LA EXCARCELACIÓN DE OSCAR LÓPEZ RIVERA

LA EXCARCELACIÓN DE OSCAR LÓPEZ RIVERA
Por Manuel E. Yepe
Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.
https://manuelyepe.wordpress.com/

Tras más de 35 años de encierro en cárceles estadounidenses, 12 de ellos en confinamiento solitario, sumados a cuatro meses bajo arresto domiciliario en casa de su hija en Santurce, con grillete electrónico que vigilaba sus movimientos, (del 9 de febrero al 17 de mayo de este año 2017) fue formalmente excarcelado el prisionero político puertorriqueño Oscar López Rivera.
El patriota independentista boricua, de 74 años de edad, ha insistido en que él no ha sido liberado, sólo excarcelado, porque Puerto Rico no es aún un país libre. “Nadie viviendo en una colonia puede ser libre y yo no lo soy ni lo seré hasta que termine la condena de mi patria”. López Rivera había sido sentenciado en 1981 a 55 años de prisión acusado de conspiración sediciosa y por supuestos vínculos con las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) de Puerto Rico. Más tarde le cargaron otros quince años por intento de fuga.
El pasado 17 de enero, el presidente Barack Obama, poco antes de abandonar la Casa Blanca, presionado por una intensa y extensa campaña por su liberación y considerando la condición de veterano de la guerra estadounidense contra Vietnam del patriota boricua, le permutó lo que le restaba de su condena total de 70 años, por cuatro meses de arresto domiciliario.
En una entrevista con el diario Claridad, de San Juan, López Rivera expresó su intención de continuar su batalla por el fin del estatus colonial de Puerto Rico y reiteró que la revolución cubana es “un símbolo y un ejemplo a imitar”.
Recordó que la lucha patriótica en la Isla y la de los boricuas radicados en Estados Unidos hizo posible en 1979 la excarcelación de los héroes nacionalistas Andrés Figueroa Cordero, Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Oscar Collazo e Irving Flores. Fue la solidaridad mundial la que condujo a la orden de excarcelación suscrita entonces por el presidente James Carter.
Poco después se intensificó la lucha por la liberación de los patriotas vinculados a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) entre los que estaba Oscar López Rivera.
La presión desde Puerto Rico y desde los barrios boricuas en Estados Unidos fue cada vez mayor, con fuerte impacto mundial.
En 1999, el gobierno de Bill Clinton ofreció a 12 miembros del FALN de Puerto Rico que cumplían largas condenas en cárceles de Estados Unidos, amnistiarles a cambio de que suscribieran bajo juramento una declaración de arrepentimiento por los crímenes terroristas que motivaron sus sanciones. Oscar López Rivera fue el único que se negó a aceptar la oferta, que consideró humillante.
Oscar reconoce y aprecia el esfuerzo que en su caso se hizo “desde la siempre solidaria Cuba, desde Venezuela y tantos otros lugares, así como la importante participación de figuras religiosas como Desmond Tutu y el Papa Francisco. Pero él está consciente, dijo, de que lo principal es el esfuerzo en el seno del pueblo borinqueño, porque si aquí no se hubiese dado la lucha que envolvió a prácticamente toda la sociedad, difícilmente los del exterior se hubiesen movilizado”. López Rivera se refiere con gran respeto e intensa solidaridad a los dirigentes del partido estadounidense de los Panteras Negras (Black Panther Party) que permanecen en prisión, algunos de ellos desde hace más de 45 años, sin perspectiva de que puedan dejar atrás los barrotes.
La clave para que finalmente se lograra la liberación de Oscar y para que el presidente Barack Obama, estando ya próximo a dejar el cargo, suscribiera la orden del indulto ha estado en la evidencia de la solidez de nuestra voluntad de ser libres”, ha sentenciado el prócer puertorriqueño.
López Rivera anunció que realizará una peregrinación por los 78 municipios de Puerto Rico y por la diáspora en Norteamérica como parte de su intención de crear la fundación Libertá, por medio de la cual persigue dialogar, compartir ideas y promover la unidad de los puertorriqueños. “Si pretendemos descolonizarnos tenemos que unirnos, no hay otra opción”, dijo el revolucionario boricua.
Su primera exposición de carácter internacional será ante el Comité de Descolonización de la Organización de Naciones Unidas el 20 de junio próximo y luego se mantendrá trabajando en su fundación, con la que llevará su mensaje por la independencia y el bienestar social y comunitario de sus compatriotas, al tiempo que promoverá mayor conciencia acerca la situación de Puerto Rico.
Su gira, encaminada a agradecer a quienes apoyaron su liberación, será larga y recorrerá muchos lugares en Estados Unidos. Comenzará por Humboldt Park, barrio boricua de Chicago donde un tramo de la calle Mozart llevará su nombre.
¡Honor a quien honor merece!

Mayo 22 de 2017.

