EL TEA PARTY Y LA POLITICA MIGRATORA DE EEUU

Por Manuel E. Yepe

Una encuesta destinada a conocer el sentir de los ciudadanos estadounidenses acerca de la problemática de los inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos, desde la perspectiva de sus filiaciones partidistas, arrojó un significativo saldo.
La pesquisa se llevó a cabo en junio último a partir de una sola pregunta “¿cómo debía tratar el sistema inmigratorio el problema de los inmigrantes que actualmente viven ilegalmente en EEUU?”. El 62 % del total de estadounidenses, el 70% de los demócratas, el 61 % de los independientes y el 51 % de los republicanos apoyaron la formulación de un mecanismo para que los inmigrantes ilegales que ya viven en Estados Unidos puedan acceder a la ciudadanía.
Sin embargo, entre quienes se identifican como miembros del Tea Party, el 37 % es partidario de “descubrir y deportar a todos los inmigrantes indocumentados” y apenas una proporción similar respalda la búsqueda de un camino hacia la ciudadanía para los que actualmente viven ilegalmente en el país.
En artículo publicado en la más reciente edición de la revista “The Week”, basándose en datos de la encuesta, realizada en junio último por el Instituto Público de Investigación Religiosa y el Instituto Brookings de investigaciones sociológicas, el periodista Peter Weber, resaltó una singular excepción en la oposición del Tea Party a tal “amnistía” migratoria: Cuba.
Desde 1966, los inmigrantes cubanos han tenido expeditas las vías para la inmigración ilegal, gracias a la ley de ajuste cubano y sus objetivos propagandísticos. Los inmigrantes cubanos no mienten acerca de sus circunstancias, viajan sin regirse por las mismas reglas que los inmigrantes económicos de los demás países porque pueden hacerlo en virtud de los privilegios que les concede esta ley.
Un ajuste de procedimiento hecho en 1995, implantó la política de “pies mojados, pies secos” que establece que todos los cubanos que llegan a la costa son elegibles para la residencia legal en el país después de un año y eventualmente a la ciudadanía. En otras palabras, son amnistiados al llegar.
Paradójicamente, los dos políticos latinoamericanos a quienes más se identifica con el Tea Party, los senadores republicanos Ted Cruz (de Texas) y Marco Rubio (de Florida), son cubanoamericanos y
supuestamente beneficiados, directa o indirectamente, por los privilegios que otorga este especial camino a la ciudadanía. La base política de Rubio está en South Florida, donde habita una amplia comunidad cubano estadounidense que se nutrió grandemente con los “beneficiados” por la ley de ajuste. Los padres cubanos de Rubio llegaron a la Florida en 1956, tres años antes del triunfo de la revolución, por lo que pudieron viajar ida y vuelta entre Cuba y Estados Unidos sin problemas hasta que obtuvieron su ciudadanía en 1975.
El caso de Ted Cruz es diferente por cuanto él se precia de que sus padres nunca vivieron ilegalmente en Estados Unidos y eso le permite presentarse hoy, desde el Tea Party, como uno de los principales oponentes de la amnistía reclamada por los inmigrantes indocumentados. Weber cita al comentarista radial conservador Rush Limbaugh, cuyo espacio radial se difunde por más de 600 emisoras de todo Estados Unidos, quien a principios de 2013, durante el apogeo de la fiebre de reforma migratoria tras las elecciones de los republicanos,
recomendara a ese partido abandonar su quijotesca misión dirigida a conquistar a los latinos. “Creen que los inmigrantes hispanos son conservadores por antonomasia usando como modelo al exilio cubano. Pero el modelo del exilio cubano ya no es el dominante sino el de los inmigrantes mexicanos. Y eso — según Limbaugh —conduce a una visión totalmente diferente de América”.
Como el Tea Party no es oficialmente un partido político, no tiene una plataforma oficial. Pero en los lineamientos del partido republicano para 2012 podemos hallar un sucedáneo aceptable: El partido
republicano “reafirma los principios de la ley de ajuste cubano de 1966, reconociendo los derechos de los cubanos que huyen del comunismo”.
Con respecto a toda otra inmigración, la plataforma 2012 del partido republicano es menos complaciente:
“Reconocemos que para la mayoría de aquellos que buscan la entrada en este país, la falta de respeto por el imperio de la ley en sus países de origen ha significado la explotación económica y la opresión política por las elites corruptas. En este país, el imperio de la ley garantiza la igualdad de trato a todos los individuos… Es por ello que nos oponemos a cualquier forma de amnistía para quienes, por violar intencionalmente la ley, han perjudicado a quienes la han obedecido. Conceder Amnistía sólo premia y estimula la violación”. Hay que recordar, —concluye el periodista Peter Weber—, que cuando los políticos del Tea Party y sus seguidores demandan el fin de la “amnistía” para los inmigrantes, no se oponen a ella por cuestión de principios, sólo se oponen a ella para ciertos grupos.
Septiembre 27 de 2014.

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