SE TAMBALEA INSTITUCIONALIDAD EN EE.UU.

SE TAMBALEA INSTITUCIONALIDAD EN EE.UU.
Por Manuel E. Yepe
Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.
https://manuelyepe.wordpress.com/

“El asalto que durante cuatro décadas han venido llevando a cabo contra nuestras instituciones democráticas las corporaciones las ha dejado débiles y en buena medida disfuncionales”, afirmaba el periodista, ministro presbiteriano y escritor multipremiado Chris Hedges el 13 de febrero último en el sitio web estadounidense Truthdig. “Estas instituciones, que rindieron sus banderas, su eficacia y su credibilidad a los intereses corporativos, debían haber sido nuestro escudo de defensa. En cambio, hoy se tambalean ante la embestida.
Los sindicatos son una fuerza apagada. La prensa está corporativizada e inspira desconfianza. Las universidades han sido purgadas de discrepantes y expertos independientes que critiquen al
neoliberalismo, al deterioro de las instituciones democráticas y a los partidos políticos. La difusión pública y las artes han perdido su sostén y han quedado sin vida. Los tribunales han sido repletados de jueces cuyas carreras legales se formaron al servicio del poder corporativo, una tendencia que continuó bajo Barack Obama. El dinero ha sustituido a los votos y el partido demócrata, en vez de cortar sus lazos con Wall Street y las corporaciones, está ingenuamente esperando una debacle de Trump.
El mayor activo con que cuenta Trump es el partido demócrata decadente, despistado, narcisista y belicista, según criterio del ex candidato presidencial Ralph Nader, entrevistado por teléfono desde Washington. “Si la estrategia demócrata es la de esperar por una implosión de Trump, estamos en problemas. Y todo lo que aplica a los demócratas se puede decir igualmente sobre los sindicatos obreros: “No controlan el tren”.
La pérdida de credibilidad de las instituciones democráticas empuja al país a una crisis existencial y económica. Los tribunales, las universidades y la prensa ya no inspiran confianza en decenas de millones de estadounidenses que los consideran, atinadamente, órganos de las élites corporativas. Propiamente, estas instituciones debían ser mecanismos de los que la sociedad estadounidense se sirva para desenmascarar las mentiras de los poderosos, criticar las ideologías predominantes y promover la justicia.
Para Hedges, los estadounidenses han sido traicionados por sus instituciones, es por ello que el régimen de Trump puede atacar a la prensa llamándola “partido de la oposición”, amenazar con cortar el financiamiento de las universidades, mofarse de un jurista federal llamándolo “un supuesto juez” y denunciar una orden judicial por “indignante”, como ha hecho el recién estrenado Presidente.
La decadencia de las instituciones democráticas es, en el capitalismo, requisito para el ascenso de los regímenes autoritarios o fascistas. Este deterioro ha dado credibilidad a un farsante patológico. Según una encuesta de la Universidad de Emerson, el gobierno de Trump, es considerado veraz por el 49 % de los votantes registrados, mientras que apenas el 39 % de los votantes registrados considera veraces a los medios de comunicación.
Cuando las instituciones democráticas no funcionan, la realidad pasa a ser cualquier absurdo que indique la Casa Blanca.
La mayoría de las reglas de la democracia no son escritas. Estas reglas determinan el comportamiento público y aseguran el respeto de las normas democráticas, los procedimientos y las instituciones. Para el deleite de sus seguidores, como Presidente, Trump ha rechazado estas pautas políticas y culturales.
Hannah Arendt , una de las más influyentes filósofas políticas del siglo XX en Europa, en su libro sobre los orígenes del totalitarismo señaló que al colapsar las instituciones democráticas “se facilita la aceptación de proposiciones palmariamente absurdas que las viejas verdades han convertido en banalidades piadosos.”
“Está destruyendo un código de comportamiento tras otro”, dijo Nader de Trump. “Hasta ahora ha conseguido llegar lejos en ello sin pagar precio alguno. Está rompiendo las normas elementales de comportamiento con lo dicho sobre las mujeres, la comercialización de la Casa Blanca y su política de que él es la ley”.
Nader considera que el partido demócrata está demasiado “decadente e incompetente” para constituir un desafío serio para Trump. Y no cree que el partido republicano se gire contra Trump mediante impeachment o considere otra forma para destituirlo, a menos que con su Presidencia pueda peligrar la retención del poder por ese partido en las elecciones de 2018.
La mayor esperanza, dijo, proviene de las numerosas protestas que se han montado en las calles, en ayuntamientos convocadas por los miembros del Congreso y en situaciones de conflicto tales como Standing Rock. También pudiera aportarla la cantera de los 2,5 millones de funcionarios del gobierno federal disgustados por el autoritarismo de Trump.
Un sostenido levantamiento popular de obstrucción y la no cooperación sin violencia, a nivel nacional, es el único recurso para salvar la República. Las élites sólo responderán cuando sientan miedo. Si no los asustamos fracasaremos, advierte Chris Hedges.
Febrero 20 de 2017.

NO PROLIFERACIÓN ES VARIANTE DEL MONOPOLIO

NO PROLIFERACIÓN ES VARIANTE DEL MONOPOLIO
Por Manuel E. Yepe
Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.
https://manuelyepe.wordpress.com/