TRUMP ES SÓLO UN SÍNTOMA DE LA ENFERMEDAD

TRUMP ES SÓLO UN SÍNTOMA DE LA ENFERMEDAD
Por Manuel E. Yepe

“Olvidemos la destitución de James Comey. Olvidemos la parálisis en el Congreso. Olvidemos la idiotez de la prensa que reporta el declive hacia la tiranía como si fuese un enfrentamiento deportivo entre las corporaciones republicanas y los demócratas corporativos, o un reality show protagonizado por nuestro maniático Presidente y los idiotas que lo rodean”.
Así comienza un análisis de las causas de la crisis del sistema electoral, y por extensión del político y social, de Estados Unidos presentado por el premio Pulitzer Chris Hedges en su columna habitual en Truthdig y en otras publicaciones alternativas.
“Olvidemos el ruido. La crisis que enfrentamos no encaja en las imágenes públicas de los políticos que integran nuestro gobierno disfuncional. La crisis que enfrentamos es el resultado de un golpe corporativo de cuatro décadas, a cámara lenta, que ha hecho impotente al ciudadano, nos ha dejado sin auténticas instituciones democráticas y ha permitido a los poderes corporativo y militar convertirse en omnipotentes. Esta crisis la ha generado un sistema electoral corrupto con soborno legalizado. Donald Trump, es el síntoma de la enfermedad, no el padecimiento mismo”.
Hedges considera que la declinación hacia el despotismo en Estados Unidos comenzó a partir del perdón otorgado a Richard Nixon, cuyos delitos administrativos en la presidencia eran crímenes impugnables aunque ahora hayan pasado a ser legales, así como han sido legalizados los asaltos extrajudiciales, incluyendo los asesinatos selectivos y encarcelamientos masivos de disidentes y radicales, especialmente de ciudadanos negros.
Todo comenzó, según Hedges, con la creación de cuerpos corporativos financiados por fundaciones y organizaciones que tomaron el control de la prensa, los tribunales, las universidades, la investigación científica y los dos principales partidos políticos.
Forma parte del origen del descalabro actual el hecho de que la policía militarizada comenzara a matar ciudadanos desarmados y a diseminar por todo el país el horrendo sistema estadounidense de encarcelamiento masivo y penas de muerte. Súmese a ello el despojo de los derechos constitucionales más básicos: privacidad, debido proceso, hábeas corpus, elecciones justas y disidencia. El desbarajuste se aceleró cuando operadores políticos como Roger Stone (un cercano asesor de Trump), emplearon dinero público en la creación de anuncios políticos negativos y narrativas falsas para engañar al público, convirtiendo el debate político en burlesco.
Apunta Hedges que “hoy estamos atrapados como ratas en una jaula… Un narcisista y un imbécil pueden ser los operadores de los circuitos eléctricos encendiéndolos y apagándolos, pero el problema está en que el estado corporativo lo controla todo; o lo desmontamos o estamos condenados”.
Mumia Abu-Jamal, el preso político más conocido de Estados Unidos, dijo telefónicamente a Hedges desde la prisión donde está encarcelado en Frackville, Pennsylvania, que considera que el estado corporativo necesita que exista una ilusión de normalidad y de orden. “En Roma, los emperadores ofrecían pan y circo. En Estados Unidos, lo que ofrecen son imágenes de amas de casa en telenovelas, deportes y cuentos morales de gente mala y policías buenos. Este país se jacta de haber sido fundado en principios de libertad. Pero en verdad fue fundado en los de la esclavitud, el holocausto y el genocidio. Fuerzas racistas, violentas y despóticas siempre han sido parte del paisaje del país y a menudo han sido toleradas y habilitadas por el Estado para perseguir a la gente pobre de color y a los disidentes. Trump, es una vergüenza para el estado corporativo y los órganos de seguridad interna, puede ser removido de la Presidencia, pero un golpe palaciego sólo consolidaría el poder del estado profundo y sería utilizado de pretexto para intensificar las medidas internas de represión. Millones de personas, incluyendo a indocumentados, los que tienen condenas por delitos graves, los encerrados en cárceles y la gente pobre de color, que ya han sido despojados de sus derechos, y algunos asesinados indiscriminadamente por la policía. Son estas las realidades del terror de estado cotidiano a que están sometidas estas minorías, situación que solo terminará cuando acabe el proceso de saqueo corporativo… con o sin Trump”.
Hedges considera que las élites corporativas, asustadas por lo que el científico social Samuel Huntington llamó “el exceso de democracia que se originó en la década de 1960”, han venido destruyendo metódicamente el edificio democrático y al hacerlo se aseguran de que el nuevo sea puesto en manos de enemigos de una sociedad abierta y que la ciudadanía quede aislada del gobierno. Cuando las instituciones democráticas dejan de funcionar, cuando el consentimiento de los gobernados se convierte en una broma, los déspotas, los teóricos de la conspiración, los altos mandos militares, los multimillonarios, los estafadores y los protofascistas, llenan el vacío político.
Mayo 18 de 2017.

