OTRA PIFIA DE LA IZQUIERDA EN ESTADOS UNIDOS

La malograda aspiración de Bernie Sanders a la presidencia de Estados Unidos en el proceso electoral de 2018, demostró que los ideales progresistas del pueblo estadounidense no habían muerto.
Pero los acontecimientos recientes en Venezuela indican que las huellas de la gigantesca campaña de oprobios y mentiras que ha venido desplegando la oligarquía de la superpotencia norteña contra todo lo que se oponga a su supremacía global desde el final de la Guerra Fría, sigue haciendo mella dentro de las fuerzas progresistas
estadounidenses.
Entre los muchos aspirantes a ser candidatos del partido demócrata a la presidencia -Sanders incluido- sólo Tulsi Gabbard hizo una declaración inequívoca de condena al golpe en proceso contra Venezuela, mientras que la joven congresista izquierdista en la Cámara Alexandria Ocasio-Cortez limitó sus críticas a un retwit.
Nancy Pelosi y otros líderes demócratas fueron más lejos aún de una condena a Trump cuando exhortaron al Presidente Trump a que atacara a Maduro usando su autoridad de Comandante y Jefe. En vez de condenarle por infringir el derecho internacional, le hicieron aparecer como un estadista responsable al frente de una “coalición” de países enfrentados a un “dictador autoritario”. La virulencia anti-Trump de los medios de comunicación de Estados Unidos cerró filas con la campaña haciéndose difícil encontrar una opinión disidente.
Así, Trump se situó en una posición excelente para ganar la guerra contra el cierre del gobierno, es decir, hasta que las acciones audaces de los trabajadores del aeropuerto terminaron rápidamente con el drama. Pero Trump ciertamente aprendió una valiosa lección: la “resistencia” del Partido Demócrata se desmorona en momentos críticos cuando estalla un conflicto extranjero, lo que ayuda a promover más momentos de este tipo en el futuro.
Después de un largo silencio insoportable, Sanders finalmente habló por medio de tres twits que reforzaron la imagen de debilidad que lo había mantenido en silencio inicialmente. El primero fue para repetir las falsedades con que Trump había justificado el golpe.
“El gobierno de Maduro ha emprendido una violenta represión contra la sociedad civil venezolana, ha violado la Constitución al disolver la Asamblea Nacional y fue reelegido el año pasado en elecciones calificadas de fraudulentas por muchos observadores. La economía es un desastre y son millones los que están migrando”.
En lugar de condenar las acciones golpistas de Trump, Bernie Sanders culpó a la víctima. La acusación referida a una elección fraudulenta es simplemente una calumnia ampliamente demostrada, Por el contrario las elecciones venezolanas fueron consideradas entre las más limpias y transparentes del mundo hasta que Washington lanzó la consigna a sus medios más dóciles de cambiar las señas como parte de la cruzada anti venezolana.
La historia reciente demuestra que cada vez que la oposición en Venezuela bajo dirección estadounidense ha calculado que perderá una elección, la boicotea, aunque en las últimas elecciones la oposición se fracturó hasta el punto de que algunos la boicotearon mientras otros apoyaron a dos candidatos anti-Maduro distintos.
Es falso también que Maduro disolviera Asamblea Nacional. Fue el Tribunal Supremo de Venezuela, no Maduro, quien disolvió la Asamblea Nacional en 2017 por las flagrantes violaciones de la ley que hicieron de la Asamblea una institución inoperante que sólo aprobaba leyes que atacaban inconstitucionalmente al gobierno.
Venezuela ha estado funcionando como estado de poder dual desde 2017, cuando el gobierno unitario se dividió por presiones de la lucha de clases y las fechorías de una oposición apoyada por Estados Unidos y empeñada en derrocar al gobierno.
El segundo twit de Bernie reforzó las primeras acciones de Trump: “Estados Unidos debe apoyar el estado de derecho, elecciones justas y la autodeterminación del pueblo venezolano. Debemos condenar el uso de la violencia contra manifestantes desarmados y la represión de la disidencia”.
El tercer y último twit de Sanders resultó el primero en el que finalmente éste expresó una tibia oposición al golpe de Trump cuando escribió: “Pero debemos aprender las lecciones del pasado y no estar en el negocio del cambio de régimen o en el apoyo a los golpes de estado, como hemos hecho en Chile, Guatemala, Brasil y la República Dominicana. Estados Unidos tiene una larga historia de intervenciones ilegales en varias naciones latinoamericanas; no debemos seguir por ese camino de nuevo”.
Esta posición pasiva -que refuerza las mentiras clave que Trump usó para expresar su punto de vista- equivale, en el mejor de los casos, a una posición neutral, y como dijo el clérigo y pacifista sudafricano Desmond Tutu, afamado por su lucha contra el apartheid en la década de 1980: “la neutralidad ayuda al opresor”.
En realidad, la posición de Sanders envía a Trump una señal de que no habrá una oposición organizada al golpe, y que los demócratas limitarán su reacción ante un eventual derramamiento de sangre a criticar a Maduro.
Abril 10 de 2019.

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