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Convocada por la prensa judía de Estados Unidos y las organizaciones judías de Washington DC tuvo lugar en horas del mediodía del martes 3 de diciembre, una manifestación en el parque Lafayette, frente a la Casa Blanca, para exigir al Presidente Barack Obama voluntad y decisión política para obtener la libertad y el regreso a casa de Alan Gross, en ocasión de cumplirse ese día el cuarto aniversario de su encarcelamiento en Cuba.

Ese mismo día, Alan Gross y su esposa Judy Gross dirigieron al Presidente -con el mismo propósito- sendas carta

s publicadas en varios medios de la prensa corporativa estadounidense.
Gross es un ciudadano estadounidense de familia judía que fue detenido en La Habana en diciembre de 2009 cuando se preparaba para regresar a Estados Unidos tras lo que resultó ser el quinto y último de sus viajes a la isla ejecutando una misión clandestina como subcontratista al servicio de una compañía conocidamente pantalla de los servicios secretos estadounidenses.
El tribunal que lo juzgó en La Habana con todas las garantías del ordenamiento jurídico cubano le condenó a 15 años de prisión por delitos contra la seguridad y la soberanía del estado cubano. Ingenuos argumentos de su defensa acerca de que su misión era facilitar las comunicaciones de la reducida comunidad judía en Cuba se desmoronaron por completo, ante testimonios de líderes de la comunidad judía en Cuba que atestiguaron que nunca han carecido de posibilidades y recursos para sus comunicaciones mas allá de las limitaciones que impone a todos los cubanos el bloqueo estadounidense que afecta a la isla desde hace medio siglo.
Según trascendió en el juicio, la misión de Alan Gross consistía básicamente en habilitar redes de comunicación no detectables por los sistemas de defensa de Cuba que servirían para los propósitos subversivos estadounidenses destinados a desestabilizar y derrocar al gobierno legítimo de la Isla siguiendo el modelo utilizado por Washington en el Medio Oriente para forzar cambios de gobiernos. Alan Gross trabajaba directamente para la empresa contratista Development Alternatives Inc., del estado de Maryland, en EE.UU. que, a su vez, ejecuta contratos de la Agencia Estadounidense de Ayuda al Desarrollo (USAID), una de las agencias gubernamentales participantes en el programa global de la CIA para la “promoción de la democracia”. En la manifestación en el parque Lafayette participaron Judy Gross, esposa del prisionero, y funcionarios del Consejo Superior de Relaciones de la Comunidad Judía en Washington DC, así como
representantes de otras religiones.
En su carta a Obama, Alan Gross le reitera que vino a Cuba enviado por Estados Unidos como contratista de un proyecto oficial de la USAID que venía cumpliendo según los términos del contrato.
“Con todo respeto, señor Presidente, me temo que mi gobierno –al que servía cuando empezó esta pesadilla- me ha abandonado… He cumplido con orgullo las misiones que me ha encargado mi país durante casi 30 años, incluso asumiendo riesgos para mi seguridad. El 3 de diciembre de 2009 las autoridades cubanas me arrestaron por haber realizado estas actividades. Una corte cubana concluyó que aquello que yo vine a realizar en Cuba constituía un intento de subvertir al gobierno cubano mediante la distribución de sistemas de comunicaciones fuera del control gubernamental cubano… Fui condenado por actos contra la independencia e integridad territorial del estado… Mi sentencia fue de 15 años… Para mí está claro que sólo con su intervención personal se puede obtener mi liberación”.
La carta a Obama de Judy Gross, relata las consecuencias familiares y sentimentales que han derivado de la situación en que se encuentra la familia del prisionero y espera que los gobiernos de Estados Unidos y Cuba oigan sus ruegos.
“Alan fue a Cuba por encargo de nuestro gobierno y depende de nuestro gobierno lograr su regreso seguro a su familia… Me niego a aceptar que nosotros, como nación, abandonemos a un ciudadano nuestro a su suerte. Me niego a rendirme”.
El mismo día 3 de noviembre el gobierno cubano reiteró su disposición de liberar a Gross si Estados Unidos hace lo mismo respecto a cuatro héroes antiterroristas cubanos luchadores por la paz que aún permanecen prisioneros en EE.UU., de los cinco que fueron
sentenciados en 2001 a infames condenas por haber infiltrado las bandas de extremistas cubanos auspiciados por la CIA que promueven la subversión en Cuba desde la Florida.
Washington, hasta ahora, se ha mostrado indiferente ante la
disposición de Cuba, pese a que ésta supone que La Habana haya de consentir a un pacto que equipararía motivaciones y condenas de naturaleza tan diferentes entre sí como el mercenarismo y el patriotismo, la arbitrariedad y la justicia.
Evidentemente, Gross ha sido abandonado por aquellos que reclutaron sus servicios con pleno conocimiento de los peligros que implicaba su participación en un acto tan grave contra la soberanía y la dignidad de los cubanos.

Diciembre 3 de 2013.

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