JUSTIFICAR LA VIOLENCIA CON MENTIRAS

JUSTIFICAR LA VIOLENCIA CON MENTIRAS
Por Manuel E. Yepe
Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.
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A escala global, es asombrosa la ligereza con que los medios corporativos estadounidenses falsean y tergiversan realidades en función de sus fines, generalmente retorcidos y siempre a favor del capital y adversos a los pueblos.
Son capaces de convertir la imagen de un líder popular en la de un brutal dictador en cuestión de días, aunque se trate de un dirigente aclamado por su pueblo y repetidamente votado en elecciones de incuestionable limpieza. Pueden transformar la imagen pública de fanáticos religiosos en prototipos de respetuosos demócratas y las de gobernantes tiránicos en nobles activistas por los derechos humanos. Cualquier nación del Tercer Mundo que fortalezca sus defensas ante amenazas de intervención imperialista en sus asuntos puede convertirse a los ojos del norteamericano común en un potencial agresor peligroso para sus vecinos.
Para que se cierre el círculo, se requiere una masa preparada debidamente para asimilar tales manipulaciones. El gran desarrollo de los métodos de propaganda, de las relaciones públicas, la publicidad y la comunicación en general –internet incluido–, conforman un escenario idóneo para que ello ocurra en Estados Unidos. Bienaventuradamente no es así en todas partes.
Tras aceptar que el ataque de Estados Unidos contra una base de fuerza aérea Siria constituyó una violación de la soberanía siria y del derecho internacional, un profesor de derecho de una acreditada universidad de Estados Unidos declaró a la prensa que, no obstante ello, él consideraba justificable el premeditado ataque. El profesor comparó la acción con una simple falta de no acatar una señal de pare en un semáforo por una circunstancia de emergencia.
El destacado analista marxista estadounidense de problemas
internacionales Zoltan Zigedy relata lo anterior como una prueba del colosal nivel de hipocresía en que se han hundido las élites intelectuales estadounidenses.
“Lamentablemente, Washington ha tenido éxito en lograr que sus agresiones sean vistas como intervenciones humanitarias, el
equivalente moderno de la civilización de salvajes en el siglo XIX.” “Dado que hacer aceptables sus fechorías se volvió más sofisticado y los perpetradores resultaban cada vez más exitosos, disminuyó la necesidad de contar con aliados. Tras desaparecer la URSS, Estados Unidos comenzó a utilizar a Naciones Unidas para estas trastadas, inventando “coaliciones de amigos dispuestos a ayudar” como máscaras para intervenciones en el Medio Oriente; y en años más recientes utilizó repetidamente el escudo de la OTAN. Ahora, Washington actúa unilateralmente, descaradamente”.
Se aprovecha de oportunos incidentes en torno a los cuales promueve simpatías a favor de alguna de las partes y apronta un llamado a la intromisión en función de sus intereses hegemónicos.
Por supuesto, las falsas provocaciones no son estratagemas nuevas. La entrada de Washington en conflictos por provocación artificial se hizo presente en los albores del siglo XX, en un acto que marcó el nacimiento del imperialismo estadounidense: el hundimiento del acorazado Maine en el puerto de La Habana.
Con la ayuda de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, dos iconos contrapuestos del periodismo en Estados Unidos, el incidente sirvió para que Washington “justificara” su declaración de guerra contra España, sin que hasta hoy se haya podido confirmar que realmente fueron las autoridades coloniales que mandaban en la isla las causantes de aquel crimen calificado de autoagresión por los historiadores más objetivos.
Puede afirmarse que, desde entonces, todas las guerras de Estados Unidos han comenzado con una gran mentira ajustada a necesidades internas de la superpotencia, dirigidas a acomodar al Congreso, la opinión pública nacional, la extranjera, o a intereses específicos de algún sector del imperio. En todos los casos, la cúpula imperial ha utilizado el control que ésta ejerce sobre los medios fundamentales de información (mainstream media) y todos los recursos del gobierno para apoyar esas fabricaciones.
Fueron abrumadoras mentiras las que enmarcaron los embates que acabaron con la soberanía de la antigua Yugoslavia, de Irak y de Libia, para no hablar de numerosas acciones encubiertas de Estados Unidos contra naciones del Tercer Mundo prácticamente en todo el orbe, siempre asentadas en falsedades que, dada la disparidad de capacidades informativas se convierten en guerras de “león contra mono amarrado”. La vergonzosa agresión de que está siendo víctima Venezuela es, por sí sola, muestra de esta doble moral. Incapaces de lograr una victoria por las urnas, la oposición pro imperialista patrocina una toma del poder mediante la violencia. Estados Unidos acusa al país de no tener democracia pese a que allí se han realizado veinte elecciones desde 1998 que varios organismos internacionales -OEA y Unión Europea incluidos- han calificado de transparentes y que el ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter ha valorado el sistema electoral venezolano actual como “el mejor del mundo”.
Mayo 15, 2017.

EL PRESIDENTE DE EEUU Y EL ESTADO PROFUNDO

EL PRESIDENTE DE EEUU Y EL ESTADO PROFUNDO
Por Manuel E. Yepe
Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.
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El hecho de que Donald Trump fuera electo presidente de los Estados Unidos pese a ser severamente objetado por los medios de prensa, el partido demócrata e incluso buena parte de los líderes del partido republicano que lo postuló, y sin ser considerado favorito de los militares ni de sector decisivo alguno de la sociedad civil, ha dejado atónitos a especialistas y profetas del complejo pero muy estudiado sistema electoral estadounidense. ¿Trump, a quién representa? ¿Para quiénes está gobernando? ¿Quien lo eligió?
Aunque en sus primeros meses en la Casa Blanca no ha dado señales claras de ello en sus disposiciones gobernativas ni en sus muy contradictorios discursos, a través de los nombramientos que ha efectuado de los integrantes de su equipo de gobierno pueden obtenerse algunas indicaciones al respeto. Por ejemplo, su gabinete y
principales asesores están todos estrechamente vinculados a las grandes corporaciones.
Entre esos grandes grupos corporativos sobresale Goldman Sachs, que pareciera ser la “universidad” que ha graduado a los integrantes del círculo superior de opulentos guardianes financieros del “trumpismo”. Como candidato a la presidencia estadounidense, Trump posó por momentos de populista favorable a los trabajadores cuando se presentó como crítico del establishment y se mostró partidario de “devolver el poder al pueblo”.
Así lo declaró en su discurso inaugural, confirmando aquello de que “la esencia de la política estadounidense consiste en que en los períodos electorales el elitismo se convierte en el manipulador del populismo”, como dijo hace tres décadas el escritor y crítico social angloamericano Christopher Hitchens.
Según el periodista e historiador Paul Street en un artículo que publicó el 21 de abril en el periódico digital Counterpunch, “los dos grandes partidos que administran los intereses de Estados Unidos tienen perfiles históricos, demográficos, etnoculturales, religiosos y geográficos diferentes pero, en sus manipulaciones compartidas de retórica populista cuidadosamente calibrada, manifiestan siempre identidad electoral bipartidista en nombre de los súper ricos y su imperio global”.
Ambos lados del espectro político aparente son manipulados por las mismas fuerzas. “Entre un fanático cristiano de derecha en Georgia y un liberal en Manhattan se manifestaran abundantes diferencias, pero en realidad es sólo un juego. “No hay manera alguna de votar contra de los intereses de Goldman Sachs porque con Bush o con Obama, Goldman Sachs siempre gana”.
Actualmente, a esa élite oculta del poder se le identifica como estado profundo integrado por un conjunto de corporaciones que nadie ha elegido nunca para esta función.
Mediante el ejercicio de propiedad sobre los medios de producción, las corporaciones ejercen tanta energía sobre las comunidades como los reyes sobre sus siervos feudales. Compran la lealtad del trabajador por su capacidad para contratar y despedir al obrero y proporcionarle los beneficios básicos como la atención sanitaria, retenerles ingresos para “ayudarles” a ahorrar para sus retiros y canalizarles las pensiones.
Poseen poder bastante para destruir la vida de las personas a través de la fuga de capitales. Simplemente con amenazar a una comunidad con el traslado de sus fábricas al extranjero en busca de mayores beneficios y leyes ambientales más débiles, tienen como rehenes a los trabajadores estadounidenses.
Street recuerda que, más allá de la propiedad y las palancas de inversión y la desinversión, el capital ejerce altos niveles de control en la política social y cultural por la compra de candidatos y su elección a través de las donaciones de campaña; las enormes inversiones en relaciones públicas y propaganda para influir en la formación, las creencias y los valores de los ciudadanos, los políticos y otros “formadores de opinión”; las ventajas para la captura de las posiciones claves del gobierno que se ofertan a sus incondicionales, la oferta de mejores posiciones en el sector privado a funcionarios públicos que salen del gobierno; la “captura ” (por corrupción o como soborno) de privilegios de parte de funcionarios estatales, políticos, personal de los medios de comunicación, educadores, gestores sin fines de lucro y otros “influyentes” y la concesión de puestos de trabajo, cargos en Juntas Corporativas, pasantías y otros beneficios y pagos a familiares de funcionarios públicos, entre muchas otras formas de ejercitar control de la sociedad.
Es justo destacar que nada de esto es singular del régimen de Donald Trump. Cada una de estas características ha existido por igual en todas las administraciones estadounidenses -republicanas y demócratas- porque son propias del Estado Profundo que hace mucho tiempo rige en Washington, sin que nadie lo haya elegido, para beneficio del 1% más rico de los estadounidenses.
Mayo 8 de 2017.