El director del Departamento de No Proliferación y Control de Armas de la Cancillería rusa, Mijaíl Ulianov, manifestó preocupación por que Irán pueda abandonar el acuerdo nuclear y advirtió que ello
constituiría lo que calificó como un gran fracaso para la comunidad internacional y opinó que las sanciones de Estados Unidos contra Irán no favorecían la aplicación del acuerdo nuclear sino que lo ponían en serio peligro.
“Vemos una retórica sumamente dura de la administración estadounidense y otra no menos dura en la respuesta por parte de Teherán. Se han impuesto las sanciones a Irán y naturalmente esto crea un ambiente desfavorable para la puesta en marcha del acuerdo nuclear”, afirmó Ulianov a la agencia rusa RIA Novosti.
El histórico acuerdo de 2015 entre Irán y seis países, impuso límites al programa nuclear de Teherán, tiene como supuesto fin prevenir el desarrollo de las armas atómicas por Irán. Los países acordaron un plan de acción, cuyo cumplimiento levantaría las sanciones económicas y financieras impuestos previamente por el Consejo de Seguridad de la ONU, EEUU y la Unión Europea.
El nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, ha criticado en numerosas ocasiones este acuerdo, al expresar que su predecesor, Barack Obama, hizo demasiadas concesiones a los iraníes. Trump calificó este acuerdo como “uno de los peores”.
El pasado 29 de enero Irán efectuó el lanzamiento de un misil balístico de alcance medio a unos 225 kilómetros de Teherán. “La prueba misilística estaba en línea con nuestros programas, y no permitiremos que otros países interfieran en nuestros asuntos de defensa”, indicó el ministro iraní de Defensa, Hossein Dehkan. El 3 de febrero, Washington aprobó sanciones contra Irán por su programa de misiles balísticos y, obedientemente, la Unión Europea exhortó a Teherán a no realizar tales ensayos “para no profundizar la desconfianza en la comunidad internacional” y apuntó que solo el Consejo de Seguridad de la ONU puede decidir si Irán ha violado o no el Tratado de No Proliferación Nuclear.
A nadie en el mundo escapa que es Estados Unidos quien “representa” a Occidente en todas las negociaciones que han tenido lugar en torno a este asunto. Así se hizo evidente cuando durante muchos años la humanidad estuvo sufriendo la angustiosa paralización de las discusiones sobre temas nucleares con Irán hasta que las autoridades norteamericanas aceparon pagar secretamente a Irán 1.700 millones de dólares por una antigua disputa entre ambos países. El desembolso se realizó como consecuencia de un viejo desacuerdo comercial entre ambos países, que databa de los años 70 y 80 del siglo pasado.
Según The Wall Street Journal, un primer avión con 400 millones de dólares llegó a Irán el 17 de enero, coincidiendo con la liberación de cuatro ciudadanos estadounidenses allí encarcelados.
Posteriormente, el 22 de enero y el 5 febrero, dos aviones más volaron con destino a Irán portando euros, francos suizos y otras divisas por un valor de 1.300 millones de dólares. Un portavoz del Departamento del Tesoro de Washington confirmó la operación y aclaró que se acordó esa forma de pago ―en efectivo pero no en dólares estadounidenses― a fin de burlar la eficacia de las sanciones a que aislaron a Teherán del sistema financiero internacional.
El pago derivaba de un negocio no concretado que se remontaba a 1979, cuando el entonces sha Mohammad Reza Pahlaví compró equipos militares estadounidenses que nunca pudo recibir a causa del derrocamiento de su gobierno por la Revolución Islámica.
Según el New York Times, los oficiales de la administración de Obama calculaban que Estados Unidos podía perder el juicio en el Tribunal de La Haya (Holanda) en cuyo caso acabarían pagando 10.000 millones de dólares por intereses. En tales circunstancias, Washington decidió en 2015 pagar la vieja deuda.
La humanidad debía seguir muy de cerca, y en detalle, toda negociación sobre no proliferación nuclear porque, en última instancia, resultan ser variantes de la proyección monopolista y chantajista con que Estados Unidos ha impuesto su hegemonía global, aunque
excepcionalmente -y por caminos y motivos muy diferentes-, hayan logrado insertarse en el reducido club monopolista naciones pequeñas como Israel y la República Democrática Popular de Corea.
Las políticas de no proliferación, son apenas variantes de la política de monopolio atómico, atenuantes de sus efectos. Para los pueblos, obviamente, no acaban los peligros con la limitación o la reducción del número de países con capacidad nuclear militar.
¡La amenaza de guerra atómica sólo desaparece con el desarme general y completo, comenzando por el desarme nuclear universal!
Febrero 13 de 2017.

VETO DE TRUMP A MUSULMANES EXCLUYE SAUDÍES

VETO DE TRUMP A MUSULMANES EXCLUYE SAUDÍES
Por Manuel E. Yepe
Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.
https://manuelyepe.wordpress.com/

