como héroes-, con solo declarar que son contrarios al gobierno de su país, esquivar a las autoridades encargadas de custodiar las fronteras y entrar al país “sin mojarse los pies”?

Esto contrasta agudamente con la forma en que son cazados como criminales peligrosos los mexicanos y centroamericanos que intentan cruzar la frontera, o los dominicanos y haitianos capturados en la travesía por mar y devueltos sin compasión… ni publicidad.

Desde noviembre de 1966, rige en Estados Unidos la Ley de Ajuste Cubano, herramienta de la política de Washington que, al tiempo que sirve propósitos publicitarios contra Cuba, promueve el robo de talentos de la Isla acosada en su desarrollo por el más largo bloqueo económico y financiero que haya conocido la Humanidad.

Esa legislación otorga automáticamente a los cubanos llegados a territorio de los Estados Unidos, lo mismo legal que ilegalmente, el derecho a adquirir la residencia permanente, tras un año y un día de su entrada al país. Ninguna otra nacionalidad del planeta tiene tal prerrogativa.

Esta ley fue diseñada para incentivar la emigración ilegal de Cuba a despecho de las consecuencias fatales que pueden derivar de una siniestra apuesta que a veces incluye una travesía por mar en la que frecuentemente los migrantes, además de la vida propia, pierden las de sus hijos menores de edad.

Así como el bloqueo busca causar hambre y desesperación en los cubanos, la Ley de Ajuste les invita a renunciar a los esfuerzos comunes por revertir tales condiciones brindándoles el privilegio de escapar a una sociedad opulenta, prohibida para otros ciudadanos del mundo subdesarrollado, a cambio de un poco de publicidad contra su país y el riesgo de sus vidas. ¡Cuánta sangre de cubanos embaucados por esta legislación ha sido derramada en el estrecho de la Florida en los últimos 46 años!

Los avances sociales y políticos de la revolución han logrado contrarrestar los esfuerzos de la superpotencia por quitarle al proyecto socialista cubano el apoyo patriótico popular masivo de que disfruta, pero los más de cincuenta años de guerra económica de Estados Unidos contra Cuba han impedido que la sociedad cubana se desmarque del síndrome migratorio común a América Latina y al Tercer Mundo en general.

La maquiavélica idea es que los inmigrantes convocados por la Ley de Ajuste Cubano sirvan como “evidencia del fracaso del sistema comunista imperante en la Isla, la ruina de su economía y el incremento de la represión política del régimen cubano”.

Estos emigrantes, como regla, son personas motivadas por aspiraciones de carácter económico o con familiares en Estados Unidos quienes, por cualquier motivo, no califican como migrantes legales de acuerdo a las reglas de cualquiera de los dos países, o de ambos, o que no se resignan a esperar su turno en las cuotas acordadas en los tratados migratorios.

Las motivaciones políticas, en los casos en que las hay, no están entre las prioridades de estos migrantes, aunque los medios corporativos de prensa les califiquen invariablemente de exiliados políticos, prófugos del comunismo, disidentes o luchadores por la libertad y la democracia, entre otros intencionados epítetos.

El objetivo declarado de la Ley de Ajuste Cubano de brindar protección a quienes quieren huir del comunismo fue siempre una falacia, pero tras la puesta en vigor de las nuevas normas jurídicas introducidas en la política migratoria cubana, esta ley ha quedado como uno de los principales obstáculos para lograr una migración ordenada, regular y segura.

Aunque ya se buscan nuevas excusas que sirvan para brindar alguna fundamentación a la extensión de la vigencia de esta ley por lo que ésta le ha reportado al imperio como medio para el robo de talentos, lo más sabio por parte de Washington sería derogarla sin acumular mas cargos a su largo historial genocida contra el Tercer Mundo.

Enero de 2013.

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