LA HABANA NO SERÁ GENTRIFICADA

LA HABANA NO SERÁ GENTRIFICADA
Por Manuel E. Yepe
Una prueba de que el capitalismo neoliberal es universal en su dominación, está en la especulación inmobiliaria que fundamenta el sueño neoliberal de que la riqueza es fácil en el mundo capitalista. Lo más común es encontrar un suntuoso edificio construido donde antes hubo muchas viviendas modestas y/o pequeños comercios. Si no hubiera una valla que se lo informe, investigue y generalmente conocerá que la nueva construcción alojará o dará servicio a un reducido número de familias pero en condiciones muy suntuosas.
Este fenómeno propio del capitalismo se llama “gentrificación”. A veces afecta a barrios enteros de población humilde y deja bellos espacios que ciertamente pueden constituir orgullo de amplios sectores de la ciudadanía –incluso sectores populares- aunque hieran la sensibilidad de quienes se preocupan por la peor situación en que quedaron quienes habitaban esas áreas.
Recuerdo que poco después del triunfo de la revolución en Cuba, hace más de medio siglo, oí hablar por vez primera de este fenómeno a un joven soñador nombrado Eusebio Leal, quien -si no me equivoco- por ser aficionado a la historia, comenzó a trabajar como asistente del anciano historiador de la ciudad de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring (1889 – 1964). Se entregaba con tanto esmero a su labor que se convirtió, primero, en fiel e imprescindible ayudante de este sabio y, luego de su muerte, en su sustituto.
El proceso de restauración del centro histórico de Ciudad de La Habana ha pasado por varias etapas desde que, en 1938, se fundó con carácter autónomo la Oficina del Historiador por iniciativa del Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, con el propósito de fomentar la cultura habanera y promover la conservación del valioso legado monumental que la capital del país atesora.
Eusebio incorporó a las enseñanzas de su mentor sus propias
consideraciones y teorías acerca del curso que debía aplicarse a los proyectos de conservación, reconstrucción y desarrollo de la ciudad capital de todos los cubanos con tal brillantez que bien pronto se hizo evidente que nadie más que él podría asumir la compleja tarea de conducir esos trabajos. Fue designado oficialmente Historiador de la Ciudad cuando ya había demostrado, en la práctica cotidiana, que era la persona idónea para impulsar los ambiciosos proyectos que apenas bullían en su mente pero que ya describía como hechos consumados. Había que convencer a tanta gente de que la necesidad de salvar a La Habana era tan presionante que tendría que ser asumida de manera prioritaria y simultánea con las de educación, salud pública y defensa del país.
Ello implicaba un trabajo de convencimiento y promoción que hizo que Eusebio Leal sobresaliera como tribuno y diplomático tanto como administrador y constructor. Por supuesto, las obras y proyectos de la Oficina del Historiador de La Habana obtuvieron patrocinio entusiasta de la máxima dirección política del Estado cubano, incluyendo el del máximo líder Fidel Castro quien les dio todo su apoyo cuando ello fue necesario.
Con su participación personal en cada detalle promocional, el centro histórico de la capital cubana fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982, algo que impulsó un proceso de restauración que ha trascendido los marcos de la conservación patrimonial y se convirtió en ejemplo de desarrollo local sostenible. El proceso restaurador apuntaba a que el centro histórico no sería solamente un acto de alto valor arquitectónico y urbanístico, sino además un sitio de gran potencial cultural, económico y social, con la convicción de que una rehabilitación exitosa debía ser autofinanciable y socialmente participativa.
El proceso de restauración del Centro Histórico de La Habana Vieja basado en un modelo de autogestión con enfoque participativo y comunitario ha sido exitoso en el contexto patrimonial cubano y ha aportado al objetivo de garantizar las conquistas sociales logradas por el pueblo cubano con la revolución socialista.
Un indudable impacto social del proceso de restauración, es que a partir de su propia labor, se ha creado una nueva conciencia sobre los valores de la ciudad, sus potencialidades y la factibilidad de su recuperación.
A partir de la restauración de antiguos hoteles, la creación de hostales y de servicios extrahoteleros de diverso orden, se ha constituido en la cara más visible de la economía del centro histórico, junto con la actividad comercial, y ha conformado un perfil que al igual que la actividad artesanal, califica al centro histórico de la ciudad.
La Habana no será gentrificada. La población que le ha dado fama mundial por su alegría, sus tradiciones, su hospitalidad, su generosidad y su solidaridad seguirá siendo dueña absoluta de la cada vez más bella y acogedora ciudad.
Mayo 4 de 2017.