La prohibición de ingresar a Estados Unidos para ciudadanos de países con población de mayoría musulmana dictada por Donald Trump no incluye a los de Arabia Saudita.
“No solo es malintencionada y, ojalá, inconstitucional, porque es irracional ya que no incluye al país más responsable de difundir el terrorismo en todo el mundo”, escribe en Common Dreams el 7 de febrero en curso la escritora Medea Benjamin, cofundadora de Global Exchange y autora de los libros “CODEPINK: Mujeres por la Paz” y “Arabia Saudita, Reino de la Injusticia”, de próxima aparición.
La interdicción de viajar a Estados Unidos impuesta a personas de siete países de mayoría musulmana se fundamentaba en la necesidad de impedir que potenciales terroristas entren a Estados Unidos. Trump cita como argumento para su orden ejecutiva la tragedia del 11 de septiembre de 2001 y la masacre de San Bernardino del 2 de diciembre de 2015 en California.
Pero Benjamin señala en su artículo que ni un solo ciudadano de alguno de los siete países prohibidos ha sido acusado por alguno de esos crímenes en suelo estadounidense. De hecho es extraño que se omitiera de la lista a Arabia Saudita, país de origen de 15 de los 19 secuestradores del 11 de septiembre de 2001en Estados Unidos. Claro que a nadie sorprende esta diferenciación a favor de Arabia Saudita porque esa ha sido política de los Estados Unidos desde el descubrimiento de petróleo en el país desértico en la década de 1930. No obstante la clara evidencia de que el Gobierno saudita apoyaba al Estado Islámico y Al Qaeda, Obama mantuvo la estrecha relación con los saudíes, incluida la venta de masivas cantidades de armas al reinado. Solo cuando Obama firmó el acuerdo nuclear con Irán, adversario de Arabia Saudita, la relación comenzó a debilitarse.
Ahora -según Benjamin- parece que, a pesar de las duras críticas de Donald Trump al “Reino represivo de los sauditas” durante su campaña, habrá una firme alianza entre el flamante presidente y el régimen saudita que, en 2011, calificó como el donante más grande del mundo al terrorismo. Dijo entonces que el gobierno saudí utiliza “los petrodólares, nuestro propio dinero, para financiar a los terroristas que buscan destruir nuestro pueblo mientras que los sauditas confían en nosotros para protegerlos.”
Trump está sin duda consciente de la conexión terrorista Saudí y la ironía de la relación de Estados Unidos y Arabia Saudita. En 2016, en plena campaña electoral, durante entrevista con Fox News, Trump dijo que quienes hicieron saltar el World Trade Center “no fueron los iraquíes, sino Arabia”. También repetidamente criticó a Hillary Clinton por aceptar dinero Saudí para la Fundación Clinton y la instó a devolver el dinero.
Según Medea Benjamin, la omisión de Arabia Saudita de la lista de los prohibidos no parece tan irracional cuando se sabe que la conexión financiera del Reino con la cuenta bancaria de Donald Trump se ha ampliado en ambos sentidos en tiempos recientes.
Las inversiones sauditas en hoteles Trump, han incluido la compra de un piso completo del Hotel Trump Nueva York, y otras operaciones que han aportado $ 5,7 millones a las empresas de Trump desde 2001. En un acto de campaña en Alabama, Trump resaltó el “afecto” que le une a la realeza Saudí: “Me compran apartamentos y propiedades. Gastan $ 40 millones. ¿Acaso debo odiarlos? Al contrario, me agradan mucho.” Trump no es el único con lazos estrechos con Arabia saudita. El flamante Secretario de Estado, Rex Tillerson, estaba también muy vinculado a Arabia Saudita durante su permanencia como máximo dirigente de Exxon, “uno de los mayores inversionistas extranjeros en el Reino.” Es también uno de los mayores clientes de crudo del sector privado de Saudi Aramco. Exxon y empresas estatales sauditas trabajan juntos en la construcción de una enorme instalación de refinería de gas natural a lo largo del Golfo de México para la fabricación de plásticos.
El gobierno Saudita también aplaude la tirantez de los nexos de la administración de Trump con Irán, su viejo adversario. Les alentaba la crítica constante de Trump al acuerdo nuclear durante su campaña y el nombramiento en puestos del gabinete a varios generales de conocidas posiciones contrarias a Irán. La postura de Irán contra Trump se traducirá sin duda en constantes ventas de armas de Estados Unidos a los sauditas y un continuo apoyo de Estados Unidos para la guerra saudita contra Yemen.
En el mundo de Trump –concluye Medea Benjamin- donde el dinero manda, a los pobres yemeníes les está prohibido ingresar en Estados Unidos. Al igual que los sirios, mueren en sus casas y cuando huyen de la violencia son catalogados de terroristas mientras los príncipes saudíes disponen de tránsito seguro a sus lujosos aposentos en las torres Trump de Manhattan.
Febrero 16 de 2017.

LA POLICÍA POLITICA ESTADOUNIDENSE

LA POLICÍA POLITICA ESTADOUNIDENSE
Por Manuel E. Yepe
Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

“Probablemente, cuando James Comey, director del FBI, hizo explotar la bomba propagandística que voló en pedazos el curso de las elecciones presidenciales de 2016 y modificó con ello por algún tiempo la forma de gobernar en Estados Unidos, no lo hizo por cuenta de los rusos ni como un actor terrorista aislado. En verdad estaba actuando conforme a la más fiel tradición del Buró Federal de Investigaciones (FBI) como policía política, utilizando su autoridad -legal, ilegal y efectiva- para inmiscuirse en los asuntos políticos del país”, dice el periodista Marc Sapir en un trabajo de la serie “Portals from the Past” del SF Chronicle”.
Una característica distintiva de la que los propagandistas
estadounidenses gustan de alardear es la separación de los procesos políticos de la policía y el ejército. Estas agencias se presentan como siervos obedientes que en “la gran democracia norteamericana” ejercen sus deberes represivos sólo a instancias de líderes
debidamente electos.
Pero desde su origen de 1935 -con el nombramiento de John Edgar Hoover como su director- el FBI ha operado exigiendo la observancia de su propia agenda política mediante la intimidación a partir de su atribución de dictaminar cuales actuaciones de la ciudadanía, los líderes políticos, los congresistas, los activistas de los derechos civiles y organizaciones no gubernamentales son admisibles y cuáles subversivas. Luego actúa contra estas últimas sobre la base de tal definición.
En 1944, antes de finalizar la II Guerra Mundial, se reforzó la autoridad del FBI en un momento cuando la oficina anticomunista del senador Joe McCarthy, cazador de la disidencia que destruyó las vidas de miles de ciudadanos y eliminó el liderazgo elegido democráticamente de muchos sindicatos en todo los Estados Unidos. Pero el repudio y el desmontaje del macartismo no obstaculizaron las actividades políticas del FBI. Cuando Congreso retirado del FBI amplia poderes autónomos para intuir y destruir los derechos civiles, derechos humanos y activismo contra la guerra, el FBI, no autorizada, fue bajo el radar desarrollo de proyectos político que eran ilegales y más intrusiva en la vida política del país. Se había convertido en el semi-oficial arbitro de lo que se definiría como antiestadounidenses.
Por la década de 1960 la simple idea de creer o adoptar ideas tales como socialismo, igualdad, justicia social, antiimperialismo o comunismo constituían actos “subversivos”. Pero esto no satisfacía aún los designios de Hoover ni de los posteriores dirigentes de la FBI. Se dedicaron a continuar el mito de la amenaza roja. Para ello decidieron falsear algunos estragos que justificaran las actuaciones contra el peligro percibido. Así que el FBI se dispuso a infiltrarse, manipular, controlar y alterar todo tipo de actividades políticas que no favorecieran sus objetivos.
El FBI denunció a líderes civiles defensores de los derechos como Ralph Abernathy, Martin Luther y Coretta Scott King, Seymour Hersh, Sammy Davis Jr., Cesar Chavez y los movimientos que ellos encabezaban o apoyaban. Fueron hechos públicos miles de denuncias al Departamento de Justicia, la CIA, el Servicio Secreto y la Inteligencia Militar que los involucraban. En 1964 la Convención Nacional del Partido Democráta recibió del FBI envió informes de sus informantes sobre conspiraciones y planes subversivos que involucraban a buen número de delegados. En los años 70, el FBI tenía 7.402 informantes en barriadas pobres urbanas de Estados Unidos.
En contraste con el hecho de que el robo de Watergate causó la caída del Presidente Nixon, la policía política del FBI lleva a cabo cientos de ilegales robos sin que agente alguno suyo haya sido capturado.
Con respecto al papel de Comey a fines de 2016, hasta el Wall Street Journal escribió el 13 de enero de 2017 que James Comey debía ser despedido.
Pero es poco probable que Donald Trump haga algo así con quien le ayudó a convertirse en Presidente. En cualquier caso, cualquier esfuerzo por rescatar la democracia debe incluir la despolitización del FBI y el castigo de enjuiciamiento de quienes se dedican a tan ilegales y provocativas actividades.
Características anti democráticas del actual sistema electoral bipartidista estadounidense son las que disponen la supresión de votantes, las ilimitadas y anónimas contribuciones, los anuncios publicitarios llenos de mentiras, las falsas noticias y un Colegio Electoral que puede seleccionar Presidente de la Nación a un perdedor por diferencia de casi tres millones de sufragios en la votación popular. Pero las intrusiones conocidas del FBI en la política opacan estos defectos del sistema político estadounidense.
Luchar contra éste requeriría de mucha indignación pública y presión popular. Un fuerte periodismo ético exponente de la magnitud del peligro podría ayudar.

