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El anuncio oficial en Cuba de que se ha iniciado el proceso que llevará a la supresión de la dualidad monetaria que mantiene Cuba desde hace dos décadas constituye una noticia largamente esperada por la población cubana y de muy positiva significación para el proceso político de la Isla.

El colapso de la Unión Soviética provocó una grave crisis en la economía cubana solo comparable con la que indujo el bloqueo económico y comercial decretado contra Cuba por Estados Unidos en la década de los años 1960.

De repente, Cuba perdió en 1991 el 85% de sus importaciones y exportaciones, al cesar los intercambios con la URSS y los países del bloque socialista europeo.

El PIB cubano se redujo de pronto en un tercio. En el momento más crítico para Cuba de la década de los 90, los grandes avances experimentados por la isla en materia de distribución de la riqueza permitieron evitar la hambruna, pero la población entera sufrió una ingente escasez de alimentos y transporte, la mayor parte de las industrias y proyectos agrícolas sufrieron parálisis o un descenso severo de sus producciones y los más ambiciosos planes de desarrollo debieron ser postergados.

La situación se agudizó a causa de las diversas acciones del gobierno de Estados Unidos que pretendió aprovechar la calamidad para poner a Cuba de rodillas apretando las tuercas del bloqueo. Fueron aprobadas a ese fin las denominadas leyes Torricelli y Helms-Burton; se reforzaron las acciones contra los infractores del bloqueo y se anunciaron y ejecutaron nuevas medidas contra transgresores.

La población cubana valoró la situación como un “segundo bloqueo estadounidense”.

Cuba elaboró y puso entonces en práctica contra el bloqueo un complejo de medidas defensivas que se conocieron como “período especial en tiempos de paz”, por ser una adaptación a la nueva situación de una estrategia denominada “Período Especial para tiempos de guerra” elaborada algunos años antes para el enfrentamiento a un eventual bloqueo total de los Estados Unidos.

El programa del período especial consistía esencialmente en varías medidas económicas encaminadas a obtener, en el corto y mediano plazo, ingresos en divisas convertibles extranjeras que permitieran al país disponer de capacidad de compra en el mercado internacional de producciones tan esenciales como el combustible y los alimentos.

Requisito básico para el funcionamiento del programa del período especial se consideró el establecimiento de un sistema de doble moneda: que propiciara los mecanismos imprescindibles para ingresar la moneda extranjera que permitiera la supervivencia de la economía del país manteniendo los principales logros de la revolución en el terreno social y diera continuidad – hasta donde fuera posible- a algunos planes estratégicos de desarrollo.

El sistema de dualidad monetaria resultaba imprescindible para promover las remesas de los cubanos que viven en el extranjero -principalmente en los Estados Unidos- como una importante fuente de divisas. Para ello se creo también una red de tiendas especiales para la venta en moneda convertible de mercancías no disponibles en los establecimientos comerciales del país.

La dualidad monetaria era requisito igualmente para promover, en las condiciones existentes, las inversiones extranjeras llamadas a aportar capital, tecnología y mercados para sus producciones.

La doble moneda era una necesidad para emprender el desarrollo masivo del turismo extranjero que se valoró como la mejor fuente de rápida recuperación del capital.

Inicialmente, se intentó, con la despenalización de la tenencia y la circulación comercial del dólar estadounidense desempeñara el papel de moneda convertible en el mercado interno mientras durara la crisis. Pero Washington decretó la penalización con millonarias multas de los bancos extranjeros que convirtieran en moneda bancaría utilizable en el comercio internacional los dólares estadounidenses físicos recaudados en el comercio interior. Ello determinó la creación en 1994 del peso cubano convertible (CUC), en vez del dólar.

En todo momento se valoraron las desigualdades sociales y otros grandes riesgos que correría el país con la introducción o expansión de mecanismos propios del capitalismo en el proyecto económico socialista. Pero no había alternativa en aras de garantizar la continuidad del proceso revolucionario.

La nada simpática doble moneda ha servido en buena medida a Cuba como importante mecanismo económico de apoyo para mantener abiertos los hospitales y las escuelas y, con ello, la posición del país como líder en educación y salud en América Latina y el tercer mundo, no obstante los sacrificios y riesgos.

Cuando próximamente desaparezca la dualidad monetaria en Cuba, habrá que recordar la medida de su creación como una audaz y exitosa acción defensiva de proceso revolucionario cubano contra la política imperialista de Washington.

Octubre de 2013.

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