Manuel E. Yepe. VIVA VENEZUELA SOBERANA Y LIBRE DE LA OEA

VIVA VENEZUELA SOBERANA Y LIBRE DE LA OEA
Por Manuel E. Yepe

La decisión venezolana de retirarse de la Organización de Estados Americanos (OEA) confirmó un designio experimentado ya por varios gobiernos de América Latina y el Caribe: Ningún Estado de la región que aspire al ejercicio de su independencia y soberanía puede ejercerlas plenamente mientras exista este tribunal de inquisición instaurado para garantizar el sometimiento y obediencia a la metrópoli que Washington exige.
Las naciones latinoamericanas y del Caribe cuentan ya con una Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños(CELAC) en la que pueden actuar como iguales sin imposiciones de Estados Unidos que no forma parte de la organización por decisión expresa de sus miembros, al ser constituida.
Aunque nadie puede asegurar que por ello la superpotencia cese sus empeños por reconstruir su imperio, hace tiempo que la experiencia cubana demostró que es posible a cualquier nación del hemisferio sobrevivir sin la venia de Estados Unidos, siempre que cuente con el apoyo de sus ciudadanos y la solidaridad de otros pueblos y naciones que, en aras de su propia seguridad, estén dispuestos a compartir riesgos y defensa en calidad de iguales.
A partir del triunfo de la revolución cubana, América Latina ha sido más libre y esa libertad se ha extendido a otras naciones en las que se han dado condiciones para que sus pueblos hayan podido imponer democráticamente, en las urnas, su voluntad de justicia y progreso. Pero, comoquiera que el sistema capitalista ha mantenido su vigencia, incluso en estos países que han logrado tener gobiernos progresistas y populares, se han configurado escenarios en los que la posesión de dinero, y no de virtudes, es lo que prima en las relaciones cotidianas de poder. Los nuevos gobiernos impuestos por la voluntad popular han carecido muchas veces de los recursos para regir a sus naciones de la manera más justa y los remanentes de las oligarquías nacionales, directamente conectadas con el capital internacional –por
subordinación o por comunidad de intereses- disponen de más recursos que los gobiernos.
De ahí que los gobiernos de orientación progresista y
anti-capitalista, como el venezolano, se hayan visto en situaciones de inferioridad respecto al control de sus economías y el favor de los medios de comunicación, factores de los que se han valido las fuerzas contrarrevolucionarias en su hostilidad contra el pueblo.
Como regla, de ellos se ha valido Estados Unidos, para fijar la orientación principal de los medios de prensa, desestabilizar las haciendas nacionales de estas naciones y mantener siempre en jaque la estabilidad de sus economías y sociedades.
Los pueblos latinoamericanos y caribeños -cada uno y en su conjunto- han tenido como principal obstáculo para sus esfuerzos unitarios desde hace 65 años a la Organización de Estados Americanos, que ha fungido siempre como administrador del sistema semicolonial de Estados Unidos que Washington creó como alternativa para el sistema colonial que tanto había combatido retóricamente en su puja contra Europa por la hegemonía global.
Las evidencias son tan claras que no es lícito caer en la trampa de analizar en sus detalles el desarrollo del conflicto que ha llevado a Venezuela a separarse de la OEA.
La OEA ha sido siempre el instrumento colectivo principal de Estados Unidos para legitimar sus acciones contra las naciones y los pueblos de América. En su seno jamás prosperaría reclamación alguna, colectiva o individual, que lesione siquiera mínimamente un interés oligárquico o imperialista. Jamás ha estado de parte de los pueblos en casos de violaciones de la democracia y los derechos humanos… siempre han respaldado al imperio y sus oligarquías.
Cuando la región ha sido víctima de intervención o agresión política, económica y militar en la que el ejecutor ha sido una potencia extra continental distinta a Estados Unidos, como fue el caso de Gran Bretaña respecto a la posesión de las islas Malvinas, la OEA, manipulada por Washington, respaldó a la corona británica.
Ahora se ha hecho aparente que, por incapacidad manifiesta, por bochornoso soborno u otra forma de degradación moral, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ha asumido la agenda de la CIA en su guerra contra la revolución bolivariana.
Para algunos especialistas, Washington se ha lanzado a fondo a tratar de recuperar su valiosísima semicolonia de Venezuela. A ese fin ha sacrificado a uno de sus más servibles emisarios encubiertos, el uruguayo Luis Almagro, cuya ubicación al frente de la cancillería de Montevideo, en estudiada ruta para llegar a situarse al frente de su ministerio de colonias (la OEA) debe haber sido fruto de complejas jugadas de alta política que algún día se conocerán.

Mayo 2 de 2017.