Febrero 6 de 2017.

LA POLICÍA POLITICA ESTADOUNIDENSE

LA POLICÍA POLITICA ESTADOUNIDENSE
Por Manuel E. Yepe

“Probablemente, cuando James Comey, director del FBI, hizo explotar la bomba propagandística que voló en pedazos el curso de las elecciones presidenciales de 2016 y modificó con ello por algún tiempo la forma de gobernar en Estados Unidos, no lo hizo por cuenta de los rusos ni como un actor terrorista aislado. En verdad estaba actuando conforme a la más fiel tradición del Buró Federal de Investigaciones (FBI) como policía política, utilizando su autoridad -legal, ilegal y efectiva- para inmiscuirse en los asuntos políticos del país”, dice el The New York Times una nota reciente.
Una característica distintiva de la que los propagandistas
estadounidenses gustan de alardear es la separación de los procesos políticos de la policía y el ejército. Estas agencias se presentan como siervos obedientes que en “la gran democracia norteamericana” ejercen sus deberes represivos sólo a instancias de líderes
debidamente electos.
Pero desde su origen de 1935 -con el nombramiento de John Edgar Hoover como su director- el FBI ha operado exigiendo la observancia de su propia agenda política mediante la intimidación a partir de su atribución de dictaminar cuales actuaciones de la ciudadanía, los líderes políticos, los congresistas, los activistas de los derechos civiles y organizaciones no gubernamentales son admisibles y cuáles subversivas. Luego actúa contra estas últimas sobre la base de tal definición.
En 1944, antes de finalizar la II Guerra Mundial, se reforzó la autoridad del FBI en un momento cuando la oficina anticomunista del senador Joe McCarthy, cazador de la disidencia que destruyó las vidas de miles de ciudadanos y eliminó el liderazgo elegido democráticamente de muchos sindicatos en todo los Estados Unidos. Pero el repudio y el desmontaje del macartismo no obstaculizaron las actividades políticas del FBI. Cuando Congreso retirado del FBI amplia poderes autónomos para intuir y destruir los derechos civiles, derechos humanos y activismo contra la guerra, el FBI, no autorizada, fue bajo el radar desarrollo de proyectos político que eran ilegales y más intrusiva en la vida política del país. Se había convertido en el semi-oficial arbitro de lo que se definiría como antiestadounidenses.
Por la década de 1960 la simple idea de creer o adoptar ideas tales como socialismo, igualdad, justicia social, antiimperialismo o comunismo constituían actos “subversivos”. Pero esto no satisfacía aún los designios de Hoover ni de los posteriores dirigentes de la FBI. Se dedicaron a continuar el mito de la amenaza roja. Para ello decidieron falsear algunos estragos que justificaran las actuaciones contra el peligro percibido. Así que el FBI se dispuso a infiltrarse, manipular, controlar y alterar todo tipo de actividades políticas que no favorecieran sus objetivos.
El FBI denunció a líderes civiles defensores de los derechos como Ralph Abernathy, Martin Luther y Coretta Scott King, Seymour Hersh, Sammy Davis Jr., Cesar Chavez y los movimientos que ellos encabezaban o apoyaban. Fueron hechos públicos miles de denuncias al Departamento de Justicia, la CIA, el Servicio Secreto y la Inteligencia Militar que los involucraban. En 1964 la Convención Nacional del Partido Democráta recibió del FBI envió informes de sus informantes sobre conspiraciones y planes subversivos que involucraban a buen número de delegados. En los años 70, el FBI tenía 7.402 informantes en barriadas pobres urbanas de Estados Unidos.
En contraste con el hecho de que el robo de Watergate causó la caída del Presidente Nixon, la policía política del FBI lleva a cabo cientos de ilegales robos sin que agente alguno suyo haya sido capturado.
Con respecto al papel de Comey a fines de 2016, hasta el Wall Street Journal escribió el 13 de enero de 2017 que James Comey debía ser despedido.
Pero es poco probable que Donald Trump haga algo así con quien le ayudó a convertirse en Presidente. En cualquier caso, cualquier esfuerzo por rescatar la democracia debe incluir la despolitización del FBI y el castigo de enjuiciamiento de quienes se dedican a tan ilegales y provocativas actividades.
Características anti democráticas del actual sistema electoral bipartidista estadounidense son las que disponen la supresión de votantes, las ilimitadas y anónimas contribuciones, los anuncios publicitarios llenos de mentiras, las falsas noticias y un Colegio Electoral que puede seleccionar Presidente de la Nación a un perdedor por diferencia de casi tres millones de sufragios en la votación popular. Pero las intrusiones conocidas del FBI en la política opacan estos defectos del sistema político estadounidense.
Luchar contra éste requeriría de mucha indignación pública y presión popular. Un fuerte periodismo ético exponente de la magnitud del peligro podría ayudar.

