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De la calidad y pureza de los sentimientos humanos, capaces de promover increíbles sacrificios individuales o colectivos en aras de objetivos superiores para la especie humana, hablan las virtudes y actitudes asombrosas que genera la lucha de los pueblos por la Paz.

Uno de los más elevados ejemplos de ello ha sido el de los cinco jóvenes cubanos que entregaron sus vidas al propósito de salvar a sus compatriotas, y a la humanidad toda, del flagelo terrible del terrorismo que, infiltrándose en las bandas auspiciadas por sectores extremistas de las élites del poder que rigen los destinos de Estados Unidos tienen en el sur del estado de la Florida un verdadero cuartel general de operaciones criminales.

Ellos asumieron el riesgo y, totalmente desarmados, penetraron las filas terroristas en Miami y lograron obtener las evidencias que eran necesarias para alertar a las autoridades policiales de Estados Unidos, que alegaban para su desidia, una supuesta falta de pruebas para actuar contra los preparativos criminales que Cuba venía denunciando y sufriendo dolorosamente.

Un avión civil cubano dinamitado en pleno vuelo con más de 70 pasajeros civiles a bordo, todos muertos; bombas en hoteles de turismo en Cuba con victimas mortales; asesinato en Nueva York de un diplomático cubano acreditado en la ONU, y múltiples acciones terroristas contra centros hospitalarios, escuelas y fábricas en la isla, no eran evidencia suficiente para que las autoridades estadounidenses se dispusieran a actuar contra los culpables, en evidente contubernio con éstos que frenaba a la justicia e impedía la convivencia pacífica entre ambas costas del Estrecho de la Florida.

Pero estos cinco valientes defensores de la Paz no vacilaron ante las circunstancias y en cumplimiento de su misión – con grave peligro para ellos y sus familias- penetraron las filas terroristas. Lograron tras ello hacer llegar al gobierno de Cuba abundantes pruebas fehacientes de los preparativos terroristas para que, por canales oficiales, se pusieran éstas en manos del gobierno estadounidense en su más alto nivel.

Así se hizo, pero el control criminal del ambiente policial y político en el estado de la Florida determinó que, hace por estos días 15 años, en vez de ser arrestados los terroristas, fueran apresados los valientes denunciantes,

Luego vendría una tortuosa manipulación de los procedimientos judiciales que condujo a abultadas penas de hasta tres cadenas perpetuas sin que se hubiera probado un solo muerto, herido o hecho de violencia imputable a los inculpados.

Se escondieron pruebas que obraban en poder del gobierno de Estados Unidos que desmentían las más graves acusaciones contra los cinco cubanos acusados; se ignoró la demanda de que el juicio tuviera lugar en un lugar distinto a Miami, donde no habían las mínimas condiciones para tener un proceso justo, y se financió, con pagos ilícitos a los medios y a numerosos periodistas corruptos, una intensa campaña de prensa para asegurar un ambiente de odio contra los acusados durante el juicio. A ninguno se le pudo probar siquiera el delito de espionaje por cuanto se evidenció claramente que ellos no habían buscado ni obtenido información alguna que pusiera en peligro la seguridad de Estados Unidos sino solo aquella relacionada con los preparativos terroristas de las bandas de emigrados extremistas cubanos.

Como no podían ser acusados de algo suficientemente grave para cumplir los objetivos políticos que se proponía la fiscalía, los cargos más importantes formulados contra ellos se limitaron a la acusación de “conspiración para cometer delito” que no exigía evidencias concretas que jamás existieron.

Y, para evitar la reacción de la población estadounidense contra tan escandaloso fraude legal, en la llamada “gran prensa” – que en Estados Unidos se conoce como “mainstream media”- se aplicó una política de rígida censura a la divulgación de las actuaciones judiciales y sobre las condenas solicitadas e impuestas.

Estos bravos luchadores por la paz han estado cumpliendo de manera ejemplar, y con sus frentes en alto, sus infames condenas en prisiones dispersas por el amplio territorio estadounidense.

A uno de ellos se le reconoció el cumplimiento total de su injusta sentencia y, tras una complementaria reclusión domiciliaria en territorio de Estados Unidos, pudo regresar a su patria y su familia, no obstante lo cual los cinco se mantienen articulados solidariamente hasta que todos juntos puedan disfrutar de libertad y celebrar el cumplimiento del deber patrio.

Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González son paradigmas del pacifismo revolucionario, apóstoles de la lucha por la Paz cuya injusta permanencia en cárceles estadounidenses constituye un baldón imborrable para la historia del sistema de justicia en Estados Unidos.

Su resistencia y lealtad patriótica ha confirmado la capacidad de la voluntad humana de vencer a la violencia guerrerista con actos de razón y sacrificio que ningún imperio puede impedir.

* Fragmento de la declaración formulada a nombre del Secretariado de Movimiento Cubano por la Paz en el IV Foro de la Sociedad Civil Cubana efectuado en La Habana el 20 de septiembre de 2013.

Septiembre de 2013.

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