LOS PELIGROS DEL CONSERVADURISMO EN EEUU

LOS PELIGROS DEL CONSERVADURISMO EN EEUU
Por Manuel E. Yepe

No todo el mundo comprende hasta qué extremo ha llegado el
conservadurismo estrecho en la historia de Estados Unidos y los peligros que esta corriente representa para el resto del mundo. El pánico que generó la entrada de EEUU en la Primera Guerra Mundial, unido al temor por la influencia que pudiera tener en el país la Revolución Rusa, trajeron el desarrollo de un nacionalismo estrecho e intolerante que llegó al extremo de ser excluyente de todo aquel que no fuera WASP (por las siglas en inglés de blanco, anglosajón y protestante), considerados los únicos americanos “puros y nativos”, olvidando a la población aborigen.
A partir de 1917 el Ku Klux Klan incrementó su pujanza en Estados Unidos, ahora accionando no sólo contra los negros, sino también contra los comunistas, los anarquistas, los católicos, los judíos, los socialistas y los liberales. Entre 1917 y 1918 varias leyes que limitaban las libertades civiles fueron aprobadas: la Ley sobre Extranjeros, enunciada inicialmente para los de origen alemán, pero luego aplicada a todo extranjero considerado molesto o indeseable; la Ley sobre el Espionaje, que declaraba delito toda manifestación que obstruyera el reclutamiento o atizara la deslealtad a la nación, y la Ley sobre la Sedición que iba contra todo el que obstaculizara el esfuerzo bélico nacional.
En 1919, dos procesos conocidos como terror negro y terror rojo agudizaron el ambiente de intolerancia y extremismo.
El primero, motivado porque los negros que regresaban de la guerra mundial llenos de medallas por el valor demostrado, habían conocido la igualdad y no estaban dispuestos a seguir soportando la discriminación en su tierra natal. Ocurrieron graves incidentes raciales en Chicago y otra veintena de grandes ciudades.
El 1º de mayo de 1919 estallaron más de 30 bultos postales con bombas caseras dirigidas a prominentes figuras de la economía y la política nacional, entre ellos John Rockefeller y el Fiscal General de la nación, Mitchell Palmer. Ese fue el comienzo del llamado Terror rojo. Una verdadera histeria colectiva contra la supuesta amenaza de los bolcheviques. Palmer se puso al frente de una cruzada contra los comunistas, socialistas, anarquistas, sindicalistas y liberales en general.
Miles de personas fueron acusadas de incitar el derrocamiento violento del sistema político estadounidense en lo que se conoció como las Redadas Palmer. El terror rojo continuó hasta bien entrado el siguiente año, cuando pese a que la influencia política de Mitchell Palmer disminuyó se mantuvo la intolerancia durante toda la década como una respuesta a la influencia del bolchevismo en Estados Unidos. En este contexto ocurrió el famoso caso de Sacco y Vanzetti, dos obreros que se habían opuesto al reclutamiento para la Gran Guerra y eran conocidos anarquistas. Fueron acusados de planear un robo y asesinar a dos personas en un juicio plagado de arbitrariedades que concluyó condenándoles a morir en la silla eléctrica. Los sectores más conscientes de la sociedad se movilizaron en su defensa, pero fue en vano.
La década de 1920 se caracterizó por la profundización de la intolerancia y el conservadurismo. En primer lugar, la Ley Seca o Prohibición, que declaró criminal la producción, distribución, venta y consumo de bebidas alcohólicas. El efecto fue contraproducente, pues durante toda la década proliferaron las tabernas clandestinas y emergió la mafia como la institución que regía el ilícito negocio. La limitación a la inmigración fue otra característica de estos años. En 1921, el Congreso aprobó la Ley de Cuotas de Urgencia, que establecía un límite máximo de 357 mil inmigrantes, asignando cuotas a cada grupo nacional. La Ley de Orígenes Nacionales, de 1924, fue más restrictiva aún, situaba el límite máximo total anual en 165 mil. El cambio de la fecha de referencia no fue casual porque el mayor número de los llamados “nuevos inmigrantes” (personas que venían de Europa del sur y oriental) había entrado precisamente entre 1890 y 1910. Estas leyes se mantuvieron hasta mediados de la década de 1960 y provocaron que el 96 % de la inmigración de este periodo proviniera de Europa del norte y el este.
El fundamentalismo religioso fue otra manifestación del
conservadurismo social. La intolerancia religiosa llegó a extremos tales que, en ocasiones se prohibió la venta y la propaganda de métodos anticonceptivos, trajes de baño “indecentes” y convirtió en delito las relaciones extramaritales o hasta besarse en público. Las mujeres sufrieron directamente el conservadurismo de la época. Pese a haberse aprobado la Enmienda XIX que les daba el derecho al voto apenas usaron ese derecho y continuaron en una condición de subordinación respecto al hombre.
Siempre hubo grupos que disentían, jóvenes universitarias en su mayoría, que desafiaron los convencionalismos morales de la época. Quienes defendían estas ideas fueron vilipendiados en la prensa, hostigados judicialmente y execrados desde el punto de vista social. Abril 27 de 2017.

ANTÍDOTO NORCOREANO PARA LA GUERRA YANQUI

ANTÍDOTO NORCOREANO PARA LA GUERRA YANQUI
Por Manuel E. Yepe

La República Popular Democrática de Corea, Corea del Norte o Corea Comunista es uno de los blancos más sistemáticos de la propaganda peyorativa e injuriosa que acometen los medios que, a escala global controla el capitalismo.
Pero la RPDC no ha sucumbido nunca a las intimidaciones de Washington y esto le ha generado admiración, por el hecho mismo de su
supervivencia, y solidaridad, por la valentía con que enfrenta tanta propaganda en su contra en todo el mundo.
Pyongyang jamás ha dado muestras de flaquear ante tamañas amenazas y, por el contrario, hasta se ha atrevido a desarrollar un reducido arsenal de armas nucleares para defenderse en caso de que Estados Unidos intente afirmar su dominio lanzando otra guerra como la que llevó a cabo en los años cincuenta.
A raíz de las más recientes provocaciones militares de Estados Unidos contra Norcorea y la habitual firmeza de las respuestas de ésta, el periodista norteamericano Mike Whitney ha publicado un enjundioso artículo en la revista digital Counterpunch recordando que “Washington nunca ha hecho esfuerzo alguno por ocultar su desprecio por Corea del Norte en los 64 años transcurridos desde que terminó la guerra y, en cambio, ha hecho todo lo posible para castigar, humillar y causar dolor en el país comunista”.
Washington ha sometido a la RPDC a la inanición, ha impedido que su gobierno tenga acceso a mercados y a capital extranjero, estranguló su economía con paralizantes sanciones económicas y hasta le ha instalado sistemas de misiles letales y bases militares en la puerta de su propia casa.
Las negociaciones no tienen lugar –observa Whitney– porque Washington se niega a sentarse con un país que considera inferior. Ahora, Estados Unidos ha acudido a China para solicitarle que transmita a Norcorea, a modo de ultimátum, una oferta que partiría del abandono de su programa nuclear, con la ilusoria esperanza de que Pyongyang cediera a la intimidación.
No hay ningún país en el mundo que necesite más que Corea del Norte las armas nucleares. Cualquier estadounidense, con su cerebro lavado por las noticias de FOX o CNN que cotidianamente recibe, difiere de este punto de vista, pero si ocurriera que una nación hostil desplegara fuerzas de combate frente a las costas de California al tiempo que realiza juegos masivos de guerra en la frontera con México, sin duda vería las cosas diferentemente. Tendría que reconocer el valor positivo de poseer armas nucleares para disuadir a esa nación hostil de hacer algo realmente estúpido”.
Según Whitney, la única razón por la que Kim Jong Un no ha corrido la misma suerte que Saddam Hussein y Muamar el Gadafi, es porque Corea del Norte tiene la capacidad de reducir a Seúl, Okinawa y Tokio a escombros. Sin armas de destrucción masiva, Pyongyang habría tenido que afrontar un ataque preventivo hace mucho tiempo y Kim Jong Un habría enfrentado un destino similar al de Gadafi. “Las armas nucleares son el único antídoto conocido para las aventuras de Estados Unidos”, precisa el periodista.
“En la temprana década de 1950, durante la guerra de Corea, Estados Unidos lanzó más bombas sobre Corea del Norte que las que habían caído en el teatro de guerra del Pacífico entero durante la segunda guerra mundial. Estos bombardeos contra objetivos tanto civiles como militares, que incluyeron 32.000 toneladas de napalm, destruyeron ciudades enteras con muchos miles de civiles inocentes muertos y muchos más dejados sin hogar y hambrientos”.
Estados Unidos mató a más 2 millones de personas en un país que no planteó ninguna amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos. Como la de Vietnam, la guerra de Corea fue un ejercicio muscular en el que Estados Unidos periódicamente participa cada vez que se aburre o necesita algún pretexto para probar sus nuevos sistemas de armas. Estados Unidos no tenía nada que ganar en su agresión en la península coreana.
Mucha gente piensa en Estados Unidos –dice Whitney- que el problema de las tensiones en la península coreana reside en la política de Corea del Norte, pero no es así. Es en Estados Unidos donde está el problema: la falta de voluntad para negociar un fin a la guerra, su falta de voluntad para proporcionar garantías de seguridad básica a Corea del Norte, su falta de voluntad incluso para sentarse con las personas que, motivados por tan obstinada ineptitud de Washington, están desarrollando en Norcorea misiles balísticos de largo alcance capaces de alcanzar ciudades de Norteamérica.
Según Whitney, las relaciones de Estados Unidos con Corea del Norte pudieran normalizarse, pueden reforzarse los lazos económicos, puede restaurarse la confianza y desactivarse la amenaza nuclear. Sólo se requiere un cambio en la política, un poco de negociación y líderes que genuinamente quieran la paz más que la guerra.