Febrero 6 de 2017.

DE CÓMO SE FABRICÓ AL PRESIDENTE TRUMP

DE CÓMO SE FABRICÓ AL PRESIDENTE TRUMP
Por Manuel E. Yepe

Apenas transcurridos dos meses de su elección y a menos de uno luego de su toma de posesión, ha comenzado a circular en Estados Unidos el libro “La fabricación del Presidente 2016: Cómo Donald Trump orquestó una revolución”. Su autor, Roger Stone, es asesor y amigo de muchos años de Trump, estratega político republicano y autor de varios “best sellers” anteriores.
Al estilo de Theodore White, quien en The New York Times realizara libros similares a pocas horas de la elección de todos los presidentes estadounidenses desde 1960, Roger Stone presenta su sesgada versión de lo ocurrido y su pronóstico de lo que traerá la elección de Donald Trump para el presente y el futuro de Estados Unidos y el mundo. En las primeras horas del nueve de noviembre de 2016, una de las contiendas electorales por la presidencia más discutidas, disolutas y polarizadas en la historia de la nación llegó a un abrupto e inesperado colofón cuando la fuertemente favorecida candidata presidencial del partido demócrata, Hillary Clinton, telefoneó a su oponente para reconocer su derrota, impactando con ello a una nación que parecía no haber dado crédito hasta entonces a las posibilidades de victoria de Donald Trump.
Fue la mayor sorpresa en la historia política de Estados Unidos, considerando el torrente de invectivas y rechazos en los medios masivos de comunicación que había acompañado a la campaña de Donald Trump.
Stone observa que el resultado de la elección presidencial a favor de Donald Trump en los estados presuntamente afines a los demócratas de Pensilvania, Wisconsin y Michigan, fue lo que le dio a la postre la victoria al aspirante republicano. Considera este fenómeno como la primera confirmación convincente que se tiene de la capacidad que posee una “mayoría silenciosa” de cambiar un corolario electoral en Estados Unidos.
Como íntimo asesor y confidente de Trump, Stone brinda en su libro toda una novela acerca de cómo éste, casi solo, contando apenas con el apoyo de un equipo de campaña de base de estilo guerrillero, aprovechó la exasperación que reinaba entre los “norteamericanos olvidados” y gracias a ello pudo competir con el depurado funcionamiento de la maniabierta y bien engrasada maquinaria política de Hillary Clinton… y vencerla.
Desde el principio, la campaña de Trump se diferenció de la práctica habitual en el escenario Usamericano por su combatividad, rebeldía y audacia. Según Stone, “su nominación constituyó una toma de posesión en condiciones de hostilidad dentro de su propio partido (republicano) y fue rechazada por el liderazgo de ambos partidos, cuyas políticas habían conducido a la nación al borde del colapso financiero y puesto en peligro la seguridad nacional”.
En su libro, Stone describe cómo Donald Trump demostró una habilidad política superior en todas las situaciones que tuvo que enfrentar. Revela cómo Trump fue brillante en la selección de las debilidades de Hillary, particularmente su reputación de corrupta, con lo que encendió las pasiones de tantos hombres blancos sin trabajo en un momento cuando millones de estadounidenses desesperadamente pedían cambios.
Stone también ofrece su versión acerca de cómo y por qué los medios de comunicación se equivocaron en sus pronósticos sobre los resultados electorales.
Trump hizo alarde de grandes habilidades para ofrecer a los votantes aquello que pedían. Se presentó como el candidato opuesto a la apertura de las fronteras y defensor de la soberanía nacional Usamericana.
Stone narra el triunfo de Trump en los tres debates que tuvo con Clinton, en los que –asegura- se mostró más hábil que su oponente: la corrupción de la Fundación Clinton, su mal manejo del correo electrónico oficial en asuntos privados y su incompetencia en el desempeño del cargo de Secretaria de Estado durante el segundo período de mandato de Obama. Fueron situaciones en las que se mostró más convincente, según el escritor.
Stone revela en su libro interioridades relacionadas con los casos de Julian Assange y Wikileaks; el jefe de la campaña de Clinton John Podesta; el vicejefe de campaña de Hillary, Huma Abedin; el político demócrata acusado por delitos de pornografía infantil, Anthony Weiner; el ex representante tres veces acusado por escándalos sexuales Carlos Danger; el ex consejero de Bill Clinton Doug Band; el billonario Jeffrey Epstein, y acerca de los esfuerzos por ocultar debilidades y problemas de salud de la ex primera dama. Stone desmiente la falsa narrativa que acusaba a Trump de estar confabulado con el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, y sobre el suministro a Wikileaks de mensajes provenientes de los rusos.
También argumenta en el libro su criterio de que la elección de Trump ha evitado una guerra con Rusia sobre Siria y ha promovido el rechazo a las políticas neoconservadoras de Obama y Clinton.
Febrero 3 de 2017.

