LA TELENOVELA GUATEMALTECA
Por Manuel E. Yepe

La situación política interna en Guatemala en los últimos meses tiene gran parecido con una telenovela política, con escándalos de corrupción en los más altos niveles de gobierno, protestas en las calles, y con el ex presidente y su ex vicepresidente encarcelados en espera de juicio.
Para colmo, un famoso comediante ha sido electo Presidente de la República con un amplio respaldo popular pero no es recibido con beneplácito por los políticos tradicionales y surgen interrogantes acerca de los vínculos que pudieran unirlo a las fuerzas armadas, particularmente temidas en ese país, dada la triste historia de su participación en la política guatemalteca, de la mano de la CIA estadounidense, en el nefasto período de 1964 a 1980 y su brutal papel represivo en la guerra civil de Guatemala de 1960 a 1996.
En la vida real, el popular actor Jimmy Morales, quien, junto con su hermano Sammy, ha protagonizado durante más de 15 años un muy popular y exitoso programa televisivo humorístico semanal titulado
“Moralejas”, fue electo Presidente de la Nación como candidato del Frente de Convergencia Nacional (FCN).
El recién elegido Presidente ha citado como su fuente preferida de inspiración a la película satírica “El gran dictador”, producción de los años 1940 en la que Charlie Chaplin hace burla del tirano Adolfo Hitler. “No hay ninguna película de contenido tan fuerte como esa- y se hizo a partir del humor,” según su opinión.
“El humor abre puertas que me permiten transmitir mensajes
importantes,” ha reiterado Jimmy Morales a raíz de de su victoria electoral.
Sin embargo, se supone que Morales es bien visto por las fuerzas armadas porque al partido político que lo respaldó en su elección, el FCN, se le atribuye una relación estrecha con los más altos mandos militares.
Jimmy Morales se pinta a sí mismo como un hombre de pueblo. Ha dicho, luego de su victoria electoral, que el humor con puertas muy abiertas, le ha permitido transmitir mensajes importantes”.
La consigna propagandística que escogió Jimmy Morales para su campaña por la presidencia fue “Ni corruptos ni un ladrón”. El lanzamiento de tal consigna, por su contenido, no pudo tener lugar en momento más preciso y ni mejor.
Enarbolando esa consigna de campaña, Jimmy Morales se situó al frente de los trabajos de organización de manifestaciones que comenzaron a salir a las calles en protestas masivas semanales contra el gobierno en abril del pasado año 2015.
Las protestas fueron motivadas por un informe de un organismo de las Naciones Unidas que acusaba a varios políticos guatemaltecos de alto nivel de tener vínculos con el llamado anillo de corrupción que involucraba a la agencia de aduanas del país y denunciaba una corrupción generalizada que alcanzaba hasta los niveles más altos de la nación, entre los cuales se incluían el entonces Presidente Otto Pérez Molina y la Vicepresidente Roxana Baldetti, ambos ahora encarcelados en espera de juicio.
Morales ha declarado que se dio cuenta de que debía hacer algo por su país en 1999, cuando estudiaba en España. Lejos de casa comprendió, según ha manifestado, cuánto ama a Guatemala y cuánto dolor le causaba ver lo que estaba sucediendo en su país.
Pero no encontró el momento apropiado para involucrarse en la política nacional hasta 2008.
A pesar de ser visto como una persona ajena a la política, ha habido en la población preocupaciones por el hecho de que el partido que lo postulara tenga vínculos tan estrechos con el ejército nacional. Morales se atribuye como un mérito el haber logrado que el pueblo haya recuperado cierta confianza en los políticos porque, gracias a él, “mucha gente comenzó a creer que política no era sinónimo de corrupción”.
Muchos de sus detractores, no obstante, consideran que su mensaje de lucha contra la corrupción es insuficiente, porque sus acusaciones se limitan a unos pocos políticos del más alto nivel, cuando en verdad el número de corruptos no era ni es tan reducido y algunos de los actuales colaboradores de Morales eran tan deshonestos como los denunciados, pero oportunistamente cambiaron de bandera.
“Hemos visto su popularidad, su capacidad para comunicarse con la gente y empatizar con sus problemas”, ha dicho un analista político en la investigación social en Guatemala. “Queda por verse si puede aprovechar su popularidad en una agenda política fiel al pueblo”. Enero 28 de 2016.

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