Abril 20 de 2017.

LA GUERRA DE VIETNAM Y LOS ESTADOUNIDENSES

LA GUERRA DE VIETNAM Y LOS ESTADOUNIDENSES
Por Manuel E. Yepe

“Dos de los más grandes revolucionarios del mundo — José Martí y Ho Chi Minh, vivieron algún tiempo en los Estados Unidos. Ambos tenían profundos conocimientos acerca de la historia y la cultura
estadounidenses. Ambos vieron el lado oscuro de esa nación, pero también advirtieron gran potencial revolucionario en los ideales democráticos de Estados Unidos. El vietnamita Ho Chi Minh escribió sobre el Ku Klux Klan y los linchamientos, y el cubano José Martí advirtió en el siglo XVIII contra las evidencias del advenimiento próximo del imperialismo en Norteamérica”.
La cita pertenece a un libro titulado “Vietnam y otras fantasías americanas”, del multipremiado académico y escritor de temas históricos culturales Bruce H. Franklin (n.1934).
El libro de Franklin intenta demoler fantasías, mitos y mentiras en las que cree la mayoría de los estadounidenses acerca de la
relativamente reciente Guerra de Vietnam, mediante la recuperación de la verdad sobre lo que en verdad fue la guerra imperialista contra los pueblos de Vietnam, Laos y Camboya, que fuera rechazada por una heroica lucha de decenas de millones de estadounidenses.
La narrativa dominante actualmente en Estados Unidos sobre esa guerra dice que había una nación democrática llamada Vietnam del Sur, y otra maléfica llamada Vietnam del Norte que formaba parte de una dictadura imperial comunista. Vietnam del Norte quiso invadir Vietnam del Sur. Por ser Estados Unidos el líder del mundo libre y defensor de la democracia en la Tierra, tuvo que acudir en defensa de Vietnam del Sur en 1965 y se vio empantanado en un atolladero. No pudimos ganar la guerra porque luchábamos con una mano atada a la espalda, por culpa de algunos estudiantes universitarios movilizados por veteranos profesores izquierdisantes y la actriz Jane Fonda”.
Franklin aclara en su libro que Vietnam era un solo país, no dos países. La guerra de Estados Unidos contra Vietnam comenzó en 1945, no en 1965. El movimiento contra la guerra se Inició por soldados y marineros estadounidenses que eran su vanguardia y que finalmente imposibilitaron a Washington continuar la guerra en 1945. Entre 1945 y 1975 la revolución de Vietnam fue vanguardia de la lucha global contra el colonialismo que trajo la independencia a la mitad la población mundial. Durante esas tres décadas, EEUU luchó para preservar el colonialismo y se convirtió en el líder del neocolonialismo, forma postrera del imperialismo en el mundo.
Franklin recuerda la verdadera historia del día de la rendición de Japón, el 14 de agosto de 1945, acudiendo a sus experiencias de aquel día, cuando él apenas tenía once años de edad, montando en una camioneta repleta de niños en alegre celebración por la calles del barrio de Brooklyn en el que entonces vivía. “Creímos en un futuro de paz y prosperidad, bien distinto al de una nación siempre en guerra como el que ahora nos toca vivir”.
Ese día de agosto fue el comienzo de la revolución en Vietnam, cuando el pueblo vietnamita se alzó y, en menos de tres semanas, derrotó la dominación japonesa y francesa, y logró establecer la República Democrática de Vietnam.
El 2 de septiembre, Ho Chi Minh leyó la declaración de la
independencia ante medio millón de vietnamitas en Hanoi, la antigua capital de una nueva nación que había estado luchando por su independencia por más de 2000 años.
De repente, dos aviones de combate aparecieron encima de la multitud. Cuando los vietnamitas reconocieron insignias de Estados Unidos en los aviones lanzaron gritos de alegría. Creían que los estadounidenses eran sus amigos y aliados, y que ellos eran los campeones de la libertad y la independencia del colonialismo.
Pero, en esos momentos, Washington conspiraba con París para lanzar una invasión contra la República Democrática de Vietnam que
restauraría el dominio colonial francés. Estados Unidos suministraría las armas y la financiación. Éste, puntualiza Franklin, fue el verdadero inicio de la guerra contra Vietnam y señala el principio del movimiento del pueblo de EEUU contra esa guerra.
Las tropas británicas que habían sido enviadas a Saigón para desarmar a las restantes fuerzas japonesas, en vez de hacer esto, rearmaron a los japoneses recién desarmados por los vietnamitas.
Pronto los japoneses se unieron a los británicos y a los remanentes de las fuerzas coloniales francesas para guerrear contra la nueva nación independiente declarada en Vietnam.
Cuando Washington decidió más tarde reemplazar a Francia en la guerra contra Vietnam, una feroz oposición de la ciudadanía lo impidió y, por tal motivo, la participación militar directa de EEUU tuvo que ser inicialmente encubierta.
Bruce H. Franklin recuerda que aunque fue la lucha de los vietnamitas lo que derrotó a EEUU, el movimiento contra la guerra, especialmente en las fuerzas armadas, fue lo que finalmente obligó a Washington a firmar un Tratado de paz que incluyó, palabra por palabra, cada demanda de las vencedoras fuerzas de liberación vietnamitas. Abril 17 de 2017.