MÁS VALE TARDE QUE NUNCA

MÁS VALE TARDE QUE NUNCA
Por Manuel E. Yepe
Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.
https://manuelyepe.wordpress.com/

A partir del triunfo revolucionario en enero de 1959, Estados Unidos aplicó una política migratoria diferente para Cuba, dirigida, en un primer momento, a ofrecer protección y asilo a los asesinos, esbirros, torturadores y malversadores de la tiranía encabezada por Fulgencio Batista sin acceder jamás a las solicitudes de extradición
oficialmente presentadas contra los más connotados criminales- y, posteriormente, a estimular la emigración ilegal de ciudadanos cubanos hacia ese país, dando prioridad a los profesionales y personal calificado.
La decisión del ex presidente de Estados Unidos Barack Obama de abolir- apenas unas horas antes de dejar el cargo- la llamada política de “pies secos, pies mojados” que había sido establecida en 1995 contra Cuba como parte de un paquete de medidas para estimular las salidas ilegales de cubanos hacia Estados Unidos con fines de robo de cerebros y propagandísticos, fue acogida con mucho placer a ambos lados del Estrecho de la Florida, a excepción, obviamente, de los sectores y personas que de manera vergonzosa han estado lucrando con sus criminales efectos.
Esa política causante de numerosas tragedias ha quedado sin efecto a raíz de la firma de un nuevo acuerdo migratorio cubano estadounidense. En la práctica, la nueva situación consiste en que Washington se obliga a aplicar a inmigrantes ilegales provenientes de Cuba el mismo tratamiento migratorio que emplea con quienes llegan a territorio estadounidense desde cualquier otro país del mundo.
La legislación migratoria que Estados Unidos venía aplicando contra Cuba, con absoluta excepcionalidad, consistía en acoger de manera inmediata a cuanto pretendido inmigrante cubano lo solicitara, apenas pusiera pie en territorio de Estados Unidos. Solo serían rechazados y devueltos a su lugar de origen aquellos que fueran interceptados en el mar por sus tropas guardacostas.
Entre quienes eran acogidos de inmediato aunque no tuvieran la documentación requerida estaban quienes arribaran a la frontera terrestre con México, aquellos que llegaran en avión y quienes habiendo ingresado en Estados Unidos legalmente para una permanencia limitada, solicitaran quedarse.
Se trataba, por tanto, de un trato discriminatorio e injusto para con inmigrantes del resto del mundo pero que además estimulaba a ciudadanos cubanos dispuestos a asumir riesgos mortales, o hacérselos correr a sus familiares, niños incluidos, para ser admitidos en paraíso de yanqui.
No pocos de los “beneficiados” eran nacionales de otros países del mundo con documentación cubana falsificada o sustraída de sus legítimos portadores cubanos en cualquier otro lugar del mundo por bandas de traficantes de personas.
La política de “pies secos, pies mojados” deriva de la Ley de Ajuste Cubano, que se mantiene vigente y que es la sombrilla de la que patrocina otras disposiciones gubernamentales encaminadas a promover el derrocamiento del gobierno socialista de la Isla para acabar con lo que representa su ejemplo para otros países de América Latina y el Tercer Mundo.
La Ley de Ajuste Cubano es la legislación típicamente imperialista que reafirmó el tratamiento particular para la emigración cubana al concederle asilo político de forma casi automática, eximiéndole de las cuotas por países que establecía la Ley Inmigratoria en ese país desde 1965 y la posibilidad de ajustar el estatus migratorio al año y un día de permanecer en territorio estadounidense optando por la residencia sin tener que salir de Estados Unidos, tal y como lo establece la Ley Inmigratoria para el resto de los inmigrantes.
Por el nuevo arreglo migratorio recién adoptado por los gobiernos de Cuba y Estados Unidos poco antes de la conclusión del mandato presidencial de Barack Obama, Washington se obliga a seguir
proporcionando un mínimo de 20 mil visados anuales para ciudadanos cubanos, cuota cuyo incumplimiento o retraso incrementa la demanda por parte de los interesados en visitar Norteamérica y favorece la oferta de los traficantes de personas.
El acuerdo ha obliga a Washington a derogar otro programa contra Cuba cuya crueldad ha sido aun más evidente. Se trata del programa CIA conocido como “parole”, que promueve la deserción de médicos y otros profesionales cubanos de la salud durante el cumplimiento de sus humanitarias misiones en terceros países.
Aunque tardías, estas modificaciones en la política migratoria estadounidense con Cuba han significado un paso importante y positivo para lograr una migración ordenada, segura y legal, y un aporte importante al combate contra la trata de personas y otros delitos graves que ponen en riesgo la seguridad nacional, tales como el secuestro de aviones y embarcaciones.
Enero 31 de 2017.

