WASHINGTON PAGA PROTESTAS EN HONG KONG

Por Manuel E. Yepe

Al igual que Estados Unidos admitió, poco después de que la llamada “primavera árabe” comenzara a esparcir el caos por todo el Medio Oriente, que había financiado, entrenado, equipado y armado con varios años de antelación a líderes de los grupos terroristas en combate, ahora todo el mundo sabe que Washington, por medio de su Departamento de Estado, y auxiliándose de un sinnúmero de organizaciones y ONGs está detrás de las supuestas protestas en Hong Kong identificadas como “Occupy Central”, escribe en la revista digital Activist Post el periodista Tony Cartalucci.
El Washington Post publicó en un artículo titulado “Hong Kong entra en erupción mientras China aprieta las tuercas de su sociedad civil” que los dirigentes chinos, preocupados por las protestas en otros lugares han ido apretando constantemente controles sobre las organizaciones civiles sospechosas de llevar a cabo trabajos por encargo de potencias extranjeras.
“La campaña pretende aislar a China de ideas subversivas occidentales como la democracia y la libertad de expresión, así como de la influencia, específicamente, de grupos estadounidenses que pueden estar tratando de promover esos valores”, según el WP.
La campaña es larga, pero ha sido asumida con vigor por el presidente Xi Jinping, especialmente después del derrocamiento del Presidente ucraniano Viktor Yanukovych en los meses siguientes a las
manifestaciones callejeras en Kiev que fueron vistas por Beijing como acciones explícitamente apoyados por Occidente.
Según el WP “un experto en política exterior que le habló a condición de anonimato dijo que Putin había llamado a Xi para compartir su preocupación sobre el papel de Occidente en Ucrania. Están muy preocupados por las revoluciones de colores, y por lo que está ocurriendo en Ucrania.”
Financiada por el Congreso estadounidense con el simulado objetivo de promover la democracia en el extranjero, la National Endowment for Democracy (NED) ha sido vista durante mucho tiempo con recelo u hostilidad por las autoridades chinas. Pero la red de la sospecha se ha ampliado para abarcar otros grupos estadounidenses como la Fundación Ford, el Instituto Republicano Internacional, el Centro Carter y la Fundación Asia.
Por supuesto, la NED y sus subsidiarias -incluido el Instituto Republicano Internacional y el Instituto Democrático Nacional- no promueven la democracia -agrega el autor-, están en el negocio de construir una red global de administración neo-imperial que llaman “sociedad civil” y enclaves en muchas “instituciones internacionales” de Occidente que a su vez son totalmente controladas por intereses en Washington, sobre todo de Wall Street, y de Londres y Bruselas. El concepto de “promoción de la democracia” que Washington maneja es indecoroso porque encubre el objetivo real, en sí mismo escandaloso, de ampliar su agenda hegemónica más allá de sus fronteras y a expensas de la soberanía nacional de otros pueblos e incluso de los
estadounidenses mismos.
En 2011, revelaciones similares fueron hechas públicas en Estados Unidos por el New York Times, en un artículo titulado “Grupos estadounidenses ayudaron a nutrir los levantamientos en la llamada “primavera árabe”. Señalaba el informe que un número de los grupos e individuos directamente implicados en las rebeliones y las protestas que barrían la región, incluyendo el Movimiento juvenil 6 de abril en Egipto, el Centro por los derechos humanos de Bahrein y activistas comunitarios como Entsar Qadhi, un líder de la juventud en Yemen, habían recibido capacitación y financiamiento de entidades como el Instituto Republicano Internacional, el Instituto Nacional Demócrata y Freedom House, organización apócrifamente defensora de los derechos humanos con sede en Washington.
Los institutos Republicano y Demócrata son filiales libres de los respectivos partidos que controlan el escenario político de Estados Unidos. Fueron creados por el Congreso y se financian a través de la National Endowment for Democracy, creada en 1983 como canal de subvenciones para “promover la democracia” en los países en
desarrollo. La National Endowment recibe anualmente unos $ 100 millones del Congreso. Freedom House también obtiene la mayor parte de su dinero del gobierno estadounidense, sobre todo del Departamento de Estado.
La reaccionaria agenda de Occupy Central que respalda EEUU incluye la vergonzosa forma en que explotan las buenas intenciones de muchos jóvenes que, atraídos por una engañosa propaganda, se entregan a una amenaza mucho más real que la que ellos alegan representa Beijing para la isla de Hong Kong y su pueblo.
Esperemos que el pueblo chino, y los muchos pueblos del mundo que observan el desarrollo de “Occupy Central” comprendan el gambito que se les propone y puedan detenerlo antes que deje un saldo de víctimas de la magnitud que ha dejado en Libia, Siria, Ucrania, Egipto, y muchos otros países, concluye el periodista Tony Cartalucci en Activist Post.
Octubre 4 de 2014.

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