LOS LÍMITES DE LAS LIGEREZAS DE TRUMP

LOS LÍMITES DE LAS LIGEREZAS DE TRUMP
Por Manuel E. Yepe
“El uso de los sistemas rusos de defensa antiaérea por parte del Ejército sirio como respuesta al ataque con misiles de Estados Unidos habría provocado un conflicto nuclear que no se produjo solo gracias al autocontrol que mostró Vladímir Putin en su carácter de comandante supremo de Rusia”, según lo declaró al diario Izvestia el miembro de la Academia de Ciencias Militares de la Federación Rusa Serguéi Sudakov.
“Muchos ciudadanos rusos consideran que Rusia debió repeler la agresión. Pero quienes eso piensan pasan por alto que, de haber sido así, el derribo de misiles estadounidenses habría provocado un cuadro de conflicto nuclear entre dos potencias nucleares en el territorio de un tercer país”. En opinión de Sudakov, Trump colocó a la humanidad a las puertas de una verdadera “guerra caliente”.
El analista militar Vladislav Shuryguin aclaró en Pravda que los sistemas rusos de defensa antiaérea desplegados en Siria defienden los intereses de Rusia y sólo están subordinados al mando militar de este país. De ahí que “cuando Israel o Turquía bombardean Siria de manera periódica, protegemos nuestra base aérea y sus instalaciones”. Para Shuryguin, los rusos tomaron una decisión política, porque el derribo de los misiles de Estados Unidos habría desembocado necesariamente en un conflicto entre Rusia y Estados Unidos.
En cambio, el Ministerio ruso de Defensa ha denunciado la ausencia de pruebas que respalden la acusación estadounidense sobre la existencia de armas químicas en la base siria de Al Shairat que pretextó Estados Unidos para atacar esa instalación.
Medios de prensa, bomberos, policías y autoridades sirias que accedieron a la base después de la agresión norteamericana con misiles Tomahawks alados, tampoco pudieron advertir la presencia de depósitos -ni mucho menos bombas- con armas químicas. Las personas que trabajan allí lo hacen con total normalidad, nadie viste trajes especiales para manejar sustancias tóxicas, indicó el mayor general Igor Konashenkov, uno de los jefes rusos de la base.
Obviamente, llamó la atención de los observadores la similitud de esta situación con el polvo blanco mostrado por el General Colin Powell para justificar una agresión estadounidense contra Irak en 2003 o el informe ante el Parlamento del entonces primer ministro británico, Anthony Blair, sobre supuestas armas químicas en ese país árabe aquel mismo año.
A juicio de observadores imparciales, Estados Unidos utilizó lo ocurrido como pretexto para castigar a Siria y al mismo tiempo dilatar una derrota del Estado Islámico que consolidaría al legítimo gobernante sirio, Bashar el Assad.
El gobierno sirio está solicitando la creación de una comisión internacional de expertos profesionales e independientes para investigar las circunstancias que llevaron al ataque con misiles de Washington contra Siria, única instancia legal capaz de verificar si desde esa base aérea se pudo haber hecho empleo de armas químicas. La Organización para la Prohibición de Armas Químicas ha garantizado que cualquier manipulación o empleo de sustancias tóxicas deja un rastro que pueden detectarse semanas y hasta meses después.
Hace tres años, Naciones Unidas verificó un desarme total de armas químicas que realizó Siria, de modo que las entidades especializadas de la organización mundial tendrían ahora que investigar apenas cómo pudo ocurrir el supuesto regreso al país de este tipo de armas y por cuál frontera.
Toda esta historia de motivaciones para el ataque con misiles de crucero en Siria es inconsistente con la ligereza de Donald Trump respecto a su anuncio, durante su campaña electoral, de que, de ser proclamado Presidente, se opondría al involucramiento de la nación en conflictos internacionales ajenos, algo que sin dudas contradice la agenda del poder real que gobierna al imperio.
Trump había dicho que priorizaría la derrota del terrorismo global, objetivo que igualmente contradice con este ataque, que en los hechos prolonga la existencia del enemigo principal contra el que él había manifestado que debía concentrarse Estados Unidos, porque con ello salvó al Estado Islámico de una derrota inminente a manos del ejército sirio.
Se evidenció, una vez más, que la política subyacente de Estados Unidos, sea quien sea el Presidente y el partido en el gobierno, es prolongar las guerras tanto como sea posible en aras de beneficios para el complejo militar industrial.
Es evidente que Donald Trump no es tan absurdo como parece en el desempeño de su presidencia, sólo que los fines que pregona casi nunca son metas reales. A veces sólo expresan una parte de sus verdaderos objetivos, a los que pretende llegar por carambola.
Las ligerezas de Trump como presidente, sin duda, tienen sus límites allí donde sobrepasan las pautas fijadas por el poder real, el que no se alcanza en elecciones de fachada democrática.

Abril 11 de 2017.