ALERTA SANDERS SOBRE ATAQUES A MEDICARE

ALERTA SANDERS SOBRE ATAQUES A MEDICARE
Por Manuel E. Yepe

En breve, el nuevo congreso republicano resultante de las elecciones de noviembre último en Estados Unidos comenzará una nueva etapa de esfuerzos por desmantelar el precario sistema de salud que de alguna manera ha podido avanzar el gobierno de Barack Obama para beneficio de una parte de la población humilde en la superpotencia.
En beneficio de las grandes corporaciones que controlan el negocio de la salud pública en el país, se pretende retirar el seguro de salud a decenas de millones de estadounidenses, privatizar Medicare, hacer recortes masivos a Medicaid, así como aumentar el precio de los medicamentos y desfinanciar la planificación familiar.
En medio de un grotesco y creciente nivel de ingresos para los más opulentos y una chocante desigualdad de la riqueza en el país, se proyecta hacer aprobar impuestos ínfimos para una pequeña parte del uno por ciento más opulento de la nación más rica del planeta, lo que reducirá los aportes al presupuesto de este sector súper privilegiado de la burguesía.
En un mensaje dirigido a quienes se han mantenido como los más fieles seguidores de sus pronunciamientos progresistas de campaña, el ex precandidato del partido demócrata a la silla presidencial, Bernard “Bernie” Sanders, quien en pleno apogeo de sus posibilidades de obtener la nominación para la Casa Blanca cedió su candidatura a Hillary Clinton -a la postre desbancada por el actual presidente electo Donald Trump- llamó a “detener esta agresión contra la clase obrera con la activa participación de millones de estadounidenses en todas las comunidades de nuestro país. De hecho, exigirá de nada menos que una revolución política que involucre a millones de personas de todos las esferas de la vida -independientemente de si votaron por Hillary Clinton, Donald Trump o por cualquiera otra persona. Nuestro primera demanda debe ser la de proteger la atención de la salud de la población.”
El llamado de Sanders a sus seguidores advertía que “el cambio nunca vendrá de las entrañas de Washington, siempre tendrá que provenir de nuestras comunidades y bases. “Así ha sido siempre en la historia de Estados Unidos: el movimiento sindical, el movimiento de mujeres, el movimiento de los derechos civiles, el movimiento ambientalista, el movimiento de derechos para los gays y lesbianas, tendrán que permanecer juntos para que prevalezca la justicia. Cuando estamos divididos o apáticos, perdemos.”
Sanders informó que el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer; la líder demócrata en la Cámara, Nancy Pelosi, y él mismo han pedido a sus colegas en el Congreso que organicen eventos en sus estados y sus distritos donde la gente pueda juntarse para hacer oír sus voces. ¡Vamos a ganar cuando todos estemos juntos en esta lucha!”
“Con Donald Trump en la Presidencia y los republicanos controlando el Congreso, es más importante que nunca que nos comprometamos a construir un movimiento transformador de este país y unir a la gente en torno a una agenda que beneficie a las familias trabajadoras y que no sólo no aceptemos los horribles recortes a Medicare, Medicaid y a la planificación de la familia sino que tampoco que permitamos que millones de personas pierdan su seguro de salud.
“Hagámosle saber a Trump y al Congreso que hablamos a nombre de todos los estadounidenses y de los donantes a las campañas -que no son sólo los más ricos los que a ellas aportan. Contribuyamos todos a construir la resistencia. Hagamos mítines y marchas en todos los estados y comunidades. Marchemos hacia adelante juntos con un mensaje simple y directo a los republicanos. Tendrá que ser así para que no se salgan con su propósito de entrar al nuevo año castigando a los veteranos, a los discapacitados, a los ancianos, los niños, los enfermos y a los pobres, beneficiando a sus multimillonarios aliados.
Es obvio que Bernie Sanders y sus más comprometidos seguidores lograron despertar en cierta medida la conciencia de muchos buenos estadounidenses y que en determinado momento las condiciones parecieron maduras –en términos de reconocimiento por sectores cada vez más amplios de la población- de que el sistema político, económico y social había llegado a un callejón sin salida que hacía
imprescindible una profunda sacudida.
Tal necesidad de cambio fue también avizorada por las fuerzas que, con una orientación política diferente, apoyaron y lograron la elección de Trump, apelando a las características de su temperamental líder y no a los manejos y prácticas del obsolescente y manipulador sistema partidista estadounidense, como hizo el partido demócrata con la campaña de Sanders.
Enero 17 de 2017.

Manuel E. Yepe. HACIA EL TRIUNFO DE LENIN MOREN0 EN ECUADOR

HACIA EL TRIUNFO DE LENIN MOREN0 EN ECUADOR
Por Manuel E. Yepe

El prominente intelectual brasileño, de orientación marxista, Emir Sader, ha llamado a los pensadores progresistas de América Latina a valorar la importancia de que las próximas elecciones presidenciales en Ecuador conduzcan al triunfo del candidato Lenin Moreno, que representa la corriente progresista que ha apoyado al actual presidente Rafael Correa.
El principal contrario de Moreno es el más rico banquero del país, Guillermo Lasso, que tiene el respaldo de Estados Unidos y la derecha oligárquica ecuatoriana.
Sader señala que “en la recta final de la campaña presidencial de Ecuador, cuando se decide si el país continuará en su rumbo
progresista o se sumará a los gobiernos de restauración neoliberal, un grupo de intelectuales latinoamericanos y de otros continentes ha lanzado un manifiesto que critica al gobierno de Rafael Correa, a propósito del tema ambiental en la Amazonia.
Más allá de la justicia o no del reclamo, más allá de la mayor o menor importancia del tema, de lo que se trata es del futuro del país. Por un lado está la candidatura de Lenin Moreno, apoyado por Alianza País y por Rafael Correa. Por el otro, el más rico banquero del país, Guillermo Lasso.
No puede haber dudas del significado de cada una de las candidaturas. No puede haber dudas, salvo con un grado altísimo de mala fe, de que la victoria eventual del candidato opositor representará la
devastación de los grandes avances conquistados por Ecuador así como, además, la devastación de la Amazonia y de los pueblos que la habitan. No puede haber dudas de que cualquier acción que debilite al gobierno de Correa hace inequívocamente el juego a la derecha ecuatoriana y suma votos a la oposición de derecha –única fuerza en Ecuador y en todos los otros países con gobiernos progresistas en América latina– que tiene aliento para aspirar a gobernar y desmontar todo lo conquistado por el pueblo ecuatoriano.
Sólo puede resultar de una concepción hipócrita o equivocada de la ultraizquierda, según la cual hay que derrotar a los gobiernos progresistas, aliándose a quien sea, para que esas fuerzas puedan tener alguna posibilidad de ocupar un espacio en el campo político. Se trataría, según Emir Sader, de una perspectiva aventurera. “Basta mirar hacia Argentina y hacia Brasil para darse cuenta de cómo la derrota de los gobiernos progresistas ha abierto espacio para los peores retrocesos en la historia reciente de esos países, incluso en el tema ecológico, que esos intelectuales supuestamente defienden. “Es hora de que los intelectuales que gozan de algún espacio en la esfera pública asuman su responsabilidad política, si no quieren ser definitivamente asimilados a la derecha y aparecer haciendo el juego a la restauración conservadora en América latina. Por lo cual serán condenados públicamente como corresponsables de esos retrocesos. “Aislar el tema ecológico de la disputa mayor en todo el continente entre fuerzas progresistas, anti neoliberales, y fuerzas
conservadoras, neoliberales, es actuar incluso en contra de las tesis que dicen defender. De ese gran enfrentamiento depende el futuro de esos países y del mismo continente. Depende la situación de los derechos sociales del pueblo, dependen los derechos al empleo y al salario de los trabajadores, depende la protección del medio ambiente, depende la soberanía o el sometimiento externo de nuestros países”, afirma el prestigioso intelectual marxista.
Si no quieren aparecer sumando fuerzas con la derecha, que busca vengarse por los derechos conquistados por el pueblo, no deben dejarse llevar por demandas sectoriales, corporativas, deben saber subordinar esos temas al enfrentamiento más grande, que define el futuro de nuestros países. Deben hacerlo para poder mantener el rango de intelectuales progresistas sin ser tildados de francotiradores, que disparan en contra de las fuerzas que son el dique de contención en contra de la contraofensiva conservadora feroz que la derecha despliega hoy en los países que tuvieron el coraje de desafiar los intereses y las fuerzas de la derecha latinoamericana.
Sader aclara que no dirige su apelación a intelectuales de otras regiones, porque seguramente ellos no conocen la realidad
latinoamericana concreta y no se dan cuenta de las consecuencias. No obstante, Sader sí les pide “no sumarse a pronunciamientos sin comprender cómo su actitud repercute en los enfrentamientos políticos centrales que se dan en nuestros países”.
“Ser de izquierda es sumarse a las fuerzas que resisten a los intentos de restauración conservadora que ya devastan Argentina y Brasil, y amenazan caer sobre Ecuador; es fortalecer la candidatura de Lenin Moreno. En cambio, sumarse a formas de debilitamiento del gobierno de Rafael Correa es ser connivente con el amenazador retorno del neoliberalismo”, concluye Emir Sader.
Enero 12 de 2017.

