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Hay que construir monumentos y memoriales que perpetúen la memoria de
Trayvon Martin quien, con su muerte, se ha convertido en una figura
emblemática en la historia de Estados Unidos y del futuro de las
nuevas generaciones.
Así se pronuncia el activista político y social Tom Hayden, uno de los
fundadores del movimiento estudiantil que en los años 1960 se conoció
en Estados Unidos como “la Nueva Izquierda”, en un artículo titulado
“Trayvon murió por nuestros pecados” que apareció en “The Huffington
Post” el 19 de julio de 2013.
Sobre la historia de Trayvon Martin y del juicio a su asesino, el
vigilante George Zimmerman, se hablará y educará durante décadas. Las
versiones de esos hechos serán tan agudamente disputadas como el
veredicto absolutorio; los  políticos se verán obligados a recordarlo;
parques públicos y escuelas adoptarán su nombre. La foto de su juvenil
semblante será incluida en las galerías de mártires. Sus
demonizadores, en cambio, serán condenados a la vergüenza y el olvido,
pronostica Hayden.
“Por la muerte de Trayvon Martin siento una gran tristeza; por mi
país, temo que se sigan repitiendo una y otra vez horrores como los
asesinatos de jóvenes de color, no solo con impunidad para sus
asesinos sino también al amparo de sanciones judiciales”, asegura el
conocido activista radical, luchador contra las guerras imperialistas
de su  país y por el respeto a los derechos civiles de sus
conciudadanos.
El jovencito de 17 años Trayvon Martin, fue asesinado el 26 de febrero
de 2012 por el vigilante George Zimmerman cuando regresaba a la casa
de su padre tras realizar algunas compras de golosinas en un
establecimiento comercial cercano. Caminaba en la noche lluviosa, sin
portar arma alguna, por una urbanización privada de Sanford, ciudad
situada en el centro (sureste) del estado de la Florida.
El asesinato del joven negro y la posterior absolución de su ejecutor
por el tribunal que juzgó el hecho más de un año después del crimen,
han reinsertado en el debate nacional el tema del racismo que persiste
en Estados Unidos desatando una ola de indignación que se extiende más
allá de la comunidad afronorteamericana.
Por instrucciones del juez, el suceso criminal fue calificado como
“incidente”, fue prohibida cualquier referencia al racismo y se
dispuso que la consideración de los hechos debía partir del momento en
que se produjo el enfrentamiento físico entre el acusado y el
vigilante, sin considerar que previamente el vigilante se había
lanzado en acalorada persecución de Trayvon Martin pistola en mano,
profiriendo amenazas e insultos.
Hayden explica en su análisis que la evidencia de que la nación está
dividida violentamente se aprecia en el fracaso de un sistema de
justicia penal en el que se supone que prevalezcan la racionalidad y
objetividad, atributos que, en el caso de Trayvon y muchos otros,
están ausentes.
La manipulación del evento judicial se aprecia –según Hayden- en que,
cuando empezaron a conocerse los hechos, parecía que Trayvon era un
ángel caído, un buen chico sin antecedentes penales, agredido por un
vigilante totalmente fuera de sí. Pero poco a poco los fiscales y los
medios de prensa empezaron a sugerir que Trayvon era una amenaza
potencial a fin de alterar esta percepción inicial del joven
asesinado.
Se habló de hechos que nada evidenciaban a los efectos del juicio,
como algún antecedente de consumo de marihuana y de notas de suspenso
recibidas alguna vez en la escuela por Trayvon para inclinar a la
opinión pública y los medios de comunicación a una apreciación de
Trayvon como “sospechoso”, la misma conclusión que supuestamente llevó
a George Zimmerman a asesinarlo en aquella noche fatídica y lluviosa.
Fue necesario replantear también un escenario en que el vigilante
Zimmerman temió por su vida y cometió el crimen. Se hizo encajar a
Trayvon Martin en el perfil de un super-depredador, abominable figura
que los medios estadounidenses han delineado durante años para
predisponer a la opinión pública contra los adversarios del sistema.
En vez de inocente niño se le hizo aparecer como un joven agresivo con
características de “criminal terrible” con super-poderes que sólo
podría ser detenido por una bala directamente en el corazón.
Según Hayden, es posible que el juez, el fiscal, los seis jurados
floridanos y la mayoría de los que han dado su apoyo al veredicto
absolutorio de George Zimmerman no hayan actuado impulsados por
obsesiones raciales sino que estaban inconscientemente en las garras
de esos estereotipos, deformados por una sistemática campaña racista
que fanatiza tales prejuicios desde los tiempos iniciales la
esclavitud en Estados Unidos.
Julio de 2013.

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