DONALD TRUMP Y SU PSICOPATOLOGIA
Por Manuel E. Yepe

Nadie en el mundo duda que un triunfo electoral de Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos significaría un golpe devastador para los estadounidenses que luchan por salvar la democracia evitando un retroceso y un desplazamiento a la derecha en la política del país mayor aún que lo que provocó en 1980 la elección de Ronald Reagan.
El sector políticamente más avanzado de la ciudadanía de los Estados Unidos teme, justificadamente, que la superpotencia única mundial vive tiempos cruciales en los que el fascismo proyecta su sombra nefasta. La base social de Trump se compone de una alianza de grandes millonarios junto a franjas de la clase media baja, que ya dio lugar a otros engendros por el estilo del Tea Party. El mayor peligro yace en su base social y va más allá de las elecciones.
La lucha de clases que resiste a esta alianza se concentra, por ahora, en comunidades como los inmigrantes, las mujeres y el movimiento Black Lives Matter (BLM) y no en la clase obrera, en la que tiene un nivel relativamente bajo. Pero si se quiere frenar el ascenso de la derecha y ponerle alto a sus ataques xenófobos, es imperativo que los inmigrantes, el movimiento BLM, las mujeres y la juventud se alíen para fortalecer a los sectores en lucha oprimidos por el capitalismo estadounidense.
Trump ha recibido calificativos de megalómano, paranoico, racista, xenófobo…Pero, en un discurso pronunciado en el tercer día de la Convención Nacional Demócrata, el ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg cuestionó claramente la sanidad mental del candidato republicano la presidencia de Estados Unidos. “¿Será que solo dice cosas locas, o dice esas cosas locas porque está realmente loco?”. Ello alentó que profesionales respetados e influyentes de salud mental en esa nación evaluaran la estabilidad emocional de Donald Trump, violando por consideración de urgencia el código de conducta promulgado por la American Psychiatric Association que previene contra la formulación de declaraciones acerca de personalidades públicas que no hayan sido formalmente evaluadas.
El comentarista político William Blum, en su muy leída columna que publican medios progresistas de prensa estadounidenses, advierte que si Donald Trump resultara elegido Presidente de Estados Unidos, se convertiría en el ocupante de la Oficina Oval más discapacitado psíquicamente desde que lo fuera Richard Nixon, “cuya paranoia extrema nos trajo Watergate y precipitó la crisis constitucional más trascendente de finales del siglo XX”.
“Normalmente, quien como yo tiene licencia para practicar leyes en vez de psicología, -escribe Blum- preferiría quedarse fuera del debate y permanecer en su zona de confort del tradicional comentario jurídico y político, comprometido a poner en evidencia las carencias políticas de los candidatos”.
“Pero Donald Trump ha conseguido el visto bueno del partido
republicano para aspirar a Presidente en una elección que lo haría comandante en jefe de la nación más poderosa que el planeta ha conocido. Como tal, al igual que la candidata presidencial del partido demócrata, Hillary Clinton, merece mayor control, tanto en cuanto a la política como a su personalidad”.
“Algunos lectores, particularmente en la izquierda progresista, pueden discrepar de mi enfoque e incluso preguntarse si no es una pérdida de tiempo examinar la psique de un Presidente o un aspirante presidencial, recordando que fue un paranoico como Nixon quien puso fin a la guerra de Vietnam y abrió la puerta a la normalización de las relaciones con China”, advierte Blum.
Tras consultar a varios especialistas, Blum ha consensuado un diagnostico que indica que Trump padece un Trastorno Narcisista de la Personalidad que es descrito como “perturbaciones que hacen a las personas sentirse y comportarse angustiosamente en sociedad, limitando su capacidad de funcionar en sus relaciones personales y en otras áreas de sus vidas como el trabajo o la escuela”.
Según Blum, Trump encarna en el escenario electoral de Estados Unidos una sociedad brutalmente condicionada para aceptar un dictador en el futuro.
Trump encarna el sentir del estadounidense conservador que ve en él la recuperación del poder mundial, minado en Siria por Rusia y
mercantilmente por China. Es una realidad galopante sobre un personaje que busca el poder basado en la superioridad racial.
Si Trump llegara como encarnación fascista a la candidatura
presidencial en Estados Unidos, sería resultado del trabajo de la ultraderecha y su bien montado poder mediático.
El péndulo político en ese país se ha inclinado a los extremos desde la elección de Obama. Todo se ha radicalizado y, como señala Blum, aun si Trump pierde las elecciones por la presidencia, el país se habrá polarizado adicionalmente.
Agosto 9 de 2016.

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