LOS LÍMITES DE LAS LIGEREZAS DE TRUMP
Por Manuel E. Yepe
“El uso de los sistemas rusos de defensa antiaérea por parte del Ejército sirio como respuesta al ataque con misiles de Estados Unidos habría provocado un conflicto nuclear que no se produjo solo gracias al autocontrol que mostró Vladímir Putin en su carácter de comandante supremo de Rusia”, según lo declaró al diario Izvestia el miembro de la Academia de Ciencias Militares de la Federación Rusa Serguéi Sudakov.
“Muchos ciudadanos rusos consideran que Rusia debió repeler la agresión. Pero quienes eso piensan pasan por alto que, de haber sido así, el derribo de misiles estadounidenses habría provocado un cuadro de conflicto nuclear entre dos potencias nucleares en el territorio de un tercer país”. En opinión de Sudakov, Trump colocó a la humanidad a las puertas de una verdadera “guerra caliente”.
El analista militar Vladislav Shuryguin aclaró en Pravda que los sistemas rusos de defensa antiaérea desplegados en Siria defienden los intereses de Rusia y sólo están subordinados al mando militar de este país. De ahí que “cuando Israel o Turquía bombardean Siria de manera periódica, protegemos nuestra base aérea y sus instalaciones”. Para Shuryguin, los rusos tomaron una decisión política, porque el derribo de los misiles de Estados Unidos habría desembocado necesariamente en un conflicto entre Rusia y Estados Unidos.
En cambio, el Ministerio ruso de Defensa ha denunciado la ausencia de pruebas que respalden la acusación estadounidense sobre la existencia de armas químicas en la base siria de Al Shairat que pretextó Estados Unidos para atacar esa instalación.
Medios de prensa, bomberos, policías y autoridades sirias que accedieron a la base después de la agresión norteamericana con misiles Tomahawks alados, tampoco pudieron advertir la presencia de depósitos -ni mucho menos bombas- con armas químicas. Las personas que trabajan allí lo hacen con total normalidad, nadie viste trajes especiales para manejar sustancias tóxicas, indicó el mayor general Igor Konashenkov, uno de los jefes rusos de la base.
Obviamente, llamó la atención de los observadores la similitud de esta situación con el polvo blanco mostrado por el General Colin Powell para justificar una agresión estadounidense contra Irak en 2003 o el informe ante el Parlamento del entonces primer ministro británico, Anthony Blair, sobre supuestas armas químicas en ese país árabe aquel mismo año.
A juicio de observadores imparciales, Estados Unidos utilizó lo ocurrido como pretexto para castigar a Siria y al mismo tiempo dilatar una derrota del Estado Islámico que consolidaría al legítimo gobernante sirio, Bashar el Assad.
El gobierno sirio está solicitando la creación de una comisión internacional de expertos profesionales e independientes para investigar las circunstancias que llevaron al ataque con misiles de Washington contra Siria, única instancia legal capaz de verificar si desde esa base aérea se pudo haber hecho empleo de armas químicas. La Organización para la Prohibición de Armas Químicas ha garantizado que cualquier manipulación o empleo de sustancias tóxicas deja un rastro que pueden detectarse semanas y hasta meses después.
Hace tres años, Naciones Unidas verificó un desarme total de armas químicas que realizó Siria, de modo que las entidades especializadas de la organización mundial tendrían ahora que investigar apenas cómo pudo ocurrir el supuesto regreso al país de este tipo de armas y por cuál frontera.
Toda esta historia de motivaciones para el ataque con misiles de crucero en Siria es inconsistente con la ligereza de Donald Trump respecto a su anuncio, durante su campaña electoral, de que, de ser proclamado Presidente, se opondría al involucramiento de la nación en conflictos internacionales ajenos, algo que sin dudas contradice la agenda del poder real que gobierna al imperio.
Trump había dicho que priorizaría la derrota del terrorismo global, objetivo que igualmente contradice con este ataque, que en los hechos prolonga la existencia del enemigo principal contra el que él había manifestado que debía concentrarse Estados Unidos, porque con ello salvó al Estado Islámico de una derrota inminente a manos del ejército sirio.
Se evidenció, una vez más, que la política subyacente de Estados Unidos, sea quien sea el Presidente y el partido en el gobierno, es prolongar las guerras tanto como sea posible en aras de beneficios para el complejo militar industrial.
Es evidente que Donald Trump no es tan absurdo como parece en el desempeño de su presidencia, sólo que los fines que pregona casi nunca son metas reales. A veces sólo expresan una parte de sus verdaderos objetivos, a los que pretende llegar por carambola.
Las ligerezas de Trump como presidente, sin duda, tienen sus límites allí donde sobrepasan las pautas fijadas por el poder real, el que no se alcanza en elecciones de fachada democrática.

Abril 11 de 2017.

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