RED VOLTAIRE Y EL PROXIMO PRESIDENTE DE USA
Por Manuel E. Yepe

El periodista y activista político francés Thierry Meyssan, fundador y presidente de la Red Voltaire, “asociación periodística para la promoción de la libertad de conciencia y expresión”, es considerado el más avezado investigador de partidos y organizaciones de extrema derecha a escala mundial.
En julio de 2005, el Departamento de Estado publicó una declaración que lo presenta, tanto a él como a su asociación, la Red Voltaire, como las principales fuentes de desinformación sobre Estados Unidos en el mundo.
Todo ello hace particularmente interesante conocer cómo este destacado periodista investigador francés analiza las perspectivas de los próximos comicios en esa nación de Norteamérica.
Thierry Meyssan estima que lo único que realmente está en juego en la elección presidencial es el poder de los WASP (blancos anglosajones protestantes), que no se ha visto nunca cuestionado desde los tiempos de la Declaración de Independencia.
“La primera excepción apareció, en 1961, con el católico irlandés John F. Kennedy, quien permitió resolver pacíficamente el problema de la segregación racial. La segunda apareció en 2008, con el negro kenyano Barack Obama, cuya elección permitió ofrecer una imagen de integración racial.”
Pero Kennedy y Obama no utilizaron su poder como presidentes para renovar la clase dirigente. Tampoco pudieron hacer nada para contrarrestar el poder del complejo militar-industrial, a pesar de que Kennedy había prometido un desarme generalizado y Obama había prometido el desarme nuclear. Cierto es que a los dos les habían impuesto como vicepresidentes a representantes del complejo
militar-industrial –Lyndon B. Johnson y Joe Biden–, garantizando así una posibilidad de reemplazo, que fue utilizada en el caso de Kennedy. El republicano Donald Trump, con su lenguaje descaradamente franco, encarna un populismo que se sitúa en los antípodas de lo políticamente correcto que tanto estiman los WASP.
Ted Cruz es un hispano “convertido” al protestantismo evangélico, lo cual hace de él un WASP en el plano intelectual.
Su designación permitiría realizar una operación comparable a la de la elección de Obama, mostrando esta vez una voluntad de integrar a los latinos, después de haberle acariciado el lomo a los negros. Aunque su candidatura fue lanzada por una firma que trabaja simultáneamente para la CIA y el Pentágono, Ted Cruz es un personaje totalmente artificial a quien le costaría mucho trabajo meterse en el traje de presidente. En cuanto a la abogada Hillary Clinton, cuya elección permitiría ofrecer una imagen de integración de la mujer, son inquietantes su comportamiento irracional y sus crisis de furia.
Meyssan omite en su análisis los programas de los candidatos, porque “en la filosofía política local ese factor no cuenta”. Los candidatos no tienen programa sino “posiciones” sobre ciertos temas, para obtener “respaldos”. En un mitin electoral, un candidato nunca presentará su visión del mundo sino que mencionará la lista de respaldos que ya tiene de su parte para invitar a otras comunidades a confiar en él para que las defienda. Es por esa razón que en Estados Unidos la traición política no es cambiar de partido sino actuar contra los supuestos intereses de su comunidad.
La originalidad de esta manera de ver las cosas reside en el hecho que los políticos no están obligados a mantener una coherencia en su discurso sino sólo a mantener coherencia entre los intereses que defienden.
En opinión de Teyssan, no habría mucha diferencia entre la política que podrían aplicar el “evangelista” Ted Cruz, la “feminista” Hillary Clinton o el “marxista” Bernie Sanders.
Los tres se verían obligados a seguir los pasos de George W. Bush y Barack Obama. Ted Cruz recurre a la Biblia y habla a un electorado religioso del regreso a los valores de los “Padres Fundadores”. Hillary Clinton hace una campaña dirigida principalmente a las mujeres y da por seguro que cuenta con el voto de quienes se enriquecieron bajo la presidencia de su esposo.
Mientras tanto, Bernie Sanders denuncia que un 1% de la población estadounidense acapara las riquezas y lanza un llamado a redistribuir esa riqueza. Quienes lo apoyan sueñan con una revolución, con la cual se beneficiarían sin tener que hacerla.
Sólo la elección de Donald Trump implicaría un cambio del sistema. Contrariamente a sus declaraciones, Trump es el único candidato racional, porque no es un político sino un hombre de negocios. Trump no sabe nada sobre los temas que tendría que abordar como presidente y cuáles no. Se limitaría a tomar decisiones a medida que establezca alianzas, con las ventajas y desventajas que ello implicaría. Según criterio del líder de la Red Voltaire, es imposible predecir quién será el próximo presidente pero sí puede afirmarse que, por irremediables razones demográficas, el sistema se derrumbará por sí solo en los próximos años, en la medida que los anglosajones se sigan convirtiendo en minoría en Estados Unidos.
Abril 10 de 2016.

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