HABÍA UNA VEZ EN USAMÉRICA

HABÍA UNA VEZ EN USAMÉRICA
Por Manuel E. Yepe

Entre las múltiples versiones acerca del origen, desarrollo y perspectivas de la victoria electoral de Donald Trump en EEUU, está una que, por novedosa y diversa en su enfoque, me parece digna de ser tenida en cuenta por el lector ávido de objetividad.
Me refiero al punto de vista que defiende el historiador y sociólogo ruso radicado en Moscú Boris Kagarlitsky, prolífico autor de libros sobre la historia de la Unión Soviética y Rusia, así como acerca del surgimiento del capitalismo globalizado. Kagarlitsky es jefe de redacción de la revista en línea Rabkor.ru (el Trabajador) y director del Instituto sobre globalización y movimientos sociales, de Moscú. Kagarlitsky relata en un artículo que publicó en Estados Unidos la revista Counterpunch en su número de 23 de noviembre de 2016, que la ola de comentarios que levantó el inesperado desenlace de la elección refleja el desconcierto de los expertos y los ideólogos ante la nueva realidad, que se niegan a entender.
De repente –dice el escritor ruso- los liberales de Occidente y sus émulos de Rusia se dieron cuenta de la naturaleza nada democrática del sistema electoral indirecto de Estados Unidos que ellos han venido aceptando por su valor nominal. Antes de que fuera contada la última votación, cundió en ellos el pánico y luego argumentaron que dado que fue Clinton quien ganó el voto popular, no podría considerarse legítima la Presidencia de Trump.
Organizaron protestas contra unos resultados electorales que, según su propia admisión anterior, no eran violatorias de las normas
constitucionales. Olvidaron convenientemente que así aceptaban dócilmente las falsificaciones que anteriormente ayudaron a Hillary Clinton a negar la nominación a su adversario Bernie Sanders. Resentidos con el sistema del Colegio Electoral, llamaron a sus miembros, en una petición para la que reunieron más de 3 millones de firmas, a ignorar la voluntad de los votantes en sus respectivos estados y votar por la Clinton. Esto, más que una convocatoria sin precedentes a golpe de estado, pareció un grito de desesperación. Por el contrario, los conservadores, tanto en Estados Unidos como en Rusia, estaban eufóricos aunque algo confundidos porque, aunque todos anunciaban el triunfo del magnate estadounidense desde hacía varios meses, su victoria fue inesperada.
Todo parece indicar que con el recién electo gobierno de Trump ninguno de los grandes problemas sociales de EEUU se resolverá. No porque faltara disposición para ello, sino porque no parece tener clara idea de la existencia de tal problemática y piensa que bastará con crear unos cuantos millones de empleos y elevar un poco los sueldos. No parecen tomar en cuenta, dice Kagarlitsky, que la combinación del crecimiento económico con problemas sociales no resueltos es la receta más segura para una revolución.
Si Trump como Presidente tuviera éxito en la solución de los problemas económicos, aunque lograra ser parcialmente exitoso en el cumplimiento de sus promesas y planes, ello no cancelará la urgencia de una modernización social a gran escala, con sistemas de educación y de salud universales y asequibles, la extensión de los derechos sindicales y la expansión del sector público.
La campaña de Bernie Sanders demostró que las clases más bajas de la sociedad están dispuestas a consolidar sus objetivos económicos independientemente de lo que digan los “defensores de las minorías”. Después de la capitulación del senador progresista su base social no le siguió, siguieron a Trump.
En el contexto ideológico ruso, la victoria de Trump ha minado ambos discursos dominantes: el liberal y el conservador.
Por otro lado, se nos promete que nada nuevo sucederá; que los Estados Unidos y el resto del mundo continuarán moviéndose en la misma dirección después de una pausa de cuatro años. Que sólo tenemos que sobrevivir este tiempo desagradable.
Por desgracia, los autores de tales pronósticos se equivocan otra vez. No habrá ni Apocalipsis, ni vuelta al pasado. La victoria de Trump no es el resultado de una desagradable coincidencia; es el resultado de una crisis social y económica sistémica en el contexto de un modelo capitalista de desarrollo completamente agotado. No es que el sistema colapsará debido al éxito de Trump, sino que su éxito ha sido causado por el colapso del sistema. Volver a la trayectoria de la
liberalización global no es imposible.
Las historias de una inminente represión totalitaria a que Trump someterá a las mujeres y las minorías diversas son simplemente absurda y falsa propaganda por los liberales, que lo utilizó para asustar al público estadounidense, pero sólo tuvo éxito en la elaboración de sí mismos en un estado de histeria pánico.
Con respecto a Rusia, la lección americana es muy simple. Si el movimiento de izquierda seriamente aspira a desempeñar un papel en la política real, no imaginaria, debe romper con ilusiones liberales y el discurso correspondiente, concluye Kagarlitsky.
Diciembre